en Berlín

Londres, 7 de oct. del 92

Querido August:

Primero el asunto.

Lafargue envía, en la “France”, un anuncio interno de una interpelación de Millevoyes, un boulangista.[1] Quiere aprovechar la ocasión para echarle en cara a la Cámara todo lo que los socialistas alemanes han hecho, desde 1871, para mantener, o mejor dicho, para restablecer una buena relación entre Francia y Alemania, y lo que han sufrido por ello; desea:

les dates des protestations des socialistes allemands, les paroles prononcées au Reichstag et ailleurs, et les condamnations subies¹.

Como yo poseo estas cosas en parte solo de modo incompleto, en parte solo podría buscarlas con indecible trabajo entre mis colecciones de periódicos sepultadas en muchas cajas, y además fácilmente podría pasar por alto lo más importante, me harías un gran favor a mí y a los franceses si quisieras entresacarme los puntos más contundentes y enviármelos con fecha y cita de los pasajes principales (según las actas taquigráficas oficiales). Es decir:

1. las manifestaciones que provocaron en 1870 el encarcelamiento de la Junta directiva de Brunswick, en Lötzen, junto con la fecha y la duración de la prisión[[58]];

2. vuestras protestas en el Reichstag contra la anexión[[?]] y, además, algunos pasajes contundentes del “Volksstaat” contra la guerra y la anexión;

3. algunos pasajes de fuerza de discursos posteriores tuyos y de Liebknecht en el Reichstag, junto con la fecha y la indicación del objeto del debate en que se pronunciaron;

4. lo que a ti te parezca importante además.

No hace falta que sea mucho; sabes más o menos lo que se puede utilizar en un discurso, y si luego hay una o dos citas de reserva, basta. Me sería grato que citaras también manifestaciones tuyas propias, para que los franceses no piensen que Liebknecht lo ha hecho todo solo, o incluso digan que Liebknecht es una excepción y que los demás piensan de otro modo.

Ayer te enviamos en la “Workman’s Times” dos hojas francesas sobre los discursos de Liebknecht; entre ellas, un artículo de Guesde[[?]], que te habrá gustado.

Lafargue estará haciendo campaña en Carmaux y otras ciudades del sur y volverá hacia el 16 o 17 del corriente; para esas fechas se reúne la Cámara y él necesitaría entonces el material de inmediato.[[?]]

Escribe que la prensa patriótica, enteramente pagada por Rusia (especialmente “La France”), ha atacado a Liebknecht con furia. La legación rusa paga ahora los periódicos a destajo: tanto por la inserción de cada artículo. También esto es una señal de que a los rusos se les está acabando el dinero. Lo seguro es que Liebknecht ha causado furor. Le concedo de buena gana al viejo esta popularidad y solo quisiera esperar dos cosas: 1. que ella no lo vuelva aún más obstinado en lo tocante a la redacción del “Vorwärts”; 2. que en el Reichstag, aguijoneado por las maliciosas provocaciones de los patriotas alemanes y por las acusaciones de alta traición, etc., no declare de repente lo contrario y con ello no solo se meta él, sino que también nos meta a nosotros en un aprieto. Un reportero del “Gaulois” le hace decir: Si Alemania declarase una guerra de agresión contra Francia, los socialistas alemanes declararían la guerra a su propio gobierno, et moi-même je prendrais un fusil pour défendre l’intégrité du territoire français². No es imposible que, al rectificar este relato evidentemente exagerado, caiga en el extremo opuesto, cuando los junkers y burgueses lo hostiguen adecuadamente en el Reichstag hasta acalorarlo.

Lafargue dice que Loubet y el ministro de Obras Públicas, Viette, se empeñarían en Carmaux por un arreglo aceptable de la huelga[[22]] y obligarían a la sociedad a ceder, pero Freycinet no quiere. Este especula con la presidencia de la República y quiere, por tanto, mantener calientes los votos de la derecha y del centro.

En lo demás, Lafargue está muy satisfecho del congreso[[9]].

Los 12 ejemplares de la “Neue Zeit” han llegado aquí y han sido remitidos a Tussy; la gente tendría que habérselos enviado a ella en vez de a mí; así se pierde un día. Desgraciadamente, la “Pall Mall Gazette” ha cambiado de propietario estos días, y aún no sabemos qué se puede hacer ahora con el periódico.

