en Berlín

Londres, 9 de febrero de 1893

Querido August:

Ante todo, mi enhorabuena por tu magnífico discurso del 3 de febrero, que ya en el extracto del «Vorwärts» nos había alegrado enormemente, pero que en la versión estenográfica resulta aún mejor. Es una obra maestra, que no desmerece en nada por algunas pequeñas imprecisiones teóricas, inevitables en la exposición oral. Hacéis muy bien en hacer difundir este discurso en cientos de miles de ejemplares, también aparte de y junto a la difusión de todo el debate en formato de folleto.

Este debate, con el que los señores burgueses pretendían matar el aburrimiento de las sesiones —que las fullerías entre bastidores habían vuelto tediosas— y, de paso, ponernos a nosotros en un aprieto, ha resultado ser una victoria colosal para nosotros. Y que ellos mismos lo sienten lo demuestra el hecho de que, después del discurso de Liebknecht, hayan tenido bastante y lo hayan hecho saber… ¡por medio de Stoecker! Ahora, por fin, se dan cuenta los señores de que constituye un hito que señala una nueva victoria del partido obrero el que un parlamento se ocupe durante cinco días de la reorganización social en nuestro sentido, y más aún si ese parlamento es el Reichstag alemán. Esta última circunstancia constata ante todo el mundo, ante amigos y enemigos, la posición triunfante que el partido alemán ha conquistado para sí. Si esto sigue así, pronto podremos vivir, sin trabajo propio, sólo de la estupidez de nuestros adversarios.

Estaba claro que tendrías que llevar el peso del debate. Por lo que puedo juzgar del discurso de Frohme, ha dado ciertamente algún pretexto a los gritos de triunfo de Richter, Bachem y Hitze, y la historia con Tomás de Aquino y Aristóteles habría que investigarla con exactitud; si la afirmación de Hitze es correcta, entonces Frohme sería incapaz de citar, pero si no, tendría que haberse justificado en una intervención personal. Por lo demás, todo ha transcurrido bien, y el discurso final de Liebknecht, aunque no significativo en contenido, fue polémicamente bueno y «enérgico». En resumen, es un triunfo. De la alegría por ello, la bruja me ha llamado ayer «Agnes la ahorrativa», a lo que yo le hice notar que ella era la auténtica «Annie la pataleadora», y esto me lo puede atestiguar cualquiera que la conozca, ella es incluso peor que aquélla, no patalea con las piernas, sino tanto más con la cabeza.

Lo que dices acerca del plan ruso más hábil para un caso de guerra tiene mucho de acertado. Pero hay que tener en cuenta que, si Rusia no puede tolerar el aplastamiento de Francia, Italia e Inglaterra tampoco pueden tolerar el aplastamiento de Alemania. Toda guerra localizada está más o menos bajo el control de los neutrales. Pero la próxima guerra, si es que llega, no se podrá localizar en absoluto; las potencias —al menos las continentales— se verán arrastradas todas en los primeros meses, en los Balcanes empezará por sí sola, y a lo sumo Inglaterra podrá permanecer neutral por algún tiempo. Pero tu plan ruso presupone precisamente una guerra localizada, y yo, con los enormes ejércitos actuales y los resultados demoledores para el vencido, ya no la considero posible.

En Egipto se trata sencillamente (por parte de los rusos, los franceses no son más que títeres) de crear a los ingleses una situación difícil y, con ello, inmovilizar en lo posible sus tropas y su flota. Si luego estalla la guerra, Rusia tendrá algo que ofrecer a los ingleses por su alianza o al menos por su neutralidad, y en semejante momento los franceses cambiarán con voluptuosidad Egipto por Alsacia. El mismo juego practican entretanto los rusos en Asia Central, en la frontera india, donde aún son demasiado débiles para ataques serios y el terreno no está ni mucho menos preparado para ello. De paso, con lo de Egipto también se pretende atrapar a Turquía para Rusia.

(Ahora mismo ha estado aquí otro visitante ruso que me ha entretenido más de una hora, con lo que se han hecho las 4, y la carta se hace así más breve.)

