en Zúrich

= Londres, 14 de julio de 92

Querido Ede,

Vuestra tarjeta postal del 24/VI/92 (para copiar el matasellos a falta de otra fecha) y la carta del 2 de julio han llegado en regla. Estoy convencido de que, desde entonces, tus perspectivas de cosecha han mejorado de tal modo que ahora vales 1 franco en lugar de 50 céntimos, y como el valor en dinero —se pague o no— representa, al fin y al cabo, el trabajo muscular, estoy igualmente convencido de que tu salud no puede sino sacar provecho de estas cosechas de heno. Por qué, sin embargo, sudas corporalmente en la calurosa tarde y espiritualmente en la fresca mañana no está del todo claro, a no ser que quisieras someterte a una cura contra la gordura, lo que todavía no es necesario. Mas ahora estás ya en Zúrich, y allí todas las glosas llegan post festum; tus cosechas de heno probablemente habrán sido sustituidas, en el museo o en la Tonhalle o como se llamen esos cacharros, por nutrimentum spiritus? (por mantener el latín del viejo Fritz?). Pero toma el spiritus en forma de vini aut cerevisiae*, más que en la de espirituosos abstractos, de lo contrario no tendrás unas verdaderas vacaciones estivales. ¡Lo que pasa con las elecciones inglesas, en la redacción del «Vorwärts» lo saben de todos modos mucho mejor que nosotros dos juntos!

Con la redacción de «Justice» por parte de Bax parece que se ha terminado. Después de aquel número en que cambió decididamente el tono de siempre, se produjo un estancamiento; el tono —al menos en lo negativo, en lo que respecta al silencio sepulcral sobre el movimiento en Francia, Alemania, etc.— volvió a ser el de antes, si bien cesaron los viejos ataques. Pero el último número es de nuevo Hyndman por los cuatro costados: se ataca a Keir Hardie, se silencia a Burns, Hyndman se ha encargado de todos los artículos de fondo. Por aquí se dice que el ataque de Bax al africano Stanley (quien, de repente, se presentó como candidato unionista en North Lambeth, contra el gladstoniano) provocó una ruptura entre él y Hyndman, y que Hyndman lanzó fanáticamente a la Social Democratic Federation en favor de Stanley en su circunscripción electoral. Te lo comunico tal como lo he oído; probablemente verás a Bax dentro de unos 14 días en Zúrich; no sé si antes pasará por aquí tras su salida de la redacción de «Justice».

Los rasgos característicos de las elecciones son:

1. Falta absoluta de todo entusiasmo por la Home Rule en Inglaterra.

2. La admisión de los obreros al derecho de voto ha empujado en masa a los pequeños burgueses al campo conservador, por lo menos en las grandes ciudades. El pequeño burgués empieza a temer a los obreros; por lo menos no quiere que se le confunda con ellos; lo conservador es respetable, y por eso vota contra Gladstone.

3. El partido liberal tiene su fuerza en la mediana y pequeña burguesía de las ciudades pequeñas y de los distritos rurales (counties), donde la presión de los terratenientes semifeudales y de los curas de la Alta Iglesia aún es un poder. En las grandes ciudades, hasta los disidentes, antigua fuerza del partido liberal, se tambalean, véase, por ejemplo, Birmingham.

4. Ante este equilibrio casi absoluto de los dos partidos burgueses (hoy, sobre 3.300.000 votos emitidos, la oposición en su conjunto sólo tiene una mayoría de unos 76.000 frente al gobierno), los obreros empiezan a decidir. Y sólo en las circunscripciones obreras hubo entusiasmo: K. Hardie, Burns, Wilson y otros. Ya antes de las elecciones había dicho yo: Ésta es la última elección que se desarrolla entre los dos partidos oficiales, pero dará a los liberales una lección de lo que les espera la próxima vez. Y así ha ocurrido cumplidamente. En las próximas elecciones, el partido obrero comparecerá ya de manera muy distinta. Estas elecciones deben infundirle confianza en su fuerza.

5. El nuevo Parlamento es un provisional. Gladstone no obtendrá una mayoría independiente de los irlandeses y de los representantes obreros, de modo que pronto volverá a disolverse. Tanto mejor.

A propósito. Tussy quiere enviar a la «Neue Zeit» un artículo sobre las elecciones, pero que solo contendrá y discutirá interioridades que solo aquí, y aun aquí no todos llegan a conocer. Esto no debe impedirte, pues, que escribas en la «Neue Zeit» desde tu punto de vista y sobre el resultado general. Sus comunicaciones son, en cambio, hechos especiales relativos a las fullerías de los distintos partidos, algo completamente distinto de aquello sobre lo que tú puedes escribir.

Cariñosos saludos de Louise y míos para vosotros dos.

Tuyo

F.E.