en Berlín

Londres, 7 de julio de 92

Querido August:

Eso te pasa por prohibirme la correspondencia. Otra carta más. Esta mañana han llegado aquí los «Vorwärts» necrológicos, de modo que por ese lado todo está en orden.

Las elecciones discurren de modo excelente.

1. Los éxitos de los liberales son tan exiguos, tan contrarrestados por fracasos en otras partes o, al menos, por otros síntomas contundentes (mayorías reducidas, a menudo casi por completo desvanecidas, etc.), que el próximo Parlamento tendrá a lo sumo una escasa mayoría para Gladstone, tal vez ninguna, ni para él ni para los tories (es decir, prácticamente ninguna). Esto significa una pronta disolución y nuevas elecciones, pero también una preparación para ello mediante leyes que prometan a los liberales un aflujo de votos, y esos sólo pueden ser nuevos votos obreros. Sí, incluso si los tories permanecieran al timón –lo que es apenas posible–, tendrían que tratar de fortalecerse mediante un nuevo incremento de votos, y ese incremento también sólo podrían buscarlo entre los obreros. De modo que está en perspectiva: 1. la eliminación de las vejaciones que en los casos concretos dificultan hoy a los obreros hacer valer el derecho de sufragio que se les ha concedido en general; 2. medidas sociales en favor de los obreros.

Los liberales han arrebatado 16 escaños a los adversarios: la última mayoría ministerial era de 68. Descontando primero los 16 perdidos, luego los mismos 16 ganados por los adversarios, suman 32. Queda aún una mayoría tory de 36. De modo que si se ganan otros 18 escaños, los partidos quedan iguales. Creo que se ganarán algunos más; los llamados distritos de los condados son aquellos donde la oposición a la presión feudal de los grandes terratenientes es más fuerte y, por tanto, la pequeña burguesía no vota conservador, como aquí en Londres y también en otras grandes ciudades, por oposición a los obreros que votan con ellos y por moda de filisteo. Gladstone puede obtener ya una mayoría de 20, contando naturalmente con los irlandeses, y con ella no puede gobernar. Los irlandeses tienen que exigir la Home Rule, y con una mayoría de 20 no puede imponerla contra la Cámara de los Lores. Entonces se armará el escándalo.

2. Las únicas victorias clamorosas son las del nuevo partido obrero. Keir Hardie ha transformado una mayoría tory de más de 300 en las últimas elecciones en una mayoría de 1.200 a su favor. John Burns –su predecesor liberal había tenido una mayoría de 186– tiene una de 1.560. Y en Middlesbrough (distrito de las minas de hierro de Yorkshire), Wilson, secretario de la Unión de Marineros y Cargadores de Carbón, un arribista, pero empeñado hasta las cejas con el nuevo sindicalismo, ha triunfado con 4.691 votos sobre el liberal (4.062) y el tory (3.333 votos). Las míseras mayorías liberales contrastan con ello de manera lamentable.

3. En tres localidades donde una candidatura obrera, etc., estaba en su lugar y también había sido propiamente preparada, los candidatos obreros han sido derrotados, ciertamente, pero también han provocado la caída del liberal.

En Salford, el obrero Hall obtuvo 553 votos, pero el liberal sucumbió con sólo 37 votos de minoría.

En Glasgow (Camlachie) sucumbió Cunninghame-Graham (906 votos), pero también el liberal, a quien le faltaron 371 votos para la mayoría.

En Glasgow (Tradeston), el candidato obrero Burleigh (un tipo que por lo demás no vale nada) obtuvo 783 votos, pero el liberal 169 menos que el tory.

Además, en muchas otras localidades (Aberdeen, Glasgow [College], Bradford) los liberales han triunfado, ciertamente, pero han perdido entre 990 y 2.749 votos en favor de candidatos obreros que hacían oposición a ambos partidos, con lo que se ven directamente amenazados por los obreros para la próxima vez.

En suma, el partido obrero se ha anunciado de manera clara e inequívoca, y esto significa que, para la próxima vez, ambos viejos partidos le ofrecerán una alianza. Los tories no entran en consideración mientras estén dirigidos por los actuales burros. Pero los liberales tendrán que hacerlo. Y lo mismo los irlandeses. Cuando Parnell fue puesto en entredicho y excomulgado a causa de la ridícula historia de adulterio, se volvió de repente amigo de los obreros, y los señores irlandeses en el Parlamento, cuando vean que sólo los obreros pueden proporcionarles la Home Rule, harán lo mismo. Entonces habrá regateos y componendas, entonces también los fabianos, que han brillado por su completa ausencia en estas elecciones, volverán a meterse en primera fila, pero estas cosas aquí no pueden evitarse. Pero se avanza, como ves, y eso es lo principal.

Magnífica ironía de la historia universal: cada uno de los dos viejos partidos tiene que apelar a los obreros, hacer concesiones a los obreros, para permanecer al timón o para alcanzarlo, y cada uno siente, al hacerlo, que está ayudando precisamente a sus propios sucesores a montarse en la silla. ¡Y sin embargo no pueden dejar de hacerlo! ¡Qué es nuestra poca agudeza frente a la colosal agudeza que irrumpe en el desarrollo histórico!

Muchos saludos de Louise y míos para la señora Julie y para ti.

Tuyo,
F. E.

Si escribes a Shaw, puedes recomendarle el artículo de Conrad Schmidt en la «N[eue] Z[eit]»* como refutación de su «Austrian Theory of value»**.