en Barmen

Londres, 26 de enero de 1893

Querido Hermann:

¿Qué demonios pasa? Ayer llegó primero uno de Viena, luego uno de Dresde, luego a las 5 de la mañana uno de Nueva York, y hoy a las once [de la mañana] el tuyo; todos preguntando por mi salud. Pues bien, me encuentro mejor que desde hace mucho tiempo, puedo volver a caminar una milla inglesa, durante las Navidades he disfrutado de lo bueno más bien demasiado que demasiado poco, estoy de excelente humor y en todos los sentidos, ¡y de repente se supone que estoy gravemente enfermo!

Te telegrafié en el acto. Estoy completamente bien y despabilado, y lo confirmo por la presente; el próximo verano espero poder daros de ello prueba evidente.

Saluda cordialmente a todos los hermanos, lo mismo a Emma, y a los tuyos: hijos y nietos, y por último también a ti mismo de

tu viejo

Friedrich