en Berlín

Querido August,                                                Londres, 26 de sept. 92

Sobre Kugelmann ya te ha dicho algo Louise. Al principio fue muy amigo de M[arx] durante los años 60, hizo mucho por romper la conspiración de silencio de la prensa contra el tomo I de «El Capital», también indujo a M[arx] a ir a Karlsbad, lo que le sentó muy bien!; pero apenas llevaron allí algún tiempo juntos, se distanciaron por completo; después de la muerte de M[arx] me ha escrito a menudo; yo he procurado mantenerme frío, pues no estoy convencido de su fiabilidad. En todo caso, tiene más de un pie en más de un campo.

En cuanto a los ejemplares de «El señor Vogt», le he escrito; tiene que decirme primero cuántos tiene. Hay toda clase de interesados. Creo incluso que ni Tussy ni Laura tienen un ejemplar. Tú también serás tenido en cuenta en la medida de lo posible.

Arndt es un estudiante que estuvo en Ginebra, luego fue a España y trató con nuestra gente en Madrid, y después vino aquí. Aquí lo tomó Julius bajo sus alas; a veces venía también a vernos y luego, de repente, se fue a París. De su intención de corresponsal para el «Vorwärts» no nos dijo ni una palabra; seguramente lo arregló J[ulius]. Le di una tarjeta para Laura, pero nunca he oído que se haya dejado ver por allí; preguntaré. L[aura] lo habrá remitido también a Vaillant, y como éste está en París y La[fargue] viajaba casi continuamente, eso explica la preponderante atención a los blanquistas y sus aliados, los allemanistas. ¿Puedes procurarme la dirección de Arndt? Después del Congreso, sobre todo cuando aparezca el diario, La[fargue] estará más en París, y el hombre debe ser remitido directamente a él y a Guesde.

De Meyer¹ en San Luis creo acordarme, pero hay tanta gente de ese nombre. Espero que K[ugelmann] saque algo; le gusta alardear de sus relaciones.

Pieper fue en su día preceptor en casa de Rothschild aquí; ahora es profesor

¹ Hermann Meyer

en Hannover, donde M[arx] se lo encontró una vez —creo que en 1867— en la calle, un filisteo hinchado.

Comparto plenamente tu opinión de que hay que mantener el congreso anual del partido. Ya por razones constitucionales debéis, como dirección, atenerse a él; de lo contrario, ello daría un buen pretexto a los vociferadores. Y aparte de eso, es importante que el partido mismo se pronuncie en masa una vez al año; esto vale en general, pero en este momento vale doblemente, tanto frente a los «independientes» como frente a Vollmar.

Es una verdadera lástima que hayáis llevado a la prensa mi comunicación sobre Hyndman sin más ni más.¹0⁰ Por eso hago constar para casos futuros, expresa y terminantemente, que mis comunicaciones en cartas privadas deben serviros de información y, en caso necesario, observando la reserva habitual, para rectificar o impedir noticias o interpretaciones falsas en el «Vorwärts»; para su publicación directa sólo cuando así se indique expresamente. De lo contrario, tendría que callarme todo lo que no puedo probar directamente, o bien exponerme a tener que revelar en la mayoría de los casos la fuente, cerrándola así para el futuro.

La noticia en sí es, en lo sustancial, decididamente correcta, como prueba cada número de «Justice»; los ataques contra personalidades de aquí y del continente han desaparecido, y todo el espíritu hyndmaniano se ha esfumado. Pero es muy posible que la noticia contuviera inexactitudes formales, que H[yndman] abdicase ante la mera amenaza de un acuerdo, etc. Lo fatal es solamente, en primer lugar, que esta historia nos cierra ésta y otras fuentes sobre lo que ocurre en la Social Democratic Federation¹0¹; en segundo lugar, que mejora la posición de Hyndman, y en tercer lugar, que nada podemos hacer contra ello sin mejorarla aún más.

H[yndman] ha soltado algo en «Justice» en lo que espera que no imprimáis su carta, así que ha quedado en cierto modo en ridículo.¹ Intentaré conseguir un ejemplar para ti.

A Ku[gelmann] le he escrito que, en la medida de mi competencia, estás autorizado a leer las cartas de Marx dirigidas a él.² También recibirá el «Ritter vom edelmüthigen»³.

Hoy me envía K. K[autsky] una prueba de tu artículo y pregunta por dos pasajes.¹5⁰

I. Del acuerdo de Glasgow¹⁴ de enviar finalmente delegados a Zúrich¹⁰ no dice nada la «D[aily] News», ni Aveling ha oído nada semejante, de lo contrario lo habría dicho. Quería venir hoy, pero no ha aparecido. L[ouise] dice que en el viaje de ida leyó algo parecido en el «Daily Telegraph». En estas circunstancias, he aconsejado a K. K[autsky] que intercale: «si la noticia periodística en cuestión es verdadera». Eso te cubre por completo.

II. «partido obrero independiente en formación —cuyos partidarios se reunieron por primera vez al término del congreso de Glasgow para constituirse—», etc., etc. He aconsejado a K. K[autsky] que suprima en todo caso las palabras entre las rayas: «—cuyos ... para constituirse—». El partido obrero independiente que está formándose aquí dista mucho de constituirse, y no es deseable que lo intente ya ahora. Aún no está maduro para ello. La ‘Independent Labour Party’, cuyos hombres se constituyeron más o menos en Glasgow bajo la presidencia de Keir Hardie, es la secta fundada por Autolycus (Joseph Burgess) del «Workman’s Times», que cuenta hasta ahora con 2.000 hombres y hace la competencia a la Social Democratic Federation en la captación de obreros impregnados de socialismo. Por el momento no es más el partido obrero independiente de lo que lo es la Social Democratic Federation, y no es ni mejor ni peor que ésta. Hay que esperar a ver qué sale de ello, pero en ningún caso debemos proclamarla así sin más como el partido obrero independiente, el verdadero y único, pues podríamos quemarnos los dedos.

