en Darmstadt

Londres, 18 de oct. de 92

Mi querido Schorlemmer:

Obrán en mi poder sus cartas del 31 de julio y del 9 del cte. Que Pumps olvidara su *Schmollis* fue culpa mía. No se atrevía ya a escribir alemán por su cuenta, después de tan larga interrupción, y entonces yo se lo dicté; yo, naturalmente, no sabía nada de sus aventuras tabernarias en Darmstadt y puse «Sie». Su marido es inocente de ello, no sabe alemán. Pumps espera su alumbramiento de un día para otro; será su cuarto. El segundo, un muchacho, ha muerto por desgracia; el más pequeño, también un muchacho, y por cierto un chico muy simpático y humorístico, es muy delicado y en este momento no se encuentra nada bien.

Lo que usted me dice acerca de Anschütz me ha inducido a retrasar esta carta algunos días, con la esperanza de saber algo de él. Hasta hoy, sin embargo, nada. La cosa es la siguiente: ante todo necesito saber cuán extensa ha de ser la biografía, si está destinada a una revista y a cuál, etc., etc. Si ese hombre pretende tratar a nuestro Carl!¹ sólo como químico, no necesita más que algunos datos que puedan servirle de marco. Pero si quiere retratar al hombre tal como era, entonces cabe preguntarse si es la persona adecuada para ello y si se le podrían entregar sin más, para su uso, las cartas a Carl y de Carl. Entonces, dado el forzoso desconocimiento que un químico residente en Alemania ha de tener respecto a las circunstancias de vida de un hombre que vivió más de treinta años en Inglaterra, resultaría para mí un trabajo completamente distinto y muy extenso. Eso no me arredraría; con gusto dedicaría a ello todo el tiempo libre de que disponga, tan pronto como me haya quitado de encima el tomo III de *El Capital*, en el que ahora estoy trabajando otra vez. Pero, ¿quién me garantiza que mis informaciones se utilicen también en el sentido en que las doy? Carl —dicho sea entre nosotros, y aquí en Londres pasaba todas sus vacaciones, exceptuando la temporada veraniega en Alemania— era ante todo socialdemócrata, y los socialdemócratas no están hasta ahora muy abundantemente representados entre los químicos. ¡No es admisible que en una biografía el biógrafo pida casi disculpas al público por el hecho de que el hombre cuya vida relata tuviera la desgracia de ser socialdemócrata!

Si no me equivoco, Anschütz fue durante algún tiempo discípulo de Carl en Manchester. Como he dicho, estoy gustosamente a disposición —en la medida de mi tiempo libre—, pero ante todo necesitaría saber qué se desea y cómo ha de ser la biografía.

¿Los ejecutores testamentarios de Manchester? tienen razón al querer resolver lo que se pueda resolver sin entrar en la liquidación de las cuestiones de propiedad literaria. Éstas ya llevan tiempo, precisamente porque a los editores les va mejor con un poco de dilación; no tienen prisa. De Roscoe tampoco he sabido nada aún; probablemente no se presentará hasta que pueda hacer propuestas concretas, o bien aceptarlas o rechazarlas.

Espero que la mejoría de su hija haya continuado, de modo que entretanto haya podido abandonar la cama.

Por qué el Viejo no ha venido a Darmstadt, no lo sé. ¿Tiene su mujer acaso todavía parientes allí, a los que él preferiría no ver demasiado a menudo, pero por cuyo lado tampoco querría pasar de largo sin más? Sobre la historia del adulterio de Müller, si ha quebrantado él la fidelidad o se la han quebrantado a él, no ha llegado nada todavía a Londres.

Afectuosos saludos de la señora Kautsky.

Suyo,
F. Engels

¹ Carl Schorlemmer