en Berlín

Londres, 3 de diciembre de 1892

Querido August:

Lo que me comunicaste el 22 acerca de vuestra aversión a una mayor estatalización de la prensa del partido me alegró mucho. Sobre este punto, pues, no habría que perder una palabra más.

En lo que respecta a la celebración del Primero de Mayo, os doy toda la razón en cuanto al acuerdo de Berlín. Pero no deja de ser cierto que en Bruselas dejasteis la impresión general de que en el futuro también celebraríais el 1 de mayo y no buscaríais refugio tras el permiso, concedido de forma absolutamente excepcional, de no hacerlo. Así que no os extrañéis del revuelo que ha provocado el acuerdo de Berlín. Pero con vuestra intención de hacer que en el futuro se fije por el congreso el domingo como día festivo, la cosa podría no marchar. Con la excepción de los ingleses, todos se opondrán, y algunos de los pequeños por mera ostentación. Sería un grave retroceso, que proclamarían los que menos oficialmente lo hacen, aquellos que se reservan en secreto hacerlo, sea proclamado o no.

Anoche mismo recibí una carta urgentísima de Bonnier (otras cartas no escribe en absoluto), en la que, tras leer tu artículo en la «Neue Zeit», me declara en nombre de los franceses: si se aceptara el primer domingo de mayo, abandonarían todo el asunto del mayo: jamás nuestro partido aceptará (el domingo) y estamos firmemente decididos a mantenernos firmes. Y cree que vosotros jugáis con fuego.

Le escribo que 1. sus sopas nunca se comen tan calientes como se cocinan, 2. quién le autoriza a hablar en nombre del partido francés, 3. hasta mayo del 93, de allí a agosto del 93 en Zúrich y de allí a mayo del 94 pueden pasar muchas cosas inesperadas, con 3 crisis políticas agudas e inminentes (cuestión militar en Alemania, Panamá en Francia, Irlanda en Inglaterra) y la crisis industrial general, tendríamos cosas mejores que hacer que reñir sobre cómo había que manifestarse el 1 de mayo del 94, cuando quizá tuviéramos que despachar un trabajo muy distinto; 4. cómo concuerda eso con la lógica francesa, que él quiera permitir a los ingleses, pero sólo a ellos, celebrar en domingo; 5. que yo sólo conozco un partido con derecho a hacer reproches a los alemanes: el austríaco – las celebraciones berlinesas compensan con creces las parisienses, y 6. te he comunicado su ultimátum, pero sólo como su opinión privada.

El hombre está animado por un impulso de acción incontenible, pero entonces que no se vaya a Oxford, donde está completamente solo con el lobo rojo, que está al margen de todo. La idea de dirigir el movimiento obrero europeo desde Oxford – el único pedazo de verdadera Edad Media que aún existe en Europa – es impagable, pero a nosotros nos procura un trabajo enloquecedoramente inútil, y yo presentaré en París una protesta decidida contra este intermediario. Lo peor del caso es que es el único que sabe alemán, aparte de Laura, y ésta vive fuera de la ciudad.

Habría sido lo mejor para Vollmar firmar la resolución, a pesar de que contiene diversas tonterías.

Ede estuvo aquí con varias cartas de K. K[autsky], quien también me escribió, todo a causa de la «Neue Zeit»; yo también debía decir mi parecer. Mi opinión es que, si vosotros aceptáis la modificación propuesta por Dietz, deberíais reflexionarlo debidamente, prepararlo y ponerlo en práctica a partir de enero; de lo contrario, será una precipitación. Pero, en general, me parece que la «Neue Zeit», desde que es semanal, ha abandonado en parte su viejo carácter por uno nuevo que no ha logrado llevar a cabo. Ahora está escrita para un público doble y no puede hacer justicia a ninguno.

Si ha de convertirse en una revista popular, mitad política, mitad literario-artística, mitad científica, a la manera de «Nation», entonces tiene que ir a Berlín. La política de un semanario tiene que hacerse en el momento, la víspera de la impresión; de lo contrario, siempre llega demasiado tarde. Y los colaboradores de la sección política deben residir todos en el mismo lugar, salvo los corresponsales. El plan de una revista que se redactara en Berlín y Londres y se imprimiera en Stuttgart me parece imposible. En cualquier caso, entre un semanario de Berlín y uno de Stuttgart habría una diferencia de 20 a 30% en el número de abonados. Juzgo desde el punto de vista puramente librero; los demás aspectos a considerar no los conozco, o sólo de manera muy superficial; eso vosotros lo sabréis mejor allí.

Pero si la «Neue Zeit» se transforma de esa manera, se dirigirá sólo a una parte de su público anterior y tendrá que organizarse enteramente para ese público. Entonces será imposible para los artículos que hasta ahora le han dado su mayor y más duradero valor, los largos artículos científicos que se extienden a lo largo de 3 a 6 números. Por consiguiente, sería necesario que a su lado apareciera una revista mensual predominantemente científica – en caso de necesidad, incluso trimestral –, que tendría naturalmente un círculo de abonados correspondientemente menor, pero que lo compensaría con un precio más alto, de modo que pudiera sostenerse.

Me parece en general necesario que, si los editores del partido quieren atraer hacia sí cada vez más toda la edición del partido, incluida la científica, no se lo calcule todo para la venta masiva, tanto si se presta a ello como si no. Las verdaderas realizaciones económicas tienen que ser, ante todo, investigaciones de detalle, y en esto no es posible contar con la venta masiva. Incluso los verdaderos trabajos históricos, que son el resultado de investigaciones independientes, no se prestan a ser publicados por entregas. En resumen, creo que debería producirse una división en dos departamentos: uno para la producción masiva, y otro para la venta más lenta, la venta normal de librería en cantidades menores y a un precio correspondientemente más alto.

