en Stuttgart

Londres, 5 de julio de 1892

Querido Barón:

Regresé de Manchester el sábado; el viernes se dio sepultura a Schorlemmer. Si quieres un necrológico para la «Neue Zeit», habría que buscar ante todo a un químico que expusiera de manera comprensible sus descubrimientos y su importancia para la ciencia. Sería sin duda muy bueno, pero para ello hace falta un hombre que conozca la historia de la química orgánica de los años 50 y 60.

Te debo, ciertamente, cuentas sobre cómo se ha enterado Louise de tu proyectada propuesta. Tras recibir tu carta del 13 de mayo y aunque yo era desde un principio de la opinión de que Louise no tenía motivo alguno para entrar en tu idea, consideré sin embargo oportuno sondearla. Notabene, como si la idea fuera mía: si acaso no estimaría bueno, para protegerse de confusiones, añadir su apellido paterno, tal como suele hacerse en Alemania occidental y en Suiza también con frecuencia entre personas casadas de uno y otro sexo. Me miró inquisitivamente y respondió luego: «No te tomes la molestia, sé lo que hay detrás; eso parte de Karl, y a éste lo ha incitado su madre». Y no se dejó disuadir. Al contrario, algún tiempo después se lo contó a Gine como un hecho consumado, y Gine le dijo entonces —con toda ingenuidad y de manera muy natural, casi se sobreentendía en esas circunstancias— que tú también le habías escrito a Ede al respecto, y luego discutieron ambas el caso entre sí.

Cuando Louise me lo echó en cara, no me quedó casi otra alternativa que leerle el pasaje correspondiente de tu carta del 13 de mayo; esto cortó al menos toda conjetura y especulación ulteriores, y en ese sentido sólo pudo tener un efecto tranquilizador. Además, ese pasaje me pareció escrito adrede de modo que yo pudiera, en caso de necesidad, comunicárselo a Louise.

Así fue el desarrollo. Pero no estoy en modo alguno muy descontento con él. Pues después de que me encargaras pedir consejo a Tussy y al mismo tiempo le escribieras a Ede sobre ello, una cosa está clara: si cuatro personas que, por así decirlo, están a diario con Louise sabían de este asunto, no habrían podido transcurrir muchos meses sin que alguna se fuera de la lengua en presencia de Louise, y entonces habría sido diez veces peor: entonces se habría dicho: «Así disponéis a mis espaldas sobre mí en asuntos que sólo a mí me conciernen», etc.

La carta a ti me la ha leído Louise, es decir, el borrador, después de enviada. Me demuestra de nuevo que un tercero jamás debe inmiscuirse en las interioridades de cónyuges presentes o pasados, porque nunca sabe lo bastante de lo ocurrido. Así, por ejemplo, sólo ahora me entero de que vosotros, ya durante el proceso de divorcio, discutisteis y decidisteis sobre el nombre que había de llevar Louise. Si esto es cierto, como no puedo menos de suponer, lamento no haberlo sabido antes. Te habría rogado entonces sin más y sin preguntar a nadie que, por todo lo del mundo, dejaras reposar el asunto.

Ya ves, la carta es obra enteramente de Louise; conoces bastante su sentimiento de independencia para saberlo sin que yo lo asegure expresamente. No me considero ni llamado ni competente para formular un juicio sobre esta carta; son interioridades entre cónyuges divorciados; sólo puedo decir: en lo que a mí concierne, lo ocurrido no afecta ni a mis relaciones con Louise ni a las que tengo contigo.

La introducción alemana te la envío hoy bajo faja, certificada. Sonnenschein no quiere que el libro aparezca hasta septiembre; te ruego, pues, que no publiques la cosa allí en la «Neue Zeit» antes del 1 de septiembre; después me da igual, ya he esperado bastante a ese necio. Por desgracia, la versión alemana es un refrito; la inglesa es mucho más ágil y te gustará más.

Muchas gracias por la comunicación relativa a Sorge. Lo atenderé en cuanto tenga algo de calma.

Las elecciones aquí transcurren hasta ahora excelentemente. Los liberales ganan, pero, si sigue así como hoy, con mayoría escasa; es decir, quedan dependiendo de los irlandeses, y eso es bueno, pues de lo contrario éstos serían nuevamente estafados por Gladstone y la cuestión irlandesa no desaparecería del mundo. Las votaciones de ayer muestran el paso de la mayoría a los liberales, pero ni rastro de la tremenda ola liberal que todo lo inunda y con la que contaban los gladstonianos. En cambio, a los liberales ya les está aguando la fiesta el Labour Party, que apenas está en formación. El único candidato que ha conseguido un vuelco fulminante de la mayoría es Keir Hardie en Southwest Ham, uno de los pocos candidatos obreros que no han aceptado dinero liberal ni se han comprometido a disciplina liberal alguna. En cambio, en otros lugares los candidatos obreros, allí donde competían con liberales, les han quitado muchos votos y, en cualquier caso, les han dado un aviso para el futuro. Ésta es, así lo espero, la última elección que se disputa únicamente entre los dos partidos oficiales; la próxima vez los obreros hablarán de manera muy distinta.

Tuyo

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