Querido barón:

En lo tocante a la cuestión del apellido, me has malinterpretado si crees que yo consideraba la aceptación de tu propuesta por parte de Louise como un sacrificio que ella te ofrendaba. Lo que deseaba insinuarte era que, en mi opinión, dadas las circunstancias, semejante exigencia no debería haber partido de ti. Louise, en verdad, ha hecho por ti más de lo que podía reclamársele, y encima te recibió aquí de un modo que a ti mismo parece haberte resultado inesperado y que volvió a poneros a ambos en un pie tal que vosotros entre vosotros, y nosotros todos con vosotros, podíais trataros socialmente sin coacción ni disgusto. ¿Por qué tenías que sacar a flote de nuevo, por una pequeñez semejante, la vieja historia? La posición social de la mujer divorciada es ya de por sí bastante fatal, pues, según los conceptos hoy vigentes, para rehabilitarse ante el mundo entero tiene que aportar primero la prueba de que no es la «parte culpable». ¿Y no ves que ha de herir profundamente a la mujer divorciada cuando su exmarido le plantea la impertinencia de que no lleve su apellido legal ante la opinión pública, sino otro que, encima, le señala él mismo ya listo y acabado?

De la costumbre de las divorciadas que tú aduces, nada sé. Solo sé que Johanna Mockel, casada y divorciada Matthieux, más tarde Kinkel, figuró después de su divorcio y hasta su boda con Kinkel únicamente como J. Matthieux, también en sus composiciones de canciones publicadas, etc.

Por lo que toca a la Schack, esta se ha limitado a hacer uso del privilegio aristocrático que le otorga el Derecho territorial prusiano: Parte II, Título I, § 740: «Si ella (la divorciada) no ha sido declarada parte culpable, puede reascender al estamento superior que tenía antes del matrimonio». Y § 741: «Por regla general, la mujer tiene la elección de readoptar su apellido de soltera o de viuda, sobre todo en el caso del § 740». — Aun en el caso de que la Schack se hubiera hecho suiza o hubiera seguido siéndolo, puede ejercer este derecho en Prusia e invocarlo fuera de Prusia.

La Wischnewetzky jamás ha dejado caer su apellido Kelley; si ahora deja caer el Wischnewetzky, puede hacerlo porque en América rige como base el Derecho común inglés, y según este, como dice Sam Moore, *a man’s name is what he is known by* («el nombre de una persona es aquel por el que se la conoce») y puede cambiarse a placer.

Todo esto, por tanto, no es aplicable a Louise, quien de una vez por todas está atada al Estado policial austríaco, que no quiere permitirle llevar otro apellido que el tuyo.

Pero ¿por qué va a tener Louise ahora, sin más, y para complacerte a ti, que llevar ante la opinión pública un apellido distinto del que le corresponde legalmente? ¿Es que acaso toda Kautsky de sexo femenino que comparezca ante la opinión pública tiene que ser tu mujer? Y, puesto que el mundo no conoce el nombre de pila de tu actual mujer, ¿no tendría que individualizarse también tu madre mediante otro apellido para dejar claro que no es tu mujer? El mundo se divide en dos partes: los que conocen a tu mujer y los que no la conocen. Los primeros saben que la Louise Kautsky de Londres, la Louise Kautsky del *Arbeiter-* y *Arbeiterinnen-Zeitung*, no es tu mujer. Los otros tampoco quedarán absolutamente aclarados al respecto por el cambio de nombre propuesto, ya que no pueden saber cuál es el «apellido de soltera» de tu mujer.

He comunicado a Louise que tú dices que el asunto para ti está enterrado. Temo que para ella no sea el caso; temo que, al remover esta historia, has despertado más recuerdos de los que tan fácilmente se dejan volver a enterrar. Has herido profundamente a Louise con tu impertinencia, me temo que más profundamente de lo que puedes reparar. Todo este tiempo lo ha llevado consigo; ahora quiere escribirte ella misma.

Sonnenschein quiere dejar reposar la «Evolución» inglesa hasta después de las elecciones [#] . Pero entonces entra aquí la temporada de los pepinillos, y hasta finales de septiembre no podrá salir nada de nada. Así pues, vuelvo a escribir a Sonnenschein pidiéndole información concreta y luego te remitiré el manuscrito, que
*«del socialismo de la utopía a la ciencia»*
tú, entretanto, puedes mandar a componer, pero no publicar antes del plazo que también te comunicaré entonces.

Del pobre Schorlemmer no he vuelto a tener noticia alguna, de modo que en ningún caso se ha producido un cambio esencial.

Muchas gracias por tus informaciones respecto a Sorge-Dietz [#] . Puesto que Sorge no me había escrito hasta qué punto habían llegado las negociaciones llevadas por ti, y necesitaba saberlo antes de poder hacer yo algo por mi cuenta, esto era para mí de importancia. Dietz se orienta de un modo demasiado exclusivo hacia la venta en masa. Si quiere ser el editor de los socialistas científicos, tiene que crear una sección donde encuentren cabida también los libros que se venden más despacio. De lo contrario, habrá que buscar otro. La literatura verdaderamente científica no puede encontrar salida por decenas de miles, y a eso tiene que amoldarse el editor.

En las elecciones aquí reina todavía una gran confusión. Pero los liberales sí que están recibiendo de los obreros una primera lección.

Tuyo

El General