en Le Perreux

Londres, 7 de julio de 1892

Mi querida Laura:

En cuanto recibí el telegrama de la muerte de Schorlemmer, partí de inmediato hacia Manchester; el viernes de la semana pasada, 1 de julio, lo enterramos, y el sábado regresé. Pasó las últimas semanas de su vida en el mismo estado —sin plena lucidez, muy olvidadizo, pero completamente libre de dolores— en que lo encontré cuando estuve allí a principios de junio. El lunes 27 de junio por la mañana falleció apaciblemente y sin agonía. La autopsia confirmó plenamente el diagnóstico de Gumpert: un tumor canceroso en el pulmón derecho del tamaño de una naranja pequeña, suficiente para provocar, por presión sobre la vena cava¹ y el plexo braquial², la perturbación de la actividad cerebral, la parálisis parcial y los edemas del brazo derecho. En la gran vena de este brazo se halló un trombo considerable; en el cerebro se encontraron puntos cancerosos claros, aunque pequeños, y en el corazón se manifestaba una incipiente degeneración grasa. En estas circunstancias, podemos darnos por dichosos de que se le ahorraran sufrimientos más largos y acaso agudos.

Gumpert le indujo ya en mayo a hacer testamento; lo ha legado todo a su madre. Los manuscritos que deja pueden causar alguna inquietud. El más interesante es el relativo a la historia de la química hasta el siglo XVII: 1. la Antigüedad, 2. la alquimia, 3. la iatroquímica; un fragmento de la tercera parte, inconclusa, pero llena de concepciones y descubrimientos nuevos. Además, una multitud de trabajos sobre química orgánica. Pero como tiene dos obras en prensa al mismo tiempo —1. su propia química orgánica, 2. el gran libro suyo y de Roscoe—, será bastante difícil distinguir qué pertenece a cada libro. Uno de sus albaceas es químico (Siebold), pero apenas sabe lo suficiente de teoría de la ciencia para

¹ Vena cava. — ² Plexo nervioso del hombro.

discernirlo. Y Roscoe arde en deseos de hacerse con el manuscrito, pues sabe
demasiado bien que no puede terminar el libro. He dicho a los albaceas que,
en mi opinión, deberían dejar a Roscoe lo que pertenece al libro de Roscoe-
Schorlemmer, obligándole a hacer partícipes a los herederos de la ganancia
del libro en prensa (de la edición alemana y de la inglesa) en la misma forma
en que el propio Schorlemmer lo habría hecho. Como ayer eligieron a Roscoe
por Manchester, sin duda se abalanzará de inmediato sobre los albaceas; por
eso les escribí ayer exponiéndoles detalladamente lo que, a mi juicio, debe
hacerse en el asunto.

Una breve nota que he escrito en el Vorwärts te la envío hoy.

Aquí estamos en plenas elecciones. Dadas las circunstancias, transcurren
de manera excelente para nosotros. En primer lugar, la formidable marejada
liberal que debía llevar a Gladstone triunfalmente al poder es pura patraña.
Probablemente obtendrá una exigua mayoría, y ni siquiera es seguro que
haya mayoría para nadie. Esto hará que ambos partidos oficiales dependan
de los obreros en las próximas elecciones, que pueden llegar muy pronto.
En segundo lugar, el nuevo movimiento obrero entra gloriosamente en el
Parlamento. El lunes fue elegido Keir Hardie con una mayoría de 1200 votos en
el East End (West Ham); ¡el diputado anterior, un tory, con una mayoría de
300 votos! Ayer, John Burns en Battersea con una mayoría de 1600 votos —el
diputado anterior era un liberal burgués con una mayoría de solo 186 votos—.
Y luego, en Middlesbrough, en Yorkshire, J. H. Wilson, secretario del Sindicato
de Marineros y Cargadores de Carbón (un arribista*, pero empeñado hasta
el cuello con el nuevo unionismo), ¡ha derrotado a ambos, a un liberal y a un
tory! Estas son las únicas victorias clamorosas en toda la elección, y todas
conseguidas por obreros: en dos casos, los liberales no se han atrevido a
oponerles un candidato propio, y en el tercer caso, cuando lo hicieron, fueron
battus à plate couture**. Y en tercer lugar: dondequiera que una candidatura
obrera fue debidamente seleccionada y preparada, o bien redujo
sustancialmente la mayoría liberal, advirtiendo así a los liberales que sean
más precavidos y no se arriesguen la próxima vez a perder el escaño, o bien
hizo que los liberales perdieran el escaño. Así, Cunninghame-Graham
sucumbió en dos circunscripciones de Glasgow, pero también su competidor
liberal. En Salford, Hall, un candidato de la Social Democratic Federation
que, no obstante, dicen que es bueno, obtuvo solo 554 votos, pero estos le
arrebataron el escaño al liberal. De este modo, los liberales perdieron 3 escaños,
solo por querer imponer candidatos burgueses a los electores obreros.

* en alemán: Streber — ** derrotados en toda la línea

La elección ya ha realizado todo lo que, como yo sostenía, podíamos
esperar con razón de ella: ha advertido a los liberales de manera clara e
inequívoca que el Partido Obrero Independiente se ha anunciado, que
proyecta su sombra por delante y que estas han sido las últimas elecciones
generales disputadas solo entre dos partidos —el partido del gobierno y el de
la oposición—. Y por eso estoy muy satisfecho; especialmente porque
tendremos un Parlamento con el que no es posible ningún gobierno estable.

De tu silencio deduzco que Bonnier tiene razón cuando escribe a Tussy:
Le journal pend toujours à un fil. Esperemos que el fil no se rompa, sino que,
al contrario, se convierta en cuerda o incluso en cable.

Recuerdos de Louise. ¡Suerte y elocuencia para M. le deputé!

Siempre tuyo,

F. Engels