en Stuttgart  

Londres, 17 de mayo de 92  

Querido Kautsky:  

La postal relativa a Werner - Weiler la habrás recibido ya. Meyer me contó, inmediatamente después del congreso de Edimburgo, que había descubierto allí a Weiler.  

Con el epíteto que me ha adjudicado la cosa es realmente estúpida. Me harías un favor, y a otros seguramente también, si al menos para el futuro le explicaras que tiene que acostumbrarse a nuestra manera, menos reclamonista, de expresarnos, y que, de lo contrario, tendrías que corregírsela.  

Hirsch está, en efecto, en Fráncfort, y Meyer le está obligado, porque a petición de Meyer le dirigió en el momento oportuno la advertencia: Señor Meyer, no debe usted beber tanto. Era la amistad íntima más humorística entre un judío —¡y qué judío narigudo!— y un antisemita que he visto jamás. Todavía me río de ello mientras escribo esto.  

En cuanto al caso de Louise, yo en tu lugar dejaría descansar el asunto. El que lleve tu nombre es consecuencia de tu propio y libre acto. El que ya no estéis juntos es también consecuencia de tu propia iniciativa. El que ahora sean posibles confusiones se debe asimismo únicamente a tu acto. Ahora ella se sirve del único nombre que, según el derecho austriaco, tiene el derecho de llevar, y no veo absolutamente ninguna razón para que deba eludir esta necesidad.  

Quiero hablarte con toda franqueza. Todos nosotros aquí, y no en último lugar yo, le hemos tomado mucho cariño a Louise, ya desde cuando estuvisteis juntos aquí. Cuando empezó la historia de la separación, ella se comportó de principio a fin con una magnanimidad que no podemos admirar lo suficiente, y desde que está aquí se me ha vuelto tan querida que para mí es lo mismo que Pumps, Tussy, Laura, lo mismo que si fuera mi propia hija. Cuando estuviste aquí, te mostró que no te guarda absolutamente ningún rencor. Pero con eso tiene que bastar. Nadie puede exigirle que cargue sobre sí las eventuales consecuencias desagradables de tus actos. Si le propusieras lo que me escribes, y ella me preguntara, le aconsejaría incondicionalmente: ¡No!  

También han ocurrido confusiones por el otro lado; pero ella se ha limitado a reírse de ello. Y si te hiciera ese favor, ¿cuál sería la consecuencia? Que junto a Louise K[autsky] y Luise K[autsky] aparecería en escena una tercera Louise S[trasser-]K[autsky] y la comedia de las equivocaciones se volvería de verdad enloquecedora. A ti no te serviría de nada, y ella tendría entonces que dar explicaciones en todas direcciones acerca de quién, cómo, cuándo y dónde.  

Como te digo, deja descansar la vieja historia. Está muy bien que estéis separados, y Louise está completamente satisfecha con ello. Pero tus propios actos no puede deshacerlos nadie, y las consecuencias, al fin y al cabo, tienes que soportarlas tú mismo. Y esta consecuencia no es verdaderamente tan gravosa como para hacer ningún aspaviento por ello.  

Tussy es de la misma opinión, y August, a quien le he leído tu carta y lo anterior, está completamente de acuerdo.  

Así que no te preocupes, todo esto se encarrilará por sí solo.  

Tu viejo  
F. Engels