en Stuttgart

The Firs, Brading Road
Ryde, 12 de agosto de 92

Querido barón,

Adjunto devuelvo las pruebas con agradecimiento. {4} August ya os habrá comunicado seguramente que mi viaje a vuestra casa se ha ido al traste. Las consecuencias de la vieja historia, por la cual hace nueve años guardaba cama cuando tú me visitaste el día de mi cumpleaños, se han hecho sentir una vez más, y de lo más inoportunas, de modo que tengo que quedarme aquí tendido en el sofá en vez de empinar el codo con vosotros. Afortunadamente, aquí tengo buen aire de mar —la casa está completamente en el campo, en alto y con vistas al mar—, y eso, junto con el reposo y la abstinencia de alcohol, probablemente me pondrá de nuevo en pie en 3 o 4 semanas. Pero es una lástima, precisamente ahora. En fin, lo que se aplaza no se cancela.

Gracias por tu libro {5}. Desgraciadamente, con la agitación de los últimos días aún no he podido leerlo.

Es una pena que los pasajes sobre la Social Democratic Federation{6} y los fabianos{7}, así como sobre la candidatura de Taylor, no entraran en el artículo de Tussy. {8} Los he leído después en el manuscrito; constituyen un complemento casi necesario del cuadro de las elecciones. El derrumbe completo de la Social Democratic Federation en cuanto llegó la verdadera prueba fue significativo de las fanfarronadas de años de esta «única» organización socialdemócrata e iglesia una y salvadora. No sé si viste a Bax en Zúrich, pero Bax es una autoridad muy poco fiable sobre la Social Democratic Federation. Fue redactor de «Justice» durante 6 semanas, eliminó todas las numerosas indecencias, pero fue absolutamente incapaz (pues de haber podido, seguramente lo habría hecho) de imprimir al periódico otro carácter que el de secta. La Social Democratic Federation es, pura y simplemente, una secta. Ha osificado el marxismo en un dogma, y al rechazar todo movimiento obrero que no sea ortodoxamente marxista (y además marxista con muchos malentendidos), esto es, ¡al hacer precisamente lo contrario de la política recomendada en el «Manifiesto», se imposibilita para llegar a ser nunca otra cosa que una secta. Bax, por muchas razones, ha reanudado el contacto con esa gente, pero si no cambian, probablemente no tardará mucho en darse cuenta de que quieren explotarlo política y pecuniariamente, y de que no puede asumir responsabilidad alguna por ellos. Pero eso tendrá que vivirlo en persona; por de pronto, se ha metido en tal berenjenal que, en parte, tiene que defenderlos. Por lo demás, Bax ha perdido todo contacto con los obreros mismos.

Los fabianos se han convertido en un verdadero estorbo: apéndice del gran Partido Liberal, bajo el pretexto de querer imponerle sus candidatos. Esto puede funcionar durante un tiempo en el County Council, donde se pueden hacer programas posibilísticos de reforma municipal, pero también allí el piadoso fraude sólo tiene éxito hasta que los burgueses se percatan. En las elecciones parlamentarias eso se acaba; allí los liberales sólo dan a los fabianos, como a todos los demás llamados candidatos obreros, circunscripciones sin esperanza. Si se quiere imponer candidatos obreros a los liberales, hay que hacerlo como Burns y K. Hardie, poniéndoles la punta de la espada en el pecho, y no, como los fabianos, metiéndoseles por detrás bajo falsos pretextos. Afortunadamente, el clamor: ¡independent labour party!, es ya tan fuerte y general que también la suave seducción de la adulación fabiana y del dinero fabiano será superada.

Burgess, el hombre del «Workman's Times», quiere ahora fundar él mismo un Independent Labour Party: ¡un nuevo competidor de aquellos dos! [Burgess] es un muchacho vanidoso y ambicioso, por eso muy poco fiable; hasta qué punto evolucione, está por ver. En todo caso, su actual acción es un síntoma de cómo están las cosas.

Una muy buena noticia: los obreros fabriles del Norte estaban tan orgullosos de su vieja Ten Hours Bill, que eran los principales opositores de la jornada de ocho horas (cfr. Congreso de las trade unions de Newcastle {9}). Esto está cambiando, las masas se pasan paulatinamente a las ocho horas, los líderes empiezan a quedarse solos con las 10 horas. Esto ya se mostrará en cierta medida en el Congreso de las trade unions de este año. {10}

Los Aveling están en Noruega. Justo antes de su partida, Tussy recibió una carta de Greulich, en la que éste, en nombre del Comité del Congreso Internacional de Zúrich, le pide que les redacte un borrador en inglés para la invitación al Congreso de las trade unions inglesas, y que les traduzca al inglés sus demás escritos. Las intriguillas del señor Seidel, que quería apartar de este asunto a los condenados marxistas (lo cual sólo podía terminar con la instalación del señor Adolphe Smith Headingley), parecen, pues, felizmente sofocadas.

Pumps y Percy envían sus mejores saludos.

Tuyo
F.E.