en Le Perreux

Londres, 20 de enero de 1892

Mi querida Laura:

Anoche recibí una carta de Paul desde Burdeos, en la que me ruega que te envíe un cheque para pagar al propriétaire. Nada me alegraría más que poder ayudarte a superar este mal trago, pero lo cierto es que enero y febrero son mis peores meses del año. Las Navidades me dejan casi exhausto, y antes del 1 al 5 de marzo apenas puedo esperar ingresos. De hecho, todavía no sé cómo superar yo mismo este mal período, pues he tenido que hacer, aparte de los gastos navideños habituales, algunos desembolsos extraordinarios considerables. Tuve que prestarle dinero al viejo Harney cuando estuvo enfermo, y Tussy y Edward me pignoraron los ingresos de cuatro contratos con Sonnenschein, a cuenta de los cuales les he adelantado una bonita suma redondeada que Sonnenschein solo va reingresando poco a poco y en fechas bastante inciertas (desde luego, no ahora, cuando más la necesito). Yo mismo estoy realmente en aprietos. Pero si consigues encontrar a alguien que te adelante lo necesario y a quien yo pueda extenderle un cheque por el importe, fechado, digamos, el 5 de marzo, de modo que no pueda presentarse antes de esa fecha, entonces puedes disponer de mi cheque con todo gusto. Pienso que Deville podría hacerlo, pues mi cheque es absolutamente seguro. En ese caso, te ruego me comuniques la suma, pues Paul solo habla de «un cheque».

Mi artículo en el «Almanaque» aparece en italiano en la «Critica Sociale», y ayer pude por fin enviar a Bebel el texto alemán del mismo, con una posdata bastante larga sobre la hambruna rusa, que por algún tiempo asegura la paz y priva a mi artículo de su actualité más candente.

La lucha contra Hyndman & Co. prosigue aquí; en este momento, la Communistischer Arbeiterbildungsverein [Sociedad Comunista de Cultura Obrera] es el principal escenario, y hay perspectivas de que Gilles sea derrotado y expulsado, y entonces Hyndman, con su especulación alemana (al apoyar a Gilles), se habrá llevado un chasco aún peor que con su especulación francesa respecto a Brousse.

Hyndman es, como sabes, candidato al Parlamento por Chelsea. Cuando la policía puso fin a sus mítines en Sloane Square, fue condenado a una multa de 1 chelín, la pagó y abandonó Sloane Square. Ahora hace que la Federación luche por un lugar mucho peor en Chelsea, llamado World’s End (el nombre ya indica sobradamente que no es sitio para mítines públicos). La Federación permitió que unos 15 o 18 hombres fueran citados y condenados, y luego intentó, bajo el pretexto de que «el derecho de reunión pública está en peligro», ganarse a las demás organizaciones para que libraran la lucha por ella. Pues Hyndman decía que, si lograba prolongar esta camorra hasta la disolución del Parlamento, su escaño estaría asegurado. Pero eso no va a salirle bien. Los gasistas declararon que, si el propio Hyndman asumía la presidencia, ellos aportarían oradores, aun a riesgo de que estos fueran detenidos y condenados. La semana pasada, en un mitin en el que participaron Burns, Edward y Tussy, se le atacó duramente a H{yndman} por su cobardía, y al final se abandonó prácticamente el intento de salvar a H{yndman} mediante la intervención de las demás organizaciones y tradeuniones. Croesel, uno de nuestros mejores alemanes aquí, le dijo a H{yndman} a la cara, en una asamblea pública de delegados, que era un mentiroso, y este se lo tragó.

Ahora tengo que visitar a Ede Bernstein, que ha tenido gripe; así pues, hasta la vista. Louise opina que, ya que Paul está siempre ausente, podrías aprovechar tu tiempo libre para escribir algo para la «Arbeiterinnen-Zeitung»: ya ves, le encantaría que el periódico vienés superara al de Stuttgart, cosa que, por lo demás, no debería ser difícil. Este último lo dirigió primero la señora Ihrer, y ciertamente de un modo diabólicamente malo, y ahora lo tiene la pobre Clara Zetkin, y los dos primeros números son en verdad muy flojos y aburridos. Así que, si tienes algo que decir sobre ces charmantes françaises y su movimiento, tanto mejor.

Espero que a tu familia animal le vaya bien; aquí reina la gripe, aunque hasta ahora nuestras dos criadas solo han pasado por ella de refilón. Louise sufre de lo que mi pobre mujer solía llamar «dolores por todas partes» (reumatismo muscular generalizado), pero a mí todavía no me ha pillado.

Siempre tuyo

F. Engels