en Stuttgart

Londres, 26 de enero del 92

Querido Barón:

¡La corrección del artículo! la devolví ayer inmediatamente. De la del «Antiproudhon» no puedo ocuparme; tengo que volver cuanto antes al tomo III, y como debo revisar la traducción inglesa de la «Evolución» —que no puedo rechazar, pues se me hace responsable de lo que de ese género aparece en Londres—, no puedo en absoluto encargarme de nada más.

Si los berlineses objetaran algo en mi artículo, te ruego que pongas puntos suspensivos. Las atenuaciones no son admisibles, porque el original francés es accesible a cualquiera y podrían interpretárseme como falsificaciones.

Te agradeceré las pruebas de la «Misère»; el prólogo tendré que volver a verlo de todos modos.

A Dietz, que me ha endilgado el borrador de un mensaje a Bebel por su 25.º aniversario parlamentario, le he escrito que de ahora en adelante envíe todos mis honorarios a Adler. Los berlineses se llevan de todas formas la parte del león, pues no puedo sustraerles los honorarios por lo que aparece en la editorial Vorwärts. Así que esto es de pura equidad.

O sea que Julius ha sacado felizmente a Gilles, con su trabajo de zapa, de la asociación con 48 votos contra 21, el domingo por la mañana a las 3. Llevó la campaña muy bien y vino el domingo por la tarde; estaba muy contento y contó las negociaciones con los de la asociación con un humor magnífico: se ve a la gente viva delante de uno. Fue la vieja historia: primero los dormilones creían que sólo eran siete hombres, y cuando se examinó el asunto, resultaron cerca de cincuenta, que eran buenos pero perezosos, y cuando se los sacudió a todos juntos, se acabó el cuento de Gilles. El asunto es importante porque le quita el suelo bajo los pies entre los ingleses; Hyndman lo tiene ahora agarrado él solo de los faldones y no lo soltará.

También Hyndman ha sufrido duras derrotas. Lee en el «Workman’s Times» de la semana pasada las negociaciones de los delegados en el Social-Democratic-Federation-Hall, Strand, a propósito del mitin por la libertad de expresión en World’s End, Chelsea. Allí Shaw, Burns y Tussy lo acosaron con fuerza. Burns dijo que, si se llegase al aprieto, esperaba que no hubiera que buscar a los oradores en los retretes (¡como a Hyndman en Trafalgar Square!), etc. Hyndman habría podido salvar la cosa si, en lugar del punto insostenible de World’s End (¡trescientos hombres constituyen una obstrucción del tráfico ante la cual la policía tiene que intervenir!), hubiera escogido Sloane Square; lo abandonó cuando lo multaron con un chelín. Los gasistas dijeron que irían si había ganas de repartir golpes y pondrían oradores si Hyndman quería ser presidente. ¡Vaya! En resumen, por fin le refregaron su cobardía por las narices. El domingo le fue todavía peor en la reunión de delegados a causa del mismo asunto. Un hombre de la Social Democratic Federation dijo que la Social Democratic Federation era demasiado débil por sí sola para llevar a cabo la cosa, y que, como aparentemente estaba sola, debía abandonarse el plan; otro dijo que no debía arrestarse a Hyndman, pues la Social Democratic Federation vive sólo de las subvenciones de gentes de la clase media, especialmente de Hyndman y Hunter Watts. El burro se ha enredado de tal modo en sus propias intrigas que las cosas pueden ponérsele muy mal. Toda la gracia estaba, como él mismo dijo en privado, en que si se podía mantener el alboroto por el derecho de reunión en World’s End hasta la disolución del Parlamento, su elección en Chelsea (donde es candidato) estaría asegurada.

Muchos saludos. Te felicito por el segundo hijo. Pero ya sería hora de que introdujerais un ritmo más moderado. Nos alegramos de que madre e hijo estén bien. Aquí sigue la influenza a más no poder; Percy la ha tenido y después una inflamación pulmonar; yo espero con dolor noticias de Pumps. También Louise tuvo un leve soplo de ella, y lo mismo Aveling.

Así pues, otra vez cordiales saludos de parte de Louise y de

Tu
General