en Berlín

Londres, 19 de febr. de 92

Querido August:

Ante todo, cordialísimas felicitaciones por tu cumpleaños y many happy returns of the day, como se dice aquí; asimismo por tu vigésimo quinto aniversario parlamentario, o sea, tus bodas de plata con el parlamentarismo, que también han de cumplirse por estos días \[^{#2}\]. Bueno, precisamente en estos días has demostrado a esos tipos lo que tienen en ti, y nosotros, aquí, lo hemos vivido con gran alegría.

En efecto, las cosas se agudizan en Alemania. Mucho tiene que haberse avanzado cuando entre los nacional-liberales \[^{!!}\] se manifiestan repetidamente veleidades de oposición y Richter puede soñar con un “gran partido liberal” alemán \[^{}\]. La sociedad capitalista, que aún no ha sometido formalmente al Estado, que ha dejado el gobierno real en manos de una casta hereditaria monárquico-burocrática-junker y ha tenido que contentarse con que, en líneas generales, sus propios intereses sean los que en última instancia decidan, esta sociedad —tal como está situada en Alemania— vacila entre dos corrientes: por un lado, la alianza de todas las capas sociales oficiales y poseedoras frente al proletariado; esta corriente conduce finalmente a la “masa reaccionaria única” y, en un desarrollo tranquilo, acaba imponiéndose. Por otro lado, existe una corriente que una y otra vez pone al orden del día el viejo conflicto no dirimido por cobardía, el conflicto entre la monarquía con sus reminiscencias absolutistas, la nobleza terrateniente y la burocracia —que se imagina estar por encima de todos los partidos— y, frente a todas ellas, la burguesía industrial, cuyos intereses materiales resultan perjudicados a cada hora y a cada día por estos elementos caducos. Cuál de estas dos corrientes prevalezca en cada momento lo determinan azares personales, locales, etc. En este instante parece que la segunda quiere imponerse en Alemania, con lo cual, naturalmente, los reyes de la industria a lo Stumm y los accionistas de las sociedades industriales, en su mayor parte, se sitúan del lado de la reacción fenecida. Desde luego que esta reproducción recalentada por enésima vez del viejo conflicto de 1848 sólo puede tornarse muy seria si el gobierno y la nobleza terrateniente, envalentonados por sus éxitos hasta ahora, cometen auténticas locuras. Pero no lo considero imposible, ya que las singulares veleidades personales de arriba encuentran apoyo en la creciente convicción de los junkers de que la industria no podrá soportar a la larga los aranceles sobre las materias primas y los medios de subsistencia. Hasta dónde se llevará este conflicto depende, como he dicho, de azares personales.

Lo característico es que se actúa según la vieja práctica: se golpea el saco y se apunta al burro (o, mejor dicho, a los dos). Se golpea a la socialdemocracia, pero de paso se alcanza de lleno a la burguesía, en lo político, primero, en sus principios liberales —que durante 60 años ha ostentado con jactancia— y en el poco peso directo que tiene en el poder estatal, y más tarde, si la cosa marcha bien, también en lo económico, y se sacrifican sus intereses a los de la propiedad territorial.

Parece, pues, que está en marcha un fuerte viraje a la derecha, y éste toma como pretexto la necesidad de quebrar nuestro ascenso. ¿Qué puede afectarnos?

1. ¿Ley contra los socialistas? La hemos superado y ahora, cuando moralmente somos un 100% y materialmente por lo menos un 50% más fuertes que el 1 de octubre de 1890, la superaríamos jugando. Además, difícilmente encontrará mayoría.

2. ¿Un endurecimiento reaccionario del derecho penal contra la prensa, las asociaciones y las asambleas? El Centro \[^{!!}\] no puede admitirlo, y sin el Centro no se puede hacer. 93 conservadores de ambas fracciones \[^{!?#!}\] y 42 nacional-liberales necesitan 66 hombres del Centro para tener mayoría. Si éstos se sumaran, el Centro quedaría disuelto, y eso también valdría algo. Eso, y la colosal ira que tales medidas retrógradas provocarían en el pueblo, nos resarciría con creces de la coerción infligida.

3. ¿Restricción del derecho de sufragio y del voto secreto? El Centro no puede en modo alguno sumarse; los curas no son tan estúpidos como para cortarse ellos mismos el gaznate. Y sin el Centro faltan de nuevo entre 60 y 70 votos.

4. ¿Intentona golpista? Fracasa por los príncipes. Toda violación de la constitución amenaza al Reich con la disolución y desliga a cada uno de los príncipes de todos sus deberes hacia el Reich. Ahora bien, si se los hubiera ganado a todos para algo así (lo cual nunca ocurre), para que subsista el Reich tendrían que consentir además sus herederos al trono —¡en su mayoría menores de edad!—; por tanto, descartado.

5. Queda lo único probable: una práctica administrativa, policial y judicial más rigurosa, tal como se anuncia en el inaudito fallo Peus \[^{)}\]. También eso lo aguantamos y pronto aprenderemos a adaptarnos. Posiblemente pueda aderezarse aún con el ordinario estado de sitio, pero éste sólo es peligroso las primeras semanas, después se duerme por sí mismo y, además, únicamente puede declararse en partes aisladas del Reich; por lo demás, la burguesía también se harta de él y puede verse empujada así aún más a la oposición.

