en Hoboken

Londres, 18 de junio de 1892

Querido Sorge,

No sé si ya te he acusado recibo de tu carta del 28 de abril con el giro postal y la tarjeta del 3 de mayo; he tenido tanta correspondencia y otros contratiempos que me he salido un poco del carril. El dinero ha llegado debidamente, y le he reembolsado a Mendelssohn la mitad que le correspondía.

En la última quincena de mayo estuvo Bebel en mi casa, y al mismo tiempo Singer, que se alojó en casa de Bernstein. Lo pasamos muy alegremente y tratamos a fondo todo lo que había que tratar acerca del movimiento alemán. Con Bebel armonizo por completo; en casi todos los puntos somos de la misma opinión o, por lo menos, llegamos fácilmente a un acuerdo, cosa que, tratándose de esta cabeza clara, que no solo capta correctamente los hechos sino que posee también un desarrollo teórico notablemente avanzado, viene ocurriendo desde hace años y nunca me ha planteado dificultades. Singer posee gran visión práctica y habilidad en un terreno más estrecho; si sale de él, puede cometer algún desatino, pero en ese caso se deja guiar sin resistencia por la superioridad de Bebel, que él reconoce abiertamente. Ambos no solo han comprendido, sino también experimentado en la práctica, que Liebknecht está absolutamente desgastado y se ha convertido en un obstáculo positivo para el partido. Hace años que no ha evolucionado, mientras que el partido ha experimentado un enorme desarrollo, incluso en el plano teórico, como lo demuestra toda la literatura (incluso pequeños papeluchos que me han sorprendido). Yo lo sabía desde hace mucho, pero ¿qué se podía hacer? Cuando se derogó la ley de excepción contra los socialistas, L[iebknecht] era el redactor absolutamente inevitable del «Vorwärts», que ahora dirige de manera horrorosa; y la desgracia es que no se puede eliminar a L[iebknecht] sin causar mayores daños que los que él ocasiona ahora. Les he aconsejado que lo pensionen del modo más decoroso posible, pero él se resiste, aparte de otras dificultades. Ahora hay que dejar que la cosa siga su curso; afortunadamente, el partido tiene ahora unas espaldas tan anchas que ya puede aguantar bastante, y al final todo encuentra una solución, de una manera u otra.

Lo anterior, por supuesto, está escrito en la más estricta confianza, solo para ti. Hasta qué punto ha llegado la cosa puedes verlo por el hecho de que L[iebknecht] ve en todas las personas de la directiva del partido adversarios que intrigan contra él, con excepción quizá de Singer, quien por lo demás ve la situación con tanta claridad como todos los demás. Liebknecht me da mucha pena, pero lo he visto venir desde hace años, y es su propia obcecación. Todos quieren tenderle gustosamente un puente de oro, y solo cabe esperar que, finalmente, él mismo lo reconozca.

Los delegados mineros alemanes y austríacos al congreso internacional celebrado aquí estuvieron un par de veces en mi casa: dos westfalianos, un renano del Sarre, un sajón, un checo. En su mayoría, gente agradable y competente, como también Siegel, que trabaja ahora en Escocia y que era un tipo muy capaz. Con los mineros recibimos un incremento brillante, todos ellos muchachos fornidos, en su mayoría veteranos y electores. Un obstáculo son los muchos inmigrantes polacos del agua y polacos (distrito de Dortmund 22 000, distrito de Essen 16 000 a 18 000), todos ultramontanos y de una estupidez supina; pero esto es malo solo por el momento; a la larga también ellos se verán arrastrados, y entonces constituirán el elemento fermentador en la Alta Silesia, Poznania y Prusia Occidental.

Sobre el desarrollo del chalaneo de votos para vuestra elección presidencial tengo curiosidad por conocer más detalles; antes no había podido seguir de cerca el *modus operandi*[2] en ello; esta vez estoy atento.[2] Una vez que se ha investigado eso en detalle, también se entiende después.

Con respecto a tu asunto, todavía no le he escrito a Dietz, en primer lugar porque tus artículos aún no están terminados; en segundo lugar, porque tenía que tratar con él por correspondencia a propósito de la próxima aparición en su editorial de «La situación de la clase obrera en Inglaterra» y no quería complicar el asunto; en tercer lugar, porque Bebel me dijo que él, D[ietz], rara vez había hecho un negocio especial con reimpresiones de la «Neue Zeit»; y en cuarto lugar, porque es muy posible que vea personalmente a D[ietz], junto con Bebel, en Stuttgart en el mes de agosto. Pero estoy seguro de que tu trabajo será reimpreso con gusto, sobre todo si le añades material nuevo y lo amplías con ello en una cuarta o tercera parte. Si no llego a un entendimiento con Dietz (de lo cual, sin embargo, estoy convencido), se hará cargo la librería del «Vorwärts» de Berlín.

A mi juicio, la ampliación debería consistir sobre todo en la complementación del material fáctico, y en el libro podrías hablar con más libertad de las necedades del Partido Socialista Obrero Alemán de lo que consideraste prudente hacerlo en la «Neue Zeit».

Me alegra que tu esposa esté mejor. También aquí el invierno ha causado estragos, sobre todo por la gripe. Nuestro amigo Schorlemmer no se ha repuesto de su ataque y ahora tiene cáncer de pulmón, de modo que probablemente ya no se levantará. El pobre, cuando lo visité hace catorce días, yacía en cama con menguantes fuerzas físicas y mentales, pero por fortuna sin dolor alguno, y esperemos que siga así hasta el final, por desgracia inevitable y cercano.

Cariñosos saludos a ti y a tu esposa, de parte de Louise y de tu

F. Engels

Florence Kelley-Wischnewetzky me ha escrito repetidas veces.

[2] la manera de proceder.