Veo que en la comisión militar tenéis también a un tal comandante Wachs. Si es el mismo que es primo del Dr. Gumpert en Manchester, lo conocí allí una vez hace unos 25 años. Por entonces, había ingresado en el ejército prusiano como antiguo teniente de Hesse electoral y se sentía muy decepcionado al encontrar entre sus vencedores de 1866 la misma rutina de polainas que había considerado como la causa de la derrota en Hesse electoral; yo le animé a que aguantara tranquilamente con los prusianos, que ya llegaría a conocer también los aspectos buenos del ejército. Luego se distinguió mucho en Spicheren, como jefe de compañía, al ocupar por iniciativa propia un paso de ferrocarril a pesar de la oposición de su comandante, y es mencionado con elogio en la obra del Estado Mayor —uno de los poquísimos tenientes mencionados en ella. Desde entonces he leído algunos ensayos estratégico-políticos suyos, la mayoría sobre Oriente, que contienen cosas muy buenas junto con otras (políticas) con las que no estoy de acuerdo. Es, en todo caso, un oficial eficiente —si es el mismo.

Por lo demás, el compromiso parece más probable que nunca; hasta los radicales y el Centro quieren conceder 28.000 hombres, Bennigsen ofrece 40.000; así que aún habrá tantos que se pasen al otro lado que el gobierno, en lugar de 60.000, obtendrá sus 50.000 (si se mantiene firme, quizá incluso un poco más) y la patria burguesa se habrá salvado una vez más de la disolución y el conflicto.

El «baile» fue un pataleo de la amable bruja. El «Verein» dio un concierto, al que siguió un baile. Hacia las once había terminado la primera parte del concierto, después de lo cual yo me despedí obedientemente, de modo que no habrían empezado a bailar antes de la una. Ella misma habla del baile con la condescendencia propia de una edad mucho mayor que la suya, y si ha de bailar el vals, probablemente tendrás que llevarla tú mismo a la pista. No estoy tan seguro de que entonces la sangre vienesa no vuelva a hacer valer sus fueros.

En el periódico polaco «Przedświt», que aparece aquí, se cuenta en el próximo número (de febrero), que está en prensa, lo siguiente. En Grajewo, en la frontera de Prusia Oriental, trabaja un funcionario ruso de bajo rango llamado Spatzek, bohemio de nacimiento, que traduce las cartas de porte. A pesar de su mísero sueldo, el hombre hace grandes viajes, hasta Constantinopla, vive a lo grande, entra con frecuencia en territorio prusiano con el pretexto de la caza, es gran amigo del Landrat von der Gröben en Lyck, quien le expide en abundancia licencias de caza y otros permisos de viaje. Durante el cordón sanitario del cólera nadie podía cruzar la frontera, pero el señor Spatzek, con su mujer y otro funcionario ruso sospechoso de espionaje, H-n, pudo viajar sin estorbos a Königsberg. El objeto de estas correrías por territorio alemán es, según la opinión de la gente del otro lado de la frontera, única y exclusivamente el espionaje de los fuertes de bloqueo construidos entre los lagos de Prusia Oriental, y el archiastuto Landrat prusiano se deja utilizar de buen grado por su amigo ruso-bohemio. La superioridad de los burócratas prusianos se pone de manifiesto en todas partes.

Además, entre las tropas rusas en la frontera ha llegado estos días todo un cargamento de literatura: muchos ejemplares de un folleto del teniente de artillería Alexandrow, en Tashkent, sobre las causas y la necesidad de la guerra inminente. Cada compañía ha recibido un ejemplar para que los oficiales instruyan debidamente a los soldados.

Tal vez puedas utilizar estas noticias en el trato privado con la gente de la comisión militar.

