en Berlín

Londres, 5 de julio de 92

Querido August,

Me prohíbes escribirte, es decir, que debo dejar la única correspondencia que siempre despacho con alegría y despachar en cambio la que me aburre. Pero eso no voy a hacerlo para complacerte.

Y aunque fuera tan obediente, me sulfuraría a causa de las colosales estupideces del “Vorwärts” sobre las elecciones de aquí. Guardar silencio ante eso sería demasiado embarazoso. ¡Pues el “Vorwärts” ha logrado ahora convertir South Paddington en un distrito de Londres, South Paddington, que está en medio de la ciudad, un poco al norte de Hyde Park y al oeste de Regent’s Park, y donde los únicos distritos rurales son los pocos squares verdes — tan rurales como la Dönhoffplatz!

La Inglaterra del “Vorwärts” sólo existe en la fantasía del que escribe. La opinión de que hoy los tories son más favorables a los trabajadores que los liberales es lo contrario de la realidad. Al contrario, todos los prejuicios manchesterianos de los liberales de 1850 son hoy artículos de fe sólo entre los tories, mientras que los liberales saben muy bien que para ellos se trata de captar votos obreros si quieren seguir existiendo como partido. Los tories, como son unos asnos, pueden de vez en cuando, por medio de un hombre superior como Disraeli, ser impulsados a golpes audaces para los cuales los liberales son incapaces; pero si falta el hombre superior, entonces entre ellos dominan precisamente los asnos, como ahora mismo. Los tories ya no son la mera cola de los grandes terratenientes como hasta 1850; los hijos de los Cobden, Bright, etc., los grandes burgueses y los partidarios de la Anti-Corn-Law han pasado todos al campo tory entre 1855-70, y los liberales tienen ahora su fuerza en la pequeña y mediana burguesía no adscrita a la Iglesia estatal. Y desde el Home Rule Bill de Gladstone de 1886, también los últimos restos de los whigs y de los viejos liberales (burgueses y titulados universitarios) han pasado al campo toryista (como dissentient o Unionist Liberals).

De ahí la necesidad de los liberales de hacer concesiones aparentes o reales a los trabajadores — sobre todo lo primero. Y a pesar de todo son demasiado torpes para saber dónde poner el acento, y muchos están todavía demasiado atados por sus antecedentes.

Las elecciones transcurren hasta ahora enteramente como si las hubiéramos encargado nosotros. Los liberales obtienen una mayoría modesta, incluso pierden en muchos lugares votos respecto a las últimas elecciones, de modo que la formidable marea liberal que debía barrer a Inglaterra no se ha hecho sentir hasta ahora. Hoy es un día muy importante, cuyos resultados probablemente serán decisivos; si los liberales vencen hoy de manera aplastante, el filisteo vacilante — un ganado muy numeroso — será empujado a su lado, y entonces ellos se impondrán. Lo que necesitamos es una mayoría liberal moderada (incluidos los irlandeses), de manera que aquí Gladstone dependa de los irlandeses — de lo contrario, si puede existir sin ellos, con seguridad los estafará.

Pero lo espléndido es que en West Ham, en el East End de Londres, el candidato obrero Keir Hardie — uno de los pocos que no ha aceptado dinero liberal ni se ha comprometido con los liberales — es hasta ahora el único que ha transformado una mayoría conservadora de las pasadas elecciones de más de 300 votos en una mayoría anticonservadora de 1.200. Y también es muy bueno que en otros sitios — Aberdeen, etc. — los candidatos obreros que se han presentado contra liberales y conservadores hayan obtenido hasta 1.000 votos. El partido obrero independiente proyecta su sombra por delante.

Hay aquí tres clases de candidatos obreros:

1. los que son pagados por los tories para quitar votos a los liberales. Éstos fracasan casi todos y lo saben.

2. los que aceptan dinero liberal y deben seguir a los liberales como en un servicio militar. A éstos se les coloca en su mayoría en puestos donde no hay posibilidad de salir elegidos. Aquí pertenecen también gentes que, como los candidatos de los mineros, son por naturaleza liberales.

3. los candidatos obreros auténticos, que actúan por su propia cuenta y no se preguntan si se presentan contra liberales o tories. De entre éstos, los liberales aceptan a los que tienen que aceptar (Keir Hardie y Burns) y trabajan contra los demás. En Escocia hay muchos de estos candidatos. Qué posibilidades tienen, es difícil decirlo. Adiós. Muchos saludos a tu mujer.

Tu viejo

F. E.