en Berlín
Londres, 19 de nov. de 92
Querido August:
¡Vuestro congreso del partido!! no ha transcurrido esta vez tan brillantemente como antes. El

debate sobre la cuestión de los salarios resultó de lo más enojoso, aunque
soy de la opinión de que franceses e ingleses no lo habrían hecho
mejor en este punto, cosa que Louise, desde luego, no quiere concederme. Hace mucho
que me he convencido de que aquí se tropieza con una de las barreras que las
condiciones de vida que han tenido hasta ahora los obreros ponen a su horizonte. Las
mismas personas que encuentran de lo más natural que su ídolo Lassalle viva
como un perfecto sibarita de sus propios medios, acusan a Liebknecht
cuando, como redactor pagado por ellos, apenas gasta la tercera parte del dinero,
aunque el periódico¹ les rinde cinco y seis veces más. ¡Depender, incluso
de un partido obrero, es una dura suerte! Y, aun prescindiendo de la cuestión del dinero,
es una posición infecunda para
cualquiera que tenga iniciativa ser redactor de un periódico propiedad del partido.
En esto Marx y yo estuvimos siempre de acuerdo en que jamás aceptaríamos semejante
posición, que solo podríamos tener un periódico también pecuniariamente independiente
del partido mismo.

Vuestra «estatalización» de la prensa tiene sus grandes inconvenientes cuando
va demasiado lejos. Vosotros tenéis que disponer absolutamente en el partido de una prensa que no
dependa directamente del comité directivo ni siquiera del congreso del partido, es decir, que esté en condiciones,
dentro del programa y de la táctica adoptada, de hacer oposición sin reparos contra pasos aislados del partido y, dentro de los límites
del decoro partidario, de someter también libremente a la crítica el programa y la táctica.
Una prensa semejante deberíais fomentarla como comité directivo del partido, más aún,
provocarla; así tendríais siempre más influencia moral sobre ella
que cuando ella surge a medias contra vuestra voluntad. El partido crece por encima de
la rígida disciplina hasta ahora existente; con 2-3 millones y la afluencia
de elementos «ilustrados» se necesita más campo de juego que el que hasta ahora no

¹ «Vorwärts»

solo era suficiente, sino que constituía incluso una limitación provechosa. Cuanto antes os
adaptéis vosotros mismos y adaptéis al partido a esta situación modificada, tanto mejor. Y
lo primero es una prensa de partido formalmente independiente. Llegar, llegará con seguridad,
pero es mejor que la hagáis llegar de modo que desde el principio
permanezca bajo vuestra influencia moral y no surja de manera
antagónica contra vosotros.

En la cuestión de la fiesta de Mayo habéis cometido un gran error, pero no
en Berlín, sino en Bruselas.¹°% Teníais que haber sabido entonces lo que podíais
prometer y cumplir, y a pesar de ello prometisteis más de lo que ahora
podéis cumplir. Encuentro tu discurso sobre esto tan bueno como el de
Victor y te creo de buena gana que la suspensión del trabajo en Alemania costaría
sacrificios absolutamente desproporcionados respecto al éxito y a la ganancia. #*] Pero
causa una impresión muy mala en todas partes cuando el partido más fuerte del mundo
toca así, de repente, la retirada. Noblesse oblige. Vosotros sois los batallones,
el corps de bataille del movimiento obrero moderno, y si
prometisteis eso en Bruselas, estabais moralmente obligados a hacerlo también.
Ahora bien, ciertamente es mejor, después de la primera tontería, no cometer
también la segunda, mucho mayor —la no interrupción de la marcha triunfal
del partido alemán es, en efecto, ahora lo principal—, pero pensad, no obstante,
qué impresión causará esta resolución de Berlín en el ancho mundo.
También en Francia la cosa, según parece, ha dado escándalo
y seguramente recibiréis algo que oír desde allí. Un daño
moral semejante no debéis infligiros una segunda vez —así pues, tened
en Zúrich!%°! el valor de vuestra opinión y decid abiertamente que no
podéis ataros a la suspensión del trabajo —entonces la gente puede enfadarse con vosotros,
pero no puede echaros en cara ruptura de palabra y retirada. Es un
disparate querer configurar de manera uniforme el movimiento en todos los países. Los
austríacos, que necesitan la suspensión del trabajo del Primero de Mayo y que por eso están dispuestos a aportar por ella los mismos
sacrificios que vosotros rechazáis con razón en vuestras
circunstancias, tienen tanto derecho en su modo de actuar como vosotros en
el vuestro; pero ahora ellos pueden haceros reproches a los que nada
podéis replicar. Pues precisamente su proceder demuestra que no se da el
caso de imposibilidad previsto en Bruselas.

El debate sobre el socialismo de Estado aún no lo tenemos aquí.

He de felicitarte por tus resoluciones. Son absolutamente
excelentes; solo conozco a uno que lo sabía hacer mejor, y ese era Marx.
Tanto la relativa al socialismo de Estado como la relativa al antisemitismo dan

en el clavo. Y precisamente tales resoluciones eran hasta ahora el
punto débil del movimiento alemán, son flojas, inseguras, indeterminadas, llenas de frases, en suma, las más de las veces vergonzantes. Afortunadamente son tan
intraducibles que el traductor a una lengua extranjera se ve forzado a
ponerles el sentido que por sí mismas no tienen.

Lo de abajo es un teatro, dibujado por Louise o Aveling.
Desde hace ocho días me ponen esta hoja tan embellecida una y otra vez
debajo del papel de cartas, y así ha llegado al honor de viajar hasta ti. 9%]

Lo que los siete suabos de Londres —los fabianos!??! del «Chronicle»—
fantasean sobre el congreso del partido, lo ves en el adjunto. A esta pobre gente le va
mal. Después de que el gran Shaw os pusiera en Mayo en el corazón la necesidad de
la fullería con los liberales y demostrara que fuera de
esta política solo se cosechan derrota y deshonra*, confiesa ahora
en un discurso en el Democratic Club que han sido vergonzosamente
estafados por los liberales y en la elección no han cosechado nada más que —¡derrota y deshonra!;
¡y que los liberales ahora, junto con los tories, se dedican a estafar a los
obreros! ¡Y esta gente quiere enseñaros «política práctica»!
¡Sí, dice ahora que los dos viejos partidos solo tienen una y la misma
política, y que fuera de ellos no existe nada más que… la socialdemocracia! Pienso
que esto hará efecto en el buen Ede como una ducha fría.

Cordiales saludos a tu mujer y a todos los amigos.

Tuyo,
F. E.

(en el proscenio)

[Posdata de Louise Kautsky]

La bruja saluda por sí misma, hasta ahí no llega mi alegría de mayo.