De cómo resultan las cosas cuando se quiere forzar la venta masiva más allá de los límites impuestos por la materia, he tenido yo mismo un ejemplo. Mi «Anti-Dühring» está escrito, ciertamente, del modo más popular posible, pero no por ello es un libro para cualquier obrero. Ahora Dietz adquiere una parte de la edición de Zúrich y pretende forzar la venta vendiendo la cosa en saldo, a precio reducido, a diestro y siniestro. Esto no me resulta agradable en modo alguno, y en el futuro me guardaré. Es el único libro de cierta envergadura que he escrito desde 1845, y representa siempre una degradación el que se lo trate de ese modo. Por lo demás, no hace falta que menciones nada de esto a Dietz; el asunto ya ha ocurrido y no tiene remedio; y ni siquiera te lo habría mencionado a ti si no se tratara de un ejemplo pertinente de la práctica librera incorrecta que quiero señalar…

Por lo demás, los tiempos se ponen críticos. Cuando por la mañana leo el «Daily News» y los periódicos franceses que me llegan, me siento de nuevo como en el año 47. Entonces también se esperaba cada mañana una nueva revelación escandalosa, y rara vez se era defraudado. La historia de Panamá supera todo lo ocurrido en materia de corrupción tanto bajo Luis Felipe como bajo Bonaparte III. Se han gastado 83 millones de francos en gastos de fundación, incluidos la prensa y el parlamento. Esto rompe el cuello a la república burguesa, pues los radicales están metidos en la salsa tan a fondo como los oportunistas. Se busca naturalmente por todas partes echar tierra al asunto, pero cuanto más se echa tierra, peor se pone. Una vez iniciadas las revelaciones, y habiendo algunos ya implicados sin salvación en el escándalo, éstos tienen que cubrirse delatando a sus cómplices y demostrando que no hicieron más que nadar a favor de la corriente. Ya ahora la comisión ha recibido declaraciones tan enormemente comprometedoras que ya no hay quien pueda contenerse; algunos tal vez logren escabullirse, pero una gran cantidad está ya designada con nombres, y además, cuantos menos nombres resulten comprometidos, tanto más queda pegado a la república burguesa. Puede que aún ocurran muchas cosas, pero esto es el principio del fin. Afortunadamente, todos los partidos monárquicos han dado completamente de sí y no es fácil encontrar un segundo Boulanger.

Te adjunto un extracto de una carta de Laf[argue] para el «Vorwärts»; pero cuida de que no aparezca en el periódico la menor insinuación de que la carta es de un diputado.

Lo que L[ieb]k[necht] ha pasado por alto completamente en lo de la falsificación de Ems por Bismarck: estas cosas las hacen los diplomáticos en secreto, pero no se jactan de ellas. Pero cuando alguien se jacta de ello, es una violación tal de las reglas que se hace imposible. El señor Bismarck, después de esto, no podrá ser nombrado nunca más canciller del Reich, sin que todo gobierno extranjero pueda negarse a entrar en negociaciones con un hombre que no sólo no se avergüenza de tales medios, sino que incluso se jacta de ellos. El gobierno imperial correría el riesgo de provocar un boicot internacional general contra sí mismo si Bismarck volviera a ser canciller. Creo que sería muy útil que esto se dijera desde la tribuna del Reichstag.

Muchos saludos a tu mujer.

Tuyo,
F. E.

[Posdata de Louise Kautsky]

Querido August:
Mi sino parece ser que ahora siempre se me mida el espacio porque una vez me extralimité y me puse a hacer de editorialista. Prefiero no mirar tu última carta, sino el bonito tintero que invita a tener pensamientos buenos y alegres y que fue estrenado con pliegos del tomo 11 de «El Capital». Muchas gracias por él; ¡qué buenos sois los dos! Ahora probablemente debería ponerme a escribir de modo estajanovista, pero si lo hago, me riñen. Bueno, en realidad no quería escribir esto, sino sólo constatar que esta semana ni siquiera he llegado a escribir; ¡ay!, ha sucedido tantas cosas: los obreros del vidrio, los del transporte, Reumann, Victor, la asamblea de desempleados y, para terminar, los judíos. Por favor, August, no reciben el «Vorwärts»; ¿quieres preguntarlo? Luego, hace tiempo te pedí otro informe del congreso para el «Vorwärts», pero seguramente lo has pasado por alto; si es posible, dos, y si no, uno; te pido el informe sobre el día del partido, no el vuestro al día del partido. A Victor le gustó mucho estar entre vosotros; escribió que le parecía que los pobres austríacos, con frío y mal tiempo, están de avanzada, mientras que entre vosotros, a pesar de la lucha y de los combates, hay un cálido campamento. Y otra cosa: aún tengo dos informes ingleses sobre el Congreso Internacional de Obreros del Vidrio para repartir; ¿quieres uno? Es muy interesante, pero tienes que escribir unas líneas sobre él para que quede justificado, y enviar un ejemplar de muestra; y, por favor, pregunta a Fischer si tal vez escribe algo para algún periódico bávaro; entonces le enviaré el segundo. Yo los enviaría sin reserva alguna, pero soy responsable porque los ingleses corren con todos los gastos; así que sé tan amable de comunicármelo. Tengo que terminar, próximamente más, pero es la hora del correo, tengo que terminar. Con muchos besos para ti y Julie,
la bruja

[Posdata de Engels]

Por favor, di a la fracción mi más sincero agradecimiento por su amable telegrama del domingo pasado.