Querido Victor:

He llegado a un acuerdo con Dietz, y éste con Wigand, sobre la reedición de La situación de la clase obrera en Inglaterra, y de ello resultan, en primer término, 1.000 marcos de honorarios, que Dietz se compromete a pagar la mitad en otoño y la mitad en Año Nuevo de 1893, pero August, que está aquí, piensa sonsacarle al menos en parte también antes. Además, hay algunos honorarios por los artículos de la Neue Zeit. Ahora quisiera destinar este dinero nuevamente a vosotros, los austríacos, pero permitiéndome, en cuanto a su empleo, hacer algunas reservas que he discutido con August y con las que él está de acuerdo.

Sé, en efecto, aunque no en detalle, sí con suficiente precisión para la práctica, que tu actividad por el partido se ve constantemente entorpecida por la incapacidad de ese mismo partido austríaco para asegurarte la posición material que te permita consagrar todo tu tiempo y tus fuerzas a la causa. Sé también lo bastante para saber que en el último tiempo las desgracias que te han sobrevenido hacen necesarios gastos para los cuales el partido no puede proporcionarte los medios. Considero, pues, que una de las primeras condiciones para el ulterior desarrollo del movimiento austríaco es que se te dé la posibilidad, en primer lugar, de superar la actual época que exige gastos excepcionales y, en segundo lugar, de asegurarte también en lo sucesivo, a ser posible, el suplemento necesario, pero que entre vosotros aún no se puede allegar. Lo primero es lo más indispensable, pero lo segundo también forma parte de ello. Ahora quisiera hacerte la propuesta de poner a tu disposición los honorarios arriba mencionados, sea para el primer fin, sea para el segundo, o para ambos — el empleo depende luego por completo de circunstancias que sólo tú puedes juzgar competentemente. Con ello desaparecería de suyo todo motivo para dar recibo público, por ejemplo, de esas sumas.

Espero que me des la alegría de aceptar mi propuesta. Sé por experiencia propia, aunque de ello hace ya mucho tiempo, hasta qué punto la capacidad de trabajo, el gusto por el trabajo y el tiempo de trabajo se ven limitados por la lucha económica por la existencia, y nosotros tres, aquí, somos de la opinión de que no podrías prestar un servicio mayor al partido austríaco que accediendo a este pequeño plan.

Vuestra fiesta del Primero de Mayo ha causado aquí muy buena impresión, tanto más cuanto que París, a consecuencia de las rencillas allí reinantes, este año se omitió de hecho. En cambio, Lafargue escribe que en 22 localidades (Roubaix y Marsella las mayores, donde metimos a todos los nuestros) tenemos la mayoría en el ayuntamiento, que en la primera vuelta conquistamos 400 escaños y en la segunda vuelta otros 200. El efecto lo ves en Le Soleil orleanista, que te envío.

Así pues, muchos saludos de tu

F. Engels