en St. Gallen

Ryde, 20 de agosto de 1892
Querido August:

Tu carta del 17 la he recibido esta mañana. Te escribo enseguida, pues de lo contrario el domingo inglés de mañana hace incierto que estas líneas te alcancen aún en St. Gallen. Quisiera pedirte, en efecto, que seas prudente con K[autsky] en lo que respecta a Ede. Ede se halla ahora decididamente en vías de mejoría, como lo prueba su artículo en la “N[eue] Z[eit]”, y no debemos perturbar eso. K[autsky] no es un dechado de discreción en su amistad por Ede, y si por cartas suyas a Ede se le ocurriera la idea de que nosotros maquinamos en secreto para contrarrestar su entusiasmo fabiano, esto podría hacerlo recaer gravemente. Los neurasténicos son desconfiados, y soy de la opinión de que el enfado con Lassalle no fue solo el primer síntoma de su enfermedad, sino decididamente también el motivo de su estallido. Tenemos, pues, que impedir una segunda edición. También la sobreestimación de los fabianos la tengo por debida a su enfermedad y supongo que se disipará si no se insiste en el tema.

Ayer, por fin, una carta de la bruja; está gruñona porque no he ido; sí, ¿qué puedo hacer yo? Y ¿qué diría ella si me hubiera quedado doblado en Engelskirchen o en Zúrich, cosa que era bombáticamente segura si hubiera emprendido el viaje, y doblado de un modo muy distinto que aquí, donde atajé la cosa a tiempo. Escribe también que, en todo caso, irá contigo a Berlín.

Me viene muy bien que el viaje por mi parte, si llega a realizarse, no necesite emprenderse antes del 7 de septiembre. Eso me da cuatro semanas completas de reposo, y así puedo tener la esperanza de estar otra vez en condiciones de viajar. Desde ayer siento, por fin, síntomas de mejoría, aún muy débiles, pero con todo presentes. Lo demás hay que esperarlo.

A propósito: ¿tenemos aún en Colonia abogados que sean correligionarios? Sigo sin fiarme del todo de mis prusianos, y si tuviera allí la dirección de uno de esos, estaría pertrechado para todo evento.

Lo que me escribes sobre Víctor me ha dolido mucho. Ojalá logres encontrar una salida. La salud de su mujer depende asimismo de ello: las preocupaciones por el porvenir, según se dice, tienen gran parte en su enfermedad. Que las cosas estuvieran tan mal paradas, no lo habría sospechado. Pero los austríacos son como los franceses y los irlandeses: hacer que ingresen regularmente las cuotas es, entre ellos, una imposibilidad. Ahí se hace valer la sangre celta de los nóricos, quienes, primero romanizados y luego germanizados, son sus antepasados. Si quieres hacerte una idea de cómo le iba al Consejo General de la Internacional con los franceses y sus contribuciones pecuniarias, lee las dos epístolas de Pablo a los Corintios: eterna queja de que les cotisations ne rentrent pas, sobre todo la segunda epístola. – ¿No podríais votar una ayuda permanente al partido austríaco, bajo la condición de que la reciba Víctor? En Alemania sería deportado pronto, ya que no podría trabajar, como K[autsky], en una revista científica, sino en un periódico de agitación.

Las votaciones de los obreros algodoneros de Lancashire en favor de la jornada de ocho horas (48 semanales) se suceden literalmente a tropel. Hoy hay congreso de delegados en Manchester. Ayer, en Preston, 3.600 a favor, 600 en contra. Lancashire, empero, decide en esta cuestión por Inglaterra, porque aquí la resistencia cerrada aún el año pasado.

Las historias a propósito del Club Independiente de Londres se las ha contado la señora Croesel (que es aún mejor que su marido) a Tussy. Pero no vendrá mal que el asunto se aplace hasta que todos estemos de regreso en Londres. En lo que toca a la fuente de los fondos, bien pueden existir todavía algunos restos de intereses del fondo de los Güelfos, y la estupidez de la policía es descomunal. Gilles, en todo caso, ha tenido mucho dinero a su disposición, y quizá lo tenga aún. Las otras gentes están puestas por él como pantalla.

Hoy, la grata noticia de que Guillermo⁵ no quiere saber nada del servicio militar de dos años. Mas una vez que se ha hecho bailar este cebo ante los ojos del filisteo, hasta los nacional-liberales tendrán dificultades para renunciar a él. Y con ello aumentan las posibilidades de una disolución del Reichstag.

⁵ Guillermo II.

¡Qué gentes más lamentables son, con todo, estos burgueses alemanes! Con la necesidad de dinero, anualmente creciente, del gobierno, tienen la mejor ocasión de comprar, a cambio de cada concesión de créditos, una concesión de poder político, como los ingleses han venido haciendo esto desde siempre en pequeña escala. Pero no quieren, dejan todo el poder al gobierno y regatean solo por unos pocos céntimos.

Cordiales saludos a la señora Julie y a la señora Frieda, así como a su esposo⁶.

Tu viejo
F.E.

Saludos cordiales de Roshers.
Yo permanezco aquí, en todo caso, hasta después del 31.

⁶ Frieda y Ferdinand Simon