en Muirkirk

122, Regent’s Park Road, N.W.,
Londres, 28 de mayo de 92

Estimado camarada:

La señora Aveling llegó de regreso sana y salva el sábado, y nos alegramos de que el asunto se arreglara tan rápida y satisfactoriamente. Por supuesto, no fue culpa suya que el gerente de la mina lo engañara; pero sírvale de advertencia para no cerrar nunca un trato definitivo con la administración de la mina sin haberse puesto antes de acuerdo con los mineros escoceses y con nosotros aquí. Los alemanes tienen aquí, por desgracia, fama de ser los peores rebajadores de salarios y rompehuelgas, y no sin cierta razón, y por eso los señores Burt, Fenwick, etc., no querían de ningún modo proporcionarle trabajo aquí. Ahora bien, si los alemanes de Muirkirk dieran el menor pretexto para confirmar este viejo prejuicio contra los alemanes, ello sería de sumo peligro para las relaciones internacionales entre alemanes e ingleses en general, y no sólo para los mineros, sino para los obreros de todos los ramos. Por tanto, si quiere usted seguir actuando en el espíritu de la causa obrera, haga todo lo posible por aprender inglés hasta el punto de poder entenderse con los escoceses sin riesgo de malentendidos, y mantenga contacto a diario, y a ser posible a todas horas, con los obreros escoceses. Verá que los obreros escoceses son gente muy honrada, muy recia y, si uno se entiende bien con ellos, muy de fiar, de modo que se puede congeniar muy bien con ellos; mientras que las administraciones de las minas son mucho más enredadoras, embusteras y tres veces más experimentadas en la explotación que las alemanas. Pero mientras no esté usted del todo seguro en inglés, hace decididamente bien en escribir en alemán, en todo caso que le resulte mínimamente dudoso, a la señora Aveling, 65, Chancery Lane, Londres W.C., quien gustosamente la ayudará con su experiencia en las condiciones obreras de aquí.

Fue una suerte que tuviéramos aquí precisamente a los dos diputados del Reichstag y miembros de la junta directiva del partido!*), quienes pudieron intervenir de inmediato y adelantar los fondos necesarios. De lo contrario, el asunto podría haber tenido un desenlace desagradable y haber puesto en muy mal predicamento a toda la clase obrera alemana de aquí.

La señora Aveling también le habrá contado que en Alemania dicen que Schröder, mediante toda clase de informes falsos, lo movió a partir y que con ello ha echado usted a perder una colocación muy buena, siendo así que el peligro no era ni con mucho tan grande como le hicieron creer. Debo decir que yo, desde el primer momento, sospeché algo semejante y me alegraría mucho que un hombre como usted no se perdiera por completo para el movimiento de los mineros alemanes. Un escaño en el Reichstag le estaría a usted bastante seguro, y si con el tiempo volviera, pasara los pocos meses que faltan y luego hiciera lo suyo por mantener a los mineros en la vía correcta, no podría ser sino ventajoso.

Recibirá usted periódicos uno de estos días.

Un cordial saludo de la señora Kautsky y mío para su esposa, de la que la señora Aveling nos ha contado muchas cosas bonitas, y para usted mismo.

Suyo,
F. Engels

Naturalmente, no pretendo que usted viaje ahora, de sopetón, de vuelta a Alemania; al contrario, será extraordinariamente útil que conozca primero a fondo las condiciones obreras de aquí y luego pueda dejar claro a los alemanes, por propia experiencia, lo mucho mejor que les podría ir incluso bajo la economía capitalista, con sólo que se defendieran.