en Le Perreux

[Londres] 14 de marzo de 1892

Mi querida Laura:

Tengo ante mí un montón entero de cartas tuyas, un montón tal que apenas me atrevo a echarles una mirada sin avergonzarme — pero no puedes imaginarte lo sobrecargado que he estado, cómo he sido interrumpido, ¡tracassé, embêté!, etc., etc., por toda clase de gente. Mi mejor tiempo de trabajo —de enero a abril— se ha malgastado, y no he tenido un solo momento para echar siquiera un vistazo al tomo III, que para Pascua quería adelantar a toda costa un buen trecho, más allá del punto crítico. Todo ilusiones vanas. Mi tiempo está ya ocupado hasta una semana después de Pascua (hacia el 10 de abril tendré aquí a Bebel por unos catorce días; antes he de ir aún a Ryde, a visitar a Pumps, que ha pasado una mala temporada. Percy ha tenido 1. gripe, 2. pulmonía, y 3. está ahora por fin con pleuresía), y hará falta un maldito despliegue de energía y la firme resolución de no contestar más carta alguna ni realizar trabajo alguno para nadie, sea quien sea, si quiero emplear mayo y junio para el tomo III.

Pero, ¡al diablo con esto!, tú no quieres oír mis lamentos. ¡Me alegra que haya perspectivas de un diario en París! Con eso se compensan no pocos reveses en otras partes del mundo. Aunque los reveses se vuelven cada vez más raros para nuestro partido, si no los provocamos nosotros mismos. Tenemos aliados excelentes. ¡El joven Guillermo se jacta de su aliado, el buen Dios, quien desde la creación del mundo ha dispuesto todas las cosas de manera que redunden en suprema gloria de la monarquía prusiana en general y del joven Guillermo en particular. Pero el pobre muchacho no ve que es, todo el tiempo, un aliado mejor para nosotros de lo que Dios jamás fue o será para él; y aunque lo viera, no podría cambiarlo, ¡está en la naturaleza de la cosa!

Mi artículo del «Almanach» y de la «Neue Zeit» ha sido traducido ahora al italiano (la «Critica Sociale» me metió en una disputa con ese confusionario del ilustre Bovio), al rumano («Revista Sociala»), al polaco («Przedswit») y al inglés («People» de Nueva York).

Acabamos de regresar (3:30 de la tarde) de Highgate; el cementerio está en un estado espantoso, por todas partes arcilla blanda: llevábamos media tonelada pegada a las suelas. Sobre la tumba, Tussy (supongo) ha plantado un pequeño ciprés, y uno de los viejos bulbos de azafrán ha empezado a florecer. La rama de hiedra que Motteler trajo de la tumba de Ulrich von Hutten en la isla de Ufenau, en el lago de Zúrich, y que plantamos después del entierro de la pobre Nimmy, tras haberla criado en nuestro balcón, ya fue despojada el verano pasado de su mejor parte, pero lo que ha quedado crece ahora bien y está profundamente arraigado en la tierra, de modo que no es posible una ulterior profanación.

Aquí estamos igualmente ocupados con el 1º de Mayo. Se teje un juego de intrigas de lo más hermoso, se corta en pedazos y se vuelve a tejer a la manera de Penélope. ¡El 8 Hours Committee!!! (Edward, Tussy y sus amigos) intentó ser el primero en el terreno, pero el Trades Council, ese residuo reaccionario de los viejos trade-unions, se les adelantó. Ahora el Trades Council y la Social Democratic Federation son, por el momento, amigos, contra todos los demás; de momento no compiten entre sí y tienen el interés común de derrotar a todos los «outsiders». Así, cuando el 8 Hours Committee propuso actuar conjuntamente con el Trades Council, exactamente igual que el año pasado, fue desairado con desprecio. Pero luego el 8 Hours Committee se aseguró el parque antes de que el Trades Council hubiera pensado en ello, y después ofreció de nuevo colaboración al Trades Council, lo que fue rechazado otra vez con altanería. Entonces ambas corporaciones se dirigieron a la Metropolitan Radical Federation (de los clubes radicales) para colaborar con ella. La Metropolitan Radical Federation decidió mediar, pero en todo caso marchar junto con el 8 Hours Committee, al que corresponde el mérito de haber puesto en marcha todo el movimiento. De este modo, el Trades Council y la Social Democratic Federation, que sobrestimaron sus fuerzas como de costumbre, se han colocado en una situación desagradable: o tienen que ceder, o tienen que realizar una demostración por separado y cargar con la responsabilidad de la escisión. En cualquier caso, nuestra demostración es ahora un éxito seguro, hagan lo que hagan los otros.