Tu descripción del movimiento entre los mineros coincide con las experiencias de aquí; también aquí los trabajadores permanecen muy cerrados frente a otros ramos de trabajo y avanzan más lentamente que los demás. Pero el hecho de que aquí un partido obrero fuerte está ya formado detrás de ellos nos ayuda finalmente a superar todo; los trabajadores tienen que venir a nosotros en cuanto el movimiento se ha apoderado de ellos una vez. Por otra parte, aquí como allí, malos y poco fiables dirigentes e imposibilidad de infundirles confianza en trabajadores de otros ramos. Y aquí, además, las rivalidades entre los trabajadores pertenecientes a las distintas cuencas carboníferas, las cuales han impedido incluso hasta ahora una asociación sindical unitaria de todos los mineros.

Haré todo lo posible para impedir que los franceses renuncien a tu colaboración. Es demasiado importante que por lo menos de vez en cuando aparezcan en París informes fieles a la verdad sobre el movimiento alemán, y sobre todo que se les aclare a las gentes la situación política general en la que vosotros tenéis que luchar. Eso lo puedes hacer solo tú, y además no necesitas en absoluto entrar en conflicto con Liebknecht, si él no considera la colaboración en el periódico francés como monopolio suyo, lo cual no es de recibo.

No necesitas tener miedo de que Burns se reserve demasiado. El hombre tiene una vanidad que puede medirse con la de Lassalle. Pero tenía decididamente razón al adoptar una posición reservada frente a la precipitación con la que K. Hardie se adelantó para asegurarse, con pequeñas artimañas, el primer puesto.

Estoy leyendo precisamente a Hans Müller; aún no he terminado. Esas son todas historias viejas que nosotros sabíamos de sobra desde hace tiempo. Los pocos discursos malos que aduce ni siquiera están hábilmente seleccionados; si yo quisiera atribuirle a la fracción, o mejor dicho, al grupo parlamentario, pequeño-burguesismo, podría suministrar un material muy diferente. Solamente la subvención a los vapores suministra ocho veces más y de mejor calidad que lo que él tiene.[[10]] De Liebknecht toma un discurso de 1881[[?]], de la época de la desorientación general tras la promulgación de la ley de excepción contra los socialistas[[3]], en lugar de otros posteriores, en que la situación política hace aparecer mucho menos excusables los tonos pacifistas y pequeñoburgueses, y se encarama a la afirmación de que la violencia es en todas las circunstancias revolucionaria y nunca reaccionaria; el asno no se da cuenta de que, cuando no hay una violencia reaccionaria que sea necesario derribar, no se puede hablar en absoluto de una violencia revolucionaria, pues no se puede hacer una revolución contra algo que ni siquiera hace falta echar abajo.

Es la impotente furia de los estudiantes engreídos, de los literatos y de los ex obreros que quieren hacerse literatos, por el hecho de que nuestro partido prosigue tranquilamente su marcha triunfal sin necesitar en lo más mínimo la ayuda de estos señoritos. Lo que se ha hecho de erróneo, el partido es suficientemente fuerte para eliminarlo por sí mismo. Así, la innegable y mansa pequeñoburguesería de la mayoría del grupo parlamentario en la época de la subvención a los vapores; así, el hábito, que se prolongó por tradición todavía un breve tiempo tras la caída en desuso de la ley de excepción contra los socialistas, de que el comité ejecutivo del partido interviniera de modo dictatorial (hábito que, además, encontraba su réplica en la misma tendencia de las directivas de la organización berlinesa de antaño), etc., etc. Nuestro partido es hoy tan fuerte que, sin peligro de degeneración, podría digerir no solo un buen número de pequeños burgueses, sino también a “ilustrados” e incluso a los señores Independientes[[?]], si estos no se hubieran puesto al margen por sí mismos.

Se cierra el correo. Saludos a tu mujer y a ti de parte de Louise y de tu

F. E.

¹ Las fechas de las protestas de los socialistas alemanes, las intervenciones pronunciadas en el Reichstag y en otros lugares, así como las condenas cumplidas.

² Y yo mismo empuñaría un fusil para defender la integridad del territorio francés.