en Berlín

Londres, 11 de septiembre de 1892

Querido August:

Así que quieres retener a la bruja un día más. Sin duda para instruirla bien sobre cómo debe manejar al General en lo tocante a la bebida y otros pecados; mientras tú, a tu vez, me incitas a que yo la vigile de cerca: no creas, ni por un momento, que no te he calado. Tú quieres azuzarnos el uno contra el otro, sabe Dios con qué motivos insidiosos; pero espera, muchachito, tan sencillo no es. Por venganza, voy a echarte encima más trabajo del que te gusta, y empiezo ahora mismo.

El Congreso de las Trade Unions de Glasgow nos ha declarado la guerra a los continentales. Por parte de los dirigentes de los viejos: malicia; ¡por parte de los nuevos: estupidez! Falta de confianza en sí mismos y unos en otros, y por consiguiente también falta de organización como partido en el congreso, donde los viejos llevaban décadas firmemente unidos. Cuando la gente se dé cuenta de lo que ha hecho, la mayoría lo lamentará.

A saber: El Comité de Zúrich había enviado al Comité Parlamentario una carta de invitación dirigida al congreso para Zúrich en 1893; Tussy la había redactado. El Comité Parlamentario intentó suprimir esta carta. En vano Will Thorne insistió en que se diera noticia de ella y se leyera. Siempre se le rechazó: ¡el congreso debía dejar al Comité Parlamentario la elección de los documentos que quisiera presentar! Por fin, Matkin (Liverpool) presenta la moción: el Congreso de las Trade Unions debería convocar para el 1 de mayo de 1893 un congreso internacional con el fin de adoptar acuerdos y preparar una jornada legal internacional de ocho horas. Parnell, que estaba en París, se opone: debería enviarse delegados al congreso de Zúrich y resolver allí el asunto. Sobre esto, gran debate en el que los «viejos» preguntaron qué se pretendía en Zúrich, si se querían identificar con los planes locos (descabellados) de los socialistas continentales, etc. Se vuelve a pedir que se lea la carta de Zúrich y, por fin, se acuerda su lectura. Y así, antes de la votación, se lee por fin, y con vergüenza, la invitación de Zúrich, y a continuación se aprueba la propuesta de congreso de Matkin (pero immediately?, a celebrar en lugar del 1 de mayo de 93) por 189 votos contra 97, con lo que la invitación de Zúrich, de paso, no es rechazada, sino echada debajo de la mesa; en cambio, al proletariado continental «mal organizado» se le permite graciosamente que, en un congreso en Inglaterra, se deje instruir, adoctrinar y organizar por los verdaderos dirigentes del movimiento de las ocho horas, esos mismos a los que ayer combatían a muerte. Por el informe detallado de un periódico escocés, que te enviaré en cuanto lo reciba, verás que los viejos nos han insultado a placer y que los jóvenes se han portado como chiquillos de escuela.

Por el momento, el único informe que tengo a mano, adjunto.

Ahora bien, no hay que tomar la cosa por lo trágico. Los nuevos están tan encantados con el paso de los viejos a las ocho horas legales que se han dejado coger en este punto. Seguro que la mayoría ya lo lamenta, y todos lo lamentarán en cuanto se den cuenta de lo que han hecho. Aclararles esto es, a mi juicio, tarea de los continentales, y, si éstos actúan unidos, la cosa puede resultar desagradable para los «viejos».

1) Francia y Alemania deben proceder de común acuerdo. Luego, todo lo demás vendrá por sí solo. Por eso propongo hoy, por medio de Laura, a los franceses que se pongan en contacto con vosotros, a fin de que, ante esta decisión, en vuestros congresos de Marsella y Berlín se adopte un acuerdo, a ser posible, literalmente idéntico. Por lo que puedo juzgar hasta ahora (aún no he visto a Aveling, que estuvo presente en Glasgow, ni he consultado con nadie), lo mejor sería que rechazaseis de modo rotundo, pero en un lenguaje firme, tranquilo y no hostil, el recién horneado congreso de las ocho horas, y que de nuevo invitaseis a las distintas trade unions a enviar delegados al congreso de Zúrich. (Esto debería hacerlo también el Comité de Zúrich, mediante circulares – Tussy ya le escribirá al respecto, pero un empujoncito de vosotros también sería útil.)

2) Pero, si se quisiera ir más lejos y hacer ascuas de fuego sobre la cabeza de los que no saben lo que hacen, entonces habría que enviar cada uno por parte de franceses y alemanes un hombre que expusiera la situación y depositara una protesta contra la resolución de Glasgow. Éste debería ser delegado por el comité central de los sindicatos y ser un trabajador bona fide, o haberlo sido, de lo contrario no será admitido.

Si Marsella y Berlín están de acuerdo, seguirán Austria, España e Italia. Suiza es segura: recibió el puntapié más directo; Bélgica probablemente seguirá, lo mismo que los escandinavos. Luego podrán ir a las trade unions el señor Nieuwenhuis, los posibilistas y los blanquistas, y entonces quedarán realmente fuera del gran movimiento europeo.

Ésta es, por hoy, mi opinión provisional. En cuanto sepa más, volveré a escribir. Entretanto podéis reflexionar sobre el asunto. En todo caso, la arrogancia de los «viejos» y la flojera de los nuevos os brindan una magnífica ocasión para dejar claro a los ingleses el punto de vista y mostrarles que el proletariado continental consciente de clase no piensa en modo alguno en someterse a la dirección de gentes que consideran el sistema de trabajo asalariado como una institución eterna e inconmovible.

Verdadera suerte que el movimiento sindical limitado, unilateral y excluyente ponga ahora tan clamorosamente al sol su carácter reaccionario.

Otra imagen: en la última conferencia de la Social Democratic Federation, el señor Hyndman ha sido invitado por acuerdo formal (por unanimidad, se dice) a contenerse más y a no seguir activo en la dirección de la Social Democratic Federation.

Lo principal para todos nosotros es que Marsella y Berlín actúen de común acuerdo y con cohesión; todo lo demás es secundario. Si allí se adoptan resoluciones idénticas, serán adoptadas por toda Europa, y cosas así recorren aquí toda la prensa. También vuestros congresos sindicales deberían protestar.

El periódico escocés con el informe sale con este correo para ti.

Cariñosos saludos para la señora Julie, la bruja, para ti y para todos los amigos.

Tuyo,
F. E.