en Zúrich

Londres, 17 de septiembre de 1892

Querida Gine,

Por Louise, que regresó aquí el miércoles, supe que usted aún estaba en Zúrich y que Käte ya se encontraba aquí, y ayer, mediante su carta, pudieron por fin reconectarse los hilos telegráficos que estaban rotos. Sentimos mucho que siga usted tan padeciente, pero eso también llegará a su fin, y entretanto Ede puede proseguir aún un poco su cura de aire de vacaciones, cosa que le será muy útil y no perjudica al partido, puesto que el Congreso de las Trade Unions ya se ha perdido de todas formas. En él reinó mucha confusión; la sesión más interesante para nosotros fue el jueves, a propósito de la cuestión del congreso. De haber sabido su dirección, le habríamos enviado a Ede un periódico escocés con el informe, pero así los pocos números se enviaron en otras direcciones. Después de que, pese a todos los intentos de Thorne por sacarlo a relucir, la carta de invitación de Zúrich «al Trade Union Congress de Glasgow» fuera obstinadamente escamoteada durante 4 días, Matkins presentó una propuesta, evidentemente amañada con los «viejos» —con la que se pretendía impedir el envío de delegados a Zúrich—, de convocar un congreso internacional propio sobre las 8 horas. En contra, la enmienda de Parnell, partidario de ir a Zúrich. Según dice Ed. Aveling, Parnell y Quelch hablaron muy bien. Pero entonces todos los viejos se pusieron como locos: los trabajadores continentales eran débiles y estaban mal organizados, pero si los ingleses los tomaban bajo sus alas, todo podía marchar bien; el congreso de Zúrich en cualquier caso no había sido convocado por el de las Trade Unions inglesas; ¿acaso querían identificarse con todas las disparatadas teorías y con el socialismo que proliferan en el continente, etc.? (este último temor lo graznó particularmente un tejedor de Lancashire, recién convertido a la jornada de 8 horas).

En resumen, con la alegría de que el legal 8-Hours-day ya casi no encontraba oposición, para complacer a los débiles de espíritu, los algodoneros de Lancashire, se arrojó sin más la invitación de los continentales por la borda, ¡y eso con 189 votos contra 97!

Esto es, aunque la mayoría difícilmente supiera lo que hacía, en realidad un insulso insulto que se ha arrojado a la cabeza de todo el movimiento obrero continental. Nosotros hemos informado inmediatamente a todas partes, ¡y seguramente los franceses darán una primera respuesta dentro de pocos días en Marsella! La ocasión es demasiado buena para, sin tomar la cosa demasiado trágicamente, poner una sordina a la arrogancia de los viejos líderes de las Trade Unions, que se están desarrollando cada vez más reaccionarios.

Adjunto va una «Pall Mall» con un artículo de Aveling sobre los socialistas de Hamburgo y el cólera.

En el «D[aily] Chronicle» apareció una larga crítica de «Socialism Utopian etc.», que seguramente ustedes habrán visto. ¡Esos sí que son tipos listos!

El diario francés aún no ha salido del estado embrionario, se sigue negociando, pero es mejor que si la gente se precipitara de nuevo de cabeza en una aventura efímera.

Louise ha regresado muy contenta, ha encontrado a su madre y a Ignaz muy bien y animados, y los saluda cordialmente.

Ahora aún unas líneas para Ede, por lo que quede usted con bien por hoy.

Con un cordial saludo

Suyo
F. Engels

Querido Ede,

El pasaje en cuestión se ha enviado ayer a K. K[autsky], y concretamente, a partir de las palabras citadas, todo el resto de la carta, diciendo a K. K[autsky] que él sabría bien si había que utilizar todo o solo una parte, y cuál.

En la última conferencia de la Social Democratic Federation (Bank Holiday, primer lunes de agosto), Taylor, el candidato fracasado de Hackney, propuso que se echara a Hyndman. Esto encontró gran aceptación, sobre todo entre los delegados de provincias; pero se persuadió a T[aylor] de que formulara la propuesta en términos más suaves para obtener una mayoría lo más amplia posible. Y así se acordó (según afirma T[aylor], por unanimidad) pedir a H[yndman] que se retirara de la dirección de la Social Democratic Federation y se dedicara a la propaganda literaria. Ya se verá cuánto tiempo aguanta esto. En cualquier caso, un duro golpe para el megalómano. Cahan, de Nueva York, que lo visitó sin saber nada de esto, lo encontró en un estado de ánimo muy nostálgico, depuesto y sorprendentemente conciliador con todos aquellos a los que hasta entonces había desollado.

El «W[orkman’s] Times», es decir, Burgess, quiere ahora convertirse en el jefe del partido. Que las 400 libras que puso a disposición de Burns, K. Hardie, Taylor y Ben Ellis para las elecciones procedían de Champion (o, a través de él, de Hudson’s Soap), lo habrás visto.

En resumen, aquí han cambiado muchas cosas desde que te fuiste, y encontrarás mucha e interesante ocupación entre la gente.

Muchos saludos.

Tuyo
F. E.
A Käte aún no la he visto.