Hyndman se vuelve cada día más necio. Su ciego odio a los alemanes le lleva a apoyar a los berlineses «Independientes» y a conservar como su jefe de estado mayor alemán a ese abominable bribón de Gilles, quien manifiestamente está a sueldo de la embajada alemana y fue expulsado junto con una serie de descontentos del Deutsche Kommunistische Klub de aquí (nuestra antigua «Verein»). De esta manera, Hyndman ha perdido ahora incluso el escaso apoyo extranjero que recibía; en Alemania solían tener un poco en consideración su posición como líder al menos de una «sección» de los socialistas ingleses, pero eso se lo ha malogrado; en Francia, sus amigos Brousse y Cía. han caído tan bajo que hasta el propio H[yndman] tuvo que protestar contra su programa «Hygiene» para su próximo congreso. ¡Se añora una buena, fuerte y revolucionaria ráfaga de viento que barra a todos estos miserables Jammerkerle — pero eso también llegará, aunque lentamente, tan lentamente como todo llega en estos «malditos schleswig-holsteinenses» (como llamaba Marx a los ingleses), pero cuando llega, es seguro.

Tenía la intención de adjuntar unas líneas para Paul. Recibí una carta suya desde Marsella — pero es casi la hora de comer, y temo ser interrumpido a la mitad. Me temo que su nueva alianza con Granger y Cía. no surtirá efecto a su satisfacción. En primer lugar, esos hombres demostraron ser absolutamente indignos de confianza cuando se pasaron a Boulanger, y sólo podemos esperar ser traicionados por ellos a la primera ocasión. En segundo lugar, dice Paul que tenemos que cosechar donde Boulanger ha sembrado. De acuerdo, pero ganar a las masas y dejar caer a los líderes, tal como se pretendió con los posibilistas; sin embargo, esos líderes no tienen masas detrás de sí y son ellos mismos compañeros sumamente indeseables. En tercer lugar, se han infiltrado en la Cámara bajo falsos pretextos y en las próximas elecciones serán expulsados con seguridad, de modo que me parece que nuestros amigos se apoyan en una caña ya quebradiza. Y en cuarto lugar, esos individuos son, en lo que respecta a la política exterior, chovinistas declarados —de otro modo no habrían podido ser elegidos—, y si Paul y sus amigos forman un partido con ellos, pueden ser mayoritariamente derrotados, expulsados o empujados a la escisión en la próxima ocasión. Espero equivocarme, pero me temo que no es el caso. El paso de esos sujetos a Boulanger fue una traición imperdonable, y yo habría preferido a Vaillant antes que a toda esa banda — de hecho, consideré una bendición que se hubieran imposibilitado a sí mismos.

Louise te escribirá tan pronto como le sea posible. No se ha sentido bien los últimos ocho días y justo ahora empieza a recuperarse. Mañana tengo que visitar al viejo Harney en Richmond, donde está postrado con un catarro de la laringe y su gota reumática. Y luego quieres que les diga algo a los parisinos sobre el 18 de marzo. ¡Que me lleve el diablo si supiera qué! Mais nous verrons!

Siempre tuyo
F. E.

Saludos afectuosos de Louise.