Keir Hardie, desde su elección, se ha adelantado y ha hecho el importante de manera en parte ridícula, en parte embarazosa; el éxito se le ha subido a la cabeza, y tendrá que desgastarse un poco los cuernos. Quiere, según parece, empujar por la fuerza a Burns a un segundo plano, quien se comporta con mucha calma y reserva (me ha hecho anunciar su visita para consultarme sobre la actitud que debe adoptar). Creo que todo se equilibrará; K. H[ardie] es mejor de lo que ahora aparenta, pero del hecho de que participe en una cosa no debéis deducir en modo alguno que esa cosa sea así sin más digna de aprobación.

Por lo demás, estoy completamente de acuerdo con tu artículo: tranquilo, digno, decidido.

En Marsella, el Congreso de Trades Unions (Congrès des syndicats)⁴⁷ ha tomado, a sugerencia mía hecha a Lafargue, el acuerdo de no participar en el congreso internacional convocado por las Trades Unions, sino de invitarlas a asistir al Congreso de Zúrich. Éste no es el texto literal, que aún he de recibir; L[ie]bk[necht] os lo enviará seguramente; llegó justo cuando La[fargue] escribía. El Congreso del Partido Obrero⁴⁸ tomará un acuerdo similar. Hice notar a La[fargue] que las Trades Unions no consideran plenamente los congresos y acuerdos de los partidos obreros, mientras que respetarán de modo muy distinto los de los sindicatos. Si en Alemania podéis conseguir acuerdos de los sindicatos en el mismo sentido, eso surtirá su efecto aquí; no hay que descuidarlo en absoluto.

De tu artículo podrías enviarnos unos 12 ejemplares para distribuir a los periódicos de aquí. La gente, en efecto, rara vez sabe lenguas extranjeras, y entonces es pura lotería que lo miren siquiera. Para meter algo aquí en la prensa hay que intentar otros medios. Si Aveling, por ejemplo, va con el artículo ya terminado a la «Pall Mall», probablemente lo mete⁴⁹; esa misma noche enviaríamos los ejemplares a los demás periódicos, de modo que todos fueran servidos al mismo tiempo y aún quedara la posibilidad de que este o aquel otro diario dijera algo sobre ello. Pero una vez que un periódico ha hablado de algo así, ningún otro recoge nada al respecto; es una regla aquí. Por eso tenemos que poder determinar en el lugar el momento del envío. En cambio, a Francia sí podrías enviar ejemplares a la prensa, señalados especialmente como enviados por ti; eso quizá prenda allí, porque no tenemos ni un solo diario allí donde podamos colocar algo. Podrías enviarlos a «L’Eclair» (este periódico es el primero en publicar algo), «Le Figaro», «Le Temps», «Le Matin», «La Justice», «L’Intransigeant», «Le Parti Ouvrier» (posibilista), «Le Parti Socialiste» (49, rue de Rivoli, blanquista —semanal).

Te ruego me digas si la «Workman’s Times» te la sigue enviando la redacción o no. Aquí se dice que se han cancelado todos los ejemplares gratuitos al extranjero. Si es verdad, te la enviaré yo en lugar de Fischer, que podrá leerla en tu casa o después de ti.

Ahora todavía me habría gustado escribir unas palabras a tu mujer, pero ya han pasado las 9 de la noche, y he escrito ya demasiado tiempo a la luz contra la prohibición del médico. ¡He tenido que escribir todo el día a Victor y a K. K[autsky] también!; así que ruégale que me disculpe. Pero recibirá una carta aparte mía. Hasta entonces, salúdala cariñosamente.

El

Acabo de oír de L[ouise] que hace ya tiempo que no recibes oficialmente la «W[orkman’s] T[imes]». Queda, pues, el asunto resuelto.

*   *   *

Engels a Victor Adler
en Viena

Londres, 27 de sept. 92

Querido Victor,

Apenas había salido mi carta (certificada) para ti⁴⁰, cuando llegó también el mensajero del Crédit Lyonnais⁴⁵ y me entregó las consabidas 15 libras como liquidación de mi anticipo, lo que acuso recibo con agradecimiento por la presente.

El Congreso de los Sindicatos (Syndicats) de Marsella⁴⁷, que se celebró antes que el del Partido Obrero⁴⁸, ha decidido no enviar delegados al Congreso de las Ocho Horas convocado por las Trades Unions en Glasgow⁴⁶, y en cambio invitar a las Trades Unions a venir a Zúrich. El Congreso del Partido, escribe Laf[argue], tomará un acuerdo similar. Si vuestros sindicatos se pronuncian en el mismo sentido, eso causará impresión aquí; ¡los acuerdos de los congresos políticos obreros no valen nada a los hinchados señores de las viejas Trades Unions!

Saludos de Louise a tu mujer e hijos y a ti mismo, igualmente de

Tu

F. E.

«Aufsätze, Reden und Briefe»,
cuaderno 1, Viena 1922.