en Berlín

Londres, 24 de enero del 93

Querido August,

Continúo. Por los relatos orales de Aveling se me confirma una sospecha abrigada ya antes, a saber, que K. Hardie abriga el callado deseo de dirigir el nuevo partido de manera dictatorial, tal como Parnell dirigía a los irlandeses, y que en ello sus simpatías se inclinan más hacia el partido conservador adversario que hacia el liberal. Habla públicamente de que en las próximas elecciones habría que repetir el experimento de Parnell, mediante el cual éste hizo doblegarse a Gladstone, y que allí donde no se pudiera presentar un candidato obrero, habría que votar por los conservadores para mostrar a los liberales el poder. Ahora bien, es ésta una política que yo mismo, en ciertas circunstancias, he exigido a los ingleses; pero cuando se proclama de antemano algo semejante no como un posible paso táctico, sino como una táctica a seguir en todas las circunstancias, eso apesta fuertemente a Champion. Sobre todo cuando K. Hardie habla al mismo tiempo con desprecio de la ampliación del derecho de sufragio y de las demás reformas que aquí deben convertir el sufragio obrero en realidad, como de cosas subordinadas, meramente políticas, que han de pasar a segundo plano ante las reivindicaciones sociales, las 8 horas, la protección obrera, etc. Con lo cual no dice luego cómo quiere imponer esas reivindicaciones sociales, a cuya imposición por medio de representantes obreros renuncia así, de otro modo que por gracia de los burgueses, o bien por la presión indirecta de los votos obreros decisivos en las elecciones. Te llamo la atención sobre este punto oscuro para que estés informado eventualmente. De momento no concedo a este asunto una importancia desmedida, porque K. Hardie podría equivocarse fuertemente en sus cálculos con los obreros de los distritos fabriles del Norte de Inglaterra, que no son un rebaño de ovejas, y porque ya en la Ejecutiva encontraría bastante resistencia. Pero no hay que ignorar totalmente una corriente así.

Siento mucha curiosidad por el estenograma del discurso de Singer sobre la Bolsa; en el «Vorwärts» se leía de manera excelente. Pero hay un punto que todos los nuestros suelen descuidar con facilidad en este tema: la Bolsa es un instituto donde los burgueses no explotan a los obreros, sino que se explotan entre sí; la plusvalía que cambia de manos en la Bolsa es plusvalía ya existente, producto de una explotación obrera pasada. Sólo una vez consumada ésta, puede aquélla servir a la estafa bursátil. La Bolsa nos interesa de momento sólo indirectamente, del mismo modo que su influencia, su repercusión sobre la explotación capitalista de los obreros es también indirecta y se produce por vías indirectas. Exigir que los obreros se interesen e indignen directamente por las vejaciones que en la Bolsa padecen los junkers, los fabricantes y los pequeños burgueses, equivale a exigir que los obreros tomen las armas para proteger a sus propios explotadores directos en la posesión de la plusvalía arrebatada a esos mismos obreros. Muchas gracias. Pero, como fruto más noble de la sociedad burguesa, como foco de la más extrema corrupción, como invernadero del Panamá y de otros escándalos —y por eso también como medio excelentísimo para la concentración de los capitales, para la descomposición y disolución de los últimos restos de nexo natural en la sociedad burguesa, y al mismo tiempo para el aniquilamiento y la inversión en su contrario de todos los conceptos morales obligatorios—, como elemento de destrucción sin igual, como el más poderoso acelerador de la revolución que se avecina —en este sentido histórico, la Bolsa nos interesa también directamente.

Veo que el Centro solicita la suspensión de la prescripción durante el tiempo en que el Reichstag suspende las persecuciones. Dado que el Centro es el partido decisivo, la propuesta tiene probablemente perspectivas de ser aceptada. En ese caso, a mi modo de ver, sería adecuado no arrojar en el regazo del gobierno esta limitación de los derechos del Reichstag sin contrapartida. La contrapartida debería consistir entonces en que se reconociera expresamente también el derecho de suspensión del Reichstag para la prisión por pena. De lo contrario, sería otra vez una retirada del Reichstag, por mucha plausibilidad jurídica que pueda tener el paso.

El coco de la guerra empieza otra vez. El despacho de Dalziel que se adjunta es del «Daily Chronicle» de hoy; Dalziel, como joven competidor de Reuters, Wolff y Havas, es más accesible a semejantes maniobras reptilianas. La cosa en sí es absurda. Los rusos son absolutamente incapaces de hacer la guerra; tendrían que estar completamente locos para empezar ahora. Cabría, ciertamente, la posibilidad de que, tras el fracaso de la última operación de bombeo parisiense, sólo pudieran obtener dinero en París si la guerra fuera realmente inminente o estuviera ya en marcha; pero eso sería ya la situación de la desesperación. No es del todo imposible que los oportunistas y los radicales en Francia aspiren a la salvación del Panamá mediante una guerra o, al menos, la tengan presente como el último recurso de salvación. Pero ¿de dónde tomar el pretexto que los justifique ante el mundo? Ya he dicho antes que en la próxima guerra, Inglaterra, en virtud del dominio del mar, desempeñará el papel decisivo. Y precisamente ahora, Inglaterra ha jugado a los franceses una mala pasada en Egipto. Para atraerse a Inglaterra en medio de esta tensión entre ambos gobiernos, haría falta un motivo de guerra que al filisteo le pareciera una provocación muy fuerte, y Caprivi no lo suministra.

Cuanto más reúno noticias sobre este punto, tanto más me llama la atención el hecho de que Bismarck fundara la alianza austriaca, o sea la Triple Alianza, con el único fin de, en vísperas de la guerra que se hacía inevitable, cambiar a Austria por Francia ante Rusia: vosotros me dejáis Francia, yo os dejo Austria y Turquía, y además azuzo a Italia contra Austria por Trieste y Trento. Y evidentemente se imaginaba que eso tendría éxito. Repasa también por algún tiempo la historia desde 1878; creo que llegarás a mi punto de vista.

Incomprensible me resulta, en el informe del Reichstag («Vorwärts») del 21, el discurso sobre el pago a plazos de Tutzauer. ¡Ése no habla como socialdemócrata, sino como vendedor de muebles! ¿Cómo fue posible? Los jóvenes se alegrarán.

Anoche hubo concierto y baile por causa de la asociación. Estuve hasta las once, y ahora, por algún tiempo, tendré tranquilidad respecto a tales actos obligatorios; Louise tuvo que quedarse en casa por su neuralgia intercostal. Está algo mejor, pero todavía tiene fuertes dolores; Freyberger dice que eso durará aún un par de días. Por lo demás, el resfriado está desapareciendo, la voz y el estado general se hallan mejor. Te envía a ti y a tu esposa los más cordiales saludos, a los que se suma

Tu
F. E.