Aquí, Keir Hardie ha presentado una enmienda sobre el párrafo de la contestación al discurso de la Corona en el Parlamento. La cosa en sí era bastante buena. Pero K. Hardie ha cometido dos garrafales errores: 1. formuló la enmienda como una moción de censura directa contra el gobierno, de manera totalmente innecesaria, de suerte que su aprobación habría obligado al gobierno a dimitir y toda la historia se convirtió prácticamente en una maniobra tory; 2. se hizo secundar por el proteccionista (partidario de aranceles protectores) tory Howard Vincent, en lugar de un representante obrero, lo que completó la maniobra tory y su aparición como títere de los tories. También votaron por él 102 tories y sólo 2 radicales-liberales, ningún representante obrero. Burns estaba haciendo agitación en Yorkshire. Él ha hecho, como ya te escribí, desde Bradford ya más de una vez maniobras y declaraciones que dejaban adivinar la influencia de Champion; ahora esto se está volviendo más que sospechoso; sus medios de subsistencia son de origen desconocido, y ha gastado mucho dinero en viajes desde hace 2 años; ¿de dónde sale eso? Los obreros ingleses exigen de sus diputados y demás dirigentes que sacrifiquen todo su tiempo al movimiento, pero no quieren pagarles, y por tanto ellos mismos tienen la culpa de que éstos acepten dinero de otros partidos para su manutención y para fines electorales. Mientras esto dure, siempre habrá panamistas entre los dirigentes obreros de aquí.

Por lo demás, esto se le acabará pronto al señor K. Hardie, o él mismo se acabará. Los obreros de Lancashire y Yorkshire no son hombres que se dejen llevar del ronzal conservador y saquen las castañas del fuego a los tories. No hay más que dar tiempo a K. Hardie para que sienta en su propia carne las consecuencias de su política y se hagan evidentes a todos los ojos.

Burns se ha ido a Halifax a hacer agitación electoral y por eso no votó en la moción de K. Hardie. Pues en Huddersfield y Halifax, dos ciudades fabriles de Yorkshire de más de 100.000 habitantes cada una, hay elecciones parciales. El Partido Laborista Independiente ha presentado un candidato en Halifax; los otros dos partidos también. Pues bien, propuso a los liberales: si retiráis vuestro candidato en Halifax, de modo que nosotros nos enfrentemos sólo al tory, entonces nosotros votamos por vosotros en Huddersfield. Los liberales se negaron. A consecuencia de ello, el martes el liberal en Huddersfield fue derrotado por el tory, por la abstención del Partido Laborista Independiente. Además, los liberales perdieron en otra elección parcial en Burnley, Lancashire, cerca de Halifax, 750 votos en comparación con la elección anterior, igualmente por nuestra abstención. Hoy es la elección en Halifax y es probable que el tory resulte elegido. Eso reduciría la mayoría de Gladstone, ahora de 36, a 34. Estas historias van metiendo en cintura a los liberales día a día; hasta ahora la cosa marcha perfectamente, Gladstone tendrá que capitular ante los obreros. Lo principal son las medidas políticas: ampliación del derecho de sufragio para los obreros mediante la realización de lo que ahora está sobre el papel, lo que aumentaría en un 50% los votos obreros; reducción de la duración de la legislatura (¡ahora 7 años!); pago de los gastos electorales y dietas con fondos públicos.

Entretanto, estos nuevos éxitos de la política independiente tienen que elevar la autoestima de los obreros, decirles que ahora tienen casi en todas partes en sus manos el destino de las elecciones y, con ello, el de cualquier ministerio. Eso es lo más importante: la autoconciencia, la confianza de la clase en sí misma. Eso ayudará también a superar todas esas miserables maquinaciones de camarilla, que surgen precisamente de la falta de confianza de las masas en sí mismas. Si tenemos una masa obrera que se mueve realmente en masa, entonces desaparecerán las astutas maniobras de los señores líderes, porque les perjudican más que les aprovechan.

La carta de Louise salió a las 5.30 de la tarde con el barco de la noche. Ésta sale a las 9 de la noche, por tanto con el primer barco del día. Si quieres decirnos a qué hora has recibido cada una, sabremos qué correo es el mejor.

Cordiales saludos a tu mujer y a ti mismo, también de nuevo de parte de Louise y de

tu

F. E.