Así se va otra vez uno de los mejores de los nuestros. Pero ya desde hacía 4 años no era el mismo; perdía cada vez más el interés por todo lo que no estuviera directamente relacionado con sus trabajos, y aun a éstos sólo podía dedicarse con gran esfuerzo; a ello se sumaba que la creciente sordera y la sensibilidad a las corrientes de aire y a los resfriados, que de inmediato agravaban esa sordera, lo ponían a menudo de mal humor. El año pasado intenté una vez más convencerlo de hacer un viaje en barco a Irlanda y Escocia, pero, ante inconvenientes relativamente pequeños, se derrumbó en las primeras 24 horas, y tuvimos que abandonar el plan. El tumor en el pulmón, que ahora se ha manifestado con claridad, explica mucho de esto, así como el estado de debilidad tras una gripe en marzo, con la que comenzó su última enfermedad.

Mi traducción de la introducción al «Socialism, Utopian and Scientific» inglés está terminada; en cuanto salga el libro (y por qué no ha salido ya, no me queda claro), te la enviaré para la «Neue Zeit». Entretanto te envío la traducción italiana del mismo libro, impresa en 2.ª edición en Milán.

Aquí pululan los congresos. Tussy y Aveling regresaron el jueves del congreso de los trabajadores del gas en Plymouth. Allí dieron un ejemplo de la mejor clase a los tradeunionistas del viejo cuño. Un candidato liberal, que había dado 10 libras para una huelga de los trabajadores del gas, o más bien de una de sus secciones de obreros fabriles, exigió a cambio de ello ser admitido en el congreso como invitado de honor, cosa que antes se concedía regularmente. Pero los gasistas dijeron quod non, nosotros no tenemos nada que ver con candidatos burgueses, y ese hombre no tiene locus standi en nuestro congreso.

Luego están aquí los mineros. Anteayer estuvieron aquí en mi casa los alemanes, entre ellos también un český tovaryš. Fue una especial mala suerte que Tussy no estuviera aquí, por la traducción y el asesoramiento; bastante sabrás cuando te diga que esa gente cayó en manos de Julius, quien interpretó mal todo lo inglés y lo francés, quien no conoce las circunstancias ni a las personas de aquí, pero que tuvo que hacer como si lo conociera y entendiera todo, y que por eso aisló a la gente lo más posible. Además tenían a un alemán anglificado, que no domina ninguna de las dos lenguas y hace trampas con las viejas trade unions. Afortunadamente, los Aveling estuvieron presentes aún el último y más importante día. La vergüenza de los ingleses ha quedado proclamada: ¡los continentales exigen 8 horas para todos los ocupados en la mina, los ingleses sólo las quieren para los trabajadores del interior! Eso está ahora constatado, y las jactancias de los ingleses con su superior organización de trade unions han sido desbaratadas por ellos mismos.

Un buen saludo.

Tuyo

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