en Darmstadt

Londres, 25 de julio de 1892

Mi querido Schorlemmer:

Te ruego que en el futuro prescindamos del solemne «señor». Me alegra que el obituario en el *Vorwärts!*¹ te haya satisfecho; tuve que redactarlo la tarde antes del entierro con toda premura y sin ningún medio auxiliar; de haber podido esperar hasta mi regreso a Londres, habría podido ser algo más extenso. Pero en tales casos uno tiene que trabajar precisamente como puro periodista, es decir, con rapidez, y contentarse con el material de que dispone.

También el periódico socialista inglés *Justice* ha publicado un extracto de mi obituario.¹ Este periódico es órgano del señor Hyndman, jefe personal de la Federación Socialdemócrata [Socialdemocratic Federation], una sociedad que es marxista en principio y antimarxista en la práctica. Hyndman es un intrigante mezquino que mira con envidia indecible por encima del hombro al partido alemán, porque su pequeña sociedad no puede rendir lo que los nuestros logran como jugando, y que por eso se alía con todos los adversarios del partido alemán, así aquí con el noble Gilles, con los posibilistas franceses de la tendencia de Brousse,¹ etc. Ahora bien, durante 8 semanas había cedido a Bax la redacción del periódico; Bax es un muchacho talentoso y también, por lo demás, decente, que habla alemán a la perfección y viene a menudo a visitarme a mí y a los Aveling; Hyndman pretendía cazarlo con esto, pero parece que Bax se ha convencido de que no hay nada que sacar de allí —en todo caso, en el último número redactado por él ha insertado la noticia, conocía muy bien a Carl², lo había encontrado a menudo aquí en mi casa y en otros lugares—. Trataré de enviarte el número.

Ahora he de decirte también algo de tipo práctico a propósito de la herencia, ya que difícilmente te enterarás de ello tan pronto desde Manchester.

Según la ley de aquí, todo testamento se deposita en el tribunal de sucesiones, donde cualquiera puede examinarlo previo pago de una tasa de un chelín = 1 marco. Pero antes de que llegue allí, tiene que ser aprobado por el tribunal de sucesiones y el impuesto de sucesiones tiene que ser deducido y pagado, el cual en vuestro caso ascenderá al 1% o al 3% del patrimonio bruto, no lo sé con exactitud. Los albaceas tienen que prestar juramento sobre la suma de valor de la herencia por ellos declarada, y en general el asunto es tal que tiene que ser gestionado por un abogado de principio a fin, si no se quiere caer en una trampa lamentable. Así pues, probablemente tendréis aún que tener paciencia y contar asimismo con costas que, según los criterios alemanes, son muy elevadas. Pero eso no se puede evitar.

Los libros legados, etc., rendirán poco en la venta. Los puntos principales del legado son el dinero depositado en el banco y los derechos de propiedad literaria.

Lo primero habrá ascendido aproximadamente a 1.800 libras; de ahí se deducen los gastos del entierro, pequeñas deudas corrientes, impuesto de sucesiones, costas judiciales y de abogados, etc., lo que sumado podrá ser de 200 a 250 libras; no puedo abarcarlo desde aquí, pero creo sin embargo que podéis contar con un producto líquido de por lo menos 1.500 £ = 30.000 marcos.

La propiedad literaria de los libros no tiene, en escritos de química, más que un valor de muy corta duración. La ciencia avanza tan rápidamente que las cosas caducan en 1-2 años si no son constantemente revisadas de nuevo. En este caso, la muerte de un químico significativo es siempre la ocasión para que gente más joven, de valor diverso, se encargue de las nuevas ediciones y con ello también de la ganancia principal. Así ocurrirá también aquí. Los albaceas me consultan en sus negociaciones, y lo mismo a Gumpert, de modo que seguro que no se hace nada precipitado. Además, yo les he confirmado en su opinión de no hacer nada decisivo a este respecto sin el consentimiento de la familia. No es éste sólo su deber, sino también un excelente medio de presión sobre la parte contraria. Ésta, editores así como colaboradores à la Roscoe, están apremiados por cerrar el trato; los albaceas, en cambio, tienen tiempo y pueden por ello hacer que aquéllos se les acerquen y comprar la rápida conclusión mediante eventuales nuevas concesiones. Así que también aquí será en vuestro propio interés no urgir un cierre rápido.

Por Gumpert me entero de que le has escrito que a tu madrecita no le va bien, y que también ha guardado cama. Espero lo mejor, pero ella es muy mayor, ¡y el golpe que la ha alcanzado con la muerte de Carl ha sido muy, muy duro! Mas a pesar de todo ello, espero que pronto puedas darme noticias mejores.

Sinceramente vuestro
F. Engels

¹ Friedrich Engels: «Carl Schorlemmer».
² Carl Schorlemmer.