en Barmen

Londres, 4 de febr. de 1892

Querido Hermann:

Pferdmenges y Cía. me han remitido puntualmente el 1/2 de febr. £ 30 a la vista, por lo cual te doy las mejores gracias. El dinero me ha venido ciertamente muy a propósito; después de los gastos de Navidad, enero y febrero son siempre para mí la época de estrechez, en la que he de andar con apuros. ¿No hará falta un acuse de recibo oficial a la firma?

Igualmente, las mejores gracias por la información acerca de las Schaaffhausens. Por lo pronto no pienso deshacerme de ellas, pero pudiera ocurrir que reciba de otras sociedades de aquí asignaciones de acciones a la par que me rindan más, y para ese caso quería saber cómo he de proceder.

Me han alegrado mucho las muchas noticias de casa y que a todos vosotros os vaya en conjunto bastante bien. Que Hedwig quiera también volver a escribirme me alegra mucho; cuando la veas próximamente, dile por favor que me lo he apuntado en la cuenta y que la tomaré la palabra.

Y ahora, ¡aún las mejores gracias por las fotografías! Tenéis un aspecto todavía muy lozano, en particular Emma, y tú tampoco estás más preocupante que hace ya años; ¡qué diantre!, tú y yo siempre salimos con una cara tan seria en las fotografías. Yo me desquito adjuntándoos dos mías, tomadas ciertamente ya hace un año (febrero del 91), pero no creo que desde entonces haya cambiado mucho; si los demás también quieren algunas, quedan a su disposición con mucho gusto, a cambio de reciprocidad.

No sé si vuestro procedimiento de declaración del impuesto sobre la renta (¡palabra de 13 sílabas!) es muy distinto del de aquí; pero aquí estamos acostumbrados a ello desde hace más de 40 años, y, dicho sea entre nosotros, nunca me ha llegado un caso en que una firma haya declarado sus verdaderos ingresos; casi siempre un 30, un 40, un 50% e incluso más por debajo. Y todo eso pasa sin más, pues tan pronto como el gobierno le pone dificultades a una firma por declaración insuficiente y exige la presentación de los libros —para lo cual tiene derecho—, todo el mundo de los comerciantes clama contra procedimientos inquisitoriales, y la prensa entera arma un escándalo. Lo único que el gobierno puede hacer en la práctica es elevar la estimación impositiva por sí mismo según su propio criterio; si el afectado no quiere aceptarlo, entonces tiene que presentar él mismo los libros. Esto sale a menudo adelante, pero si el gobierno comete esa maniobra precisamente con quien no corresponde, que en el año en curso, excepcionalmente, no ha ganado más que la suma declarada desde hace años, entonces vuelta a empezar con los gritos. Y así, el gremio de los comerciantes está bastante a salvo, pero nosotros, los pobres rentistas, tenemos que sangrar: 1. ya nos descuentan el impuesto de los dividendos, intereses hipotecarios, etc., antes de que recibamos el dinero; y 2. ¡ay de nosotros si tenemos otras fuentes de ingresos y no se las declaramos voluntariamente a la autoridad fiscal, e incluso no se las ponemos formalmente en las narices con la declaración! Las 18 o 24 libras que he de declarar anualmente de forma expresa allí por mis ingresos me causan más molestias que todo lo demás junto —en lo referente al impuesto. Por eso te quedaría muy agradecido si me enviaras mi cuenta corriente lo antes posible; el 1 de mayo recibimos los formularios y el 20 tienen que devolverse ya rellenados, y en caso de vejaciones tendría que presentar precisamente la cuenta corriente como justificante, de modo que tiene que cuadrar con ella.

Con cordiales saludos a todos vosotros en Ober- y Unterbarmen,

tu viejo

Friedrich