Así pues, si los señores prusianos no hacen otros inventos completamente nuevos, geniales, por así decir, ametralladoras y cañones Maxim intelectuales y morales, podrán vejarnos, pero siempre nos beneficiarán más que perjudicarnos. Un poquito de auténtica dominación junker no vendría nada mal. Pero me temo únicamente que esa gente no es lo bastante firme para ello; bastantes veleidades, pero ninguna fuerza suficiente; el espíritu está dispuesto, pero la carne es débil. Ésa es justamente la desgracia, que entre nosotros ambos bandos, junkers y burguesía, son tan lamentablemente enclenques.

Tu discurso contra Stumm del viernes 12/2 lo leí anoche con verdadero deleite; esa improvisación fue magnífica y uno ve cómo hizo impacto. \[^{%#”!}\] Por el discurso sobre la cuestión militar, llegado hoy, siento también enorme curiosidad. \[^{#8!}\]

Mucho nos ha alegrado tu anuncio de que estarás aquí hacia el 10 u 11 de abril; todo está en orden para ti, y si viniera Schorlemmer, también podremos alojarlo, está previsto. La langosta con mayonesa te quedará asegurada también según tu carta de hoy a Louise; de lo contrario, ya había urdido un pequeño plan para ese caso, pero seguramente ya no será necesario. De las ostras asumo igualmente la responsabilidad, y lo mismo de la selección de las bebidas que las acompañen. Afortunadamente, Louise no es menos entusiasta que tú y yo de estos dos placeres, y sobre esa base siempre es posible un entendimiento. Que es una bruja, bien lo sabe ella y no poco orgullosa está, pues dice que en Viena todas las brujas son encantadoras. Y dicho sea entre nosotros, creo que ni tú ni yo nos llevaríamos tan bien con ella si no fuera una bruja.

Pero en lo tocante a Otto Wigand, sólo puedo decir que, hasta que liquide el tomo III de El Capital, no puedo embarcarme en nada que me cueste trabajo. Las cartas que a diario me llueven de todos los países y los demás asuntos corrientes ya me retrasan bastante, de modo que dejadme por fin quitarme de encima este albatros, para recobrar libertad de movimientos. Y estoy justamente en una sección para la que necesito unos cuantos meses enteramente libre, sin perturbaciones, a fin de terminarla. Si Dietz quiere hablar personalmente con Wigand sobre el asunto, sin atarme a mí en modo alguno, que lo haga, si cree que puede alcanzar un resultado. Puede decir que tiene razones para suponer que yo creo que él, Dietz, posee mejores medios de distribución para una nueva edición que Wigand y que estoy dispuesto a cederle a él, Dietz, la publicación, en caso de que se ponga de acuerdo con W[igand]. Sólo que yo: 1. no puedo declararme obligado de antemano por lo que Dietz manifieste a Wigand, y 2. no puedo enviarlo a W[igand] como mi representante. ¡Oficioso, pero no oficial! Que lo sondee y, si las condiciones le convienen (de modo que quede, para mí, es decir, para los fines del partido, un honorario adecuado a las circunstancias), que se sirva, y con certeza no lo abandonaré. Sólo que no quisiera quedarme entre dos sillas, es decir, que Wigand no quiera y Dietz no pueda.

Es un verdadero placer que ahora vuelva a haber vida en el cotarro. Quién sabe si, con la apasionada gobernante, no terminarán disolviéndose tanto vuestro Reichstag como la Cámara francesa. Algo mejor no podría ocurrirnos. Pero lo que no concibo es que ahora, cuando en el Reichstag se libran batallas realmente decisivas, Liebknecht esté en el estanque de las ranas de Dresde \[^{!}\]. Yo daría diez mandatos sajones por el derecho a decir una palabra ahora en el Reichstag.

De todos modos, quién sabe si, desde círculos del partido de tipo tímido, se nos acusa a ambos de haber hablado a destiempo de la escuela y haber provocado con ello amenazantes medidas reaccionarias. Mi artículo en la “Neue Zeit” \[^{?}\] ha dado en el blanco; lo demuestra el obstinado silencio de la prensa burguesa y gubernamental, que de ordinario sí se lanza enseguida sobre cosas así. Entretanto ha aparecido en italiano, polaco y rumano, y me ha envuelto en Italia en una polémica con el viejo y benévolo asno de Bovio\[^{}\].

A la señora Julie no puedo, por desgracia, contestar hoy mismo a su venerable carta, pues he pasado toda la mañana en una conferencia con Aveling para cotejar su traducción del “Desarrollo del socialismo” y esta carta tiene que salir hoy, sábado, para encontrarte el lunes. Pero en la próxima ocasión subsanaré la omisión y, entretanto, sólo puedo repetir cuánto lamentamos que no la veamos también a ella aquí. ¡Bueno, eso ya llegará todavía!

Cordiales saludos. Tuyo,
F. E.