en Darmstadt

Londres, 5 de junio de 1892

Estimado señor Schorlemmer:

Ayer tarde he regresado de Manchester!!! y lamento no poder darle mejores noticias de Carl. Está en cama, muy apático, pidiendo reposo, pero por lo demás sin ningún dolor; no está completamente lúcido y su memoria le falla con frecuencia; además, a menudo entiende mal lo que se le dice. He estado seis veces con él, nunca más de 5-10 minutos, más tiempo no lo soporta bien.

Ahora puedo comunicarle lo que hasta ahora he callado, a saber, que en las últimas semanas se ha puesto de manifiesto indudablemente que en el pulmón derecho se le ha desarrollado un tumor canceroso, que ocupa más o menos todo el tercio superior del pulmón. A consecuencia de la presión de este tumor sobre los cordones nerviosos y los grandes vasos sanguíneos, la actividad cerebral está impedida y el brazo derecho paralizado e hinchado. La existencia de este tumor explica también los fenómenos anteriores, la gran debilidad tras la gripe y la incapacidad de superar esa debilidad. Por desgracia, la constatación de esta causa nos priva también de toda esperanza de curación y ahora solo nos queda desear que el actual estado indoloro se mantenga hasta el final. Gumpert dice que el final puede sobrevenir en cualquier momento; pero, por otro lado, si no surgen complicaciones, Carl podría permanecer aún varias semanas, incluso posiblemente más tiempo, en el estado actual, con una debilidad creciente.

Me he convencido de que está bien atendido. La enfermera que Gumpert le ha procurado parece entender bien su oficio y cuidarlo con gran esmero, de manera muy distinta a las enfermeras londinenses, con las que no he tenido experiencias especiales. También las personas de la casa, en la que ha vivido 14 años, hacen todo lo que está en sus manos. El casero me ha mostrado sus bastante voluminosos manuscritos y me ha prometido firmemente no entregarlos más que a los albaceas testamentarios de Carl y a nadie más.

A uno de estos dos albaceas testamentarios, un químico y viejo amigo nuestro, le he hablado y le he comunicado mi opinión sobre lo que, en el primer momento, debe hacerse para asegurar los manuscritos y los intereses de los herederos al respecto; estuvo completamente de acuerdo, de modo que por este lado estoy tranquilo. Como hay gente que no se mostraría reacia a adornarse con las plumas de Carl y ya se habían hecho intentos semejantes, he creído que debía oponerme a ello con todas mis fuerzas. Más tarde hablaremos de esto.

Si usted o cualquier otro miembro de la familia deseara, para su propia tranquilidad, venir aquí y ver con sus propios ojos cómo se encuentra Carl, el Dr. Gumpert en Manchester, al igual que yo aquí, hará con gusto todo lo posible para facilitárselo.

Nos hemos enterado de que una sobrina suya, de Burdeos, se encuentra aquí en Londres, pero no logramos sacarle a Carl su dirección; ¿tendría usted la bondad de proporcionárnosla? Tal vez pudiéramos ser de utilidad a la joven dama.

Le ruego asimismo que escriba inmediatamente (en alemán) al Dr. Gumpert, cuya dirección le doy más abajo, para indicar si un telegrama dirigido a: Ludwig Schorlemmer, Darmstadt, le llegaría o si se necesita una dirección más detallada y cuál.

Con mis mejores recuerdos para su señora madre y toda su familia, le saluda sinceramente
suyo
F. Engels

Dr. Gumpert
203, High st., Oxford Road, Manchester, Inglaterra

Bebel y Singer regresan el miércoles a Alemania. La señora Kautsky también le envía cordiales saludos.