en Hoboken

Londres, 6 de enero de 1892

Querido Sorge:

Espero que hayas recibido nuestra tarjeta de felicitación de Año Nuevo. Hoy contesto a tus cartas del 20 y 23 de noviembre y del 9 de diciembre.

He superado felizmente mi 71 cumpleaños y, en conjunto, estoy más sano y más fuerte que hace cinco o seis años. Si aún viviese hasta 1900 –aunque no sé si ello sería una suerte o una desgracia–, pienso que aún llegaré a vivir no pocas cosas. Tenéis en América un movimiento que se mueve en _ups and downs_{1}_, que depara constantes desilusiones y que, por eso, puede llevar fácilmente al pesimismo. Yo tengo aquí, ante mis ojos, el movimiento europeo, que, en conjunto y en lo grande, avanza enormemente, y en su centro, el movimiento alemán, que progresa tranquilo con una fuerza natural incontenible, y por eso me inclino más bien al extremo opuesto. Algo he escrito sobre esto en el almanaque francés, que te enviaré en cuanto reciba un segundo ejemplar.{*0}

La guerra con Rusia ha sido aplazada felizmente por tres o cuatro años, a no ser que en alguna parte ocurran locuras. Puesto que el desarrollo tranquilo en Alemania nos promete la victoria en las circunstancias más favorables, aunque sea algo más tarde, tanto más segura, no tenemos motivo alguno para trabajar en pro del juego de todo o nada, y un juego de todo o nada tendríamos forzosamente que jugar en caso de una guerra semejante.

En América, creo yo, no hay aún espacio para un tercer partido. La diversidad de intereses, incluso dentro de la misma fracción de clase, es tan grande en aquel territorio inmenso, que en cada uno de los dos grandes partidos, según la localidad, están representadas fracciones e intereses completamente distintos, y, en gran medida, casi cada estrato particular de la clase poseedora tiene representantes en cada uno de los dos partidos, aunque, en conjunto, la gran industria constituye hoy el núcleo de los republicanos, así como la gran propiedad territorial del Sur constituye el de los demócratas. Esta aparente casualidad de la amalgama

{1} en auges y recaídas

proporciona precisamente el famoso terreno para la corrupción y la explotación del Estado, que tan espléndidamente florecen allí. Sólo cuando el terreno –las tierras públicas– esté totalmente en manos de los especuladores, cuando, por tanto, la colonización se torne cada vez más difícil o quede, respectivamente, entregada a la estafa, sólo entonces, a mi parecer, si el desarrollo es tranquilo, habrá llegado la hora para un tercer partido. El suelo es la base de la especulación, y la furia especulativa americana y su posibilidad constituyen la palanca principal que mantiene a los obreros nativos bajo el hechizo de la burguesía. Sólo cuando exista una generación de obreros nativos que ya nada pueda esperar de la especulación, sólo entonces tendremos terreno firme en América. Pero, por supuesto, ¡quién puede contar en América con un desarrollo tranquilo! Allí se dan saltos económicos, como en Francia políticos –aunque también, ciertamente, las mismas recaídas momentáneas–.

Los pequeños _farmers_ y pequeño-burgueses difícilmente llegarán jamás a formar un partido fuerte; están compuestos de elementos que cambian con demasiada rapidez –el agricultor, a menudo, todavía agricultor errante, que cultiva sucesivamente dos, tres, cuatro granjas en distintos estados y territorios_{2}–; la inmigración y la bancarrota fomentan el cambio de personas en ambos grupos; la dependencia económica del acreedor obstaculiza también su independencia, pero, en cambio, son un elemento famoso para los políticos, que especulan con su descontento para venderlos después a uno de los grandes partidos.

La “tozudez” de los _yankees_, que vuelven a recalentar incluso el embuste de los _greenbacks__{3}_, es consecuencia de su atraso teórico y de su desprecio anglosajón por toda teoría. Por ello se ven castigados con la superstición hacia toda clase de disparates filosóficos y económicos; sectarismo religioso y experimentos económicamente estúpidos, de los cuales, sin embargo, sacan provecho ciertas camarillas burguesas.

Louise te ruega que le envíes sólo el _Woman’s Journal_ (Boston) y esto únicamente hasta el 31 de marzo, a menos que, para entonces, hayamos escrito algo en otro sentido. Lo necesitaba para el _Arbeiterinnen-Zeitung_ de Viena (ella, Laura y Tussy forman el estado mayor) y dice que no se le podría ocurrir imponer a las obreras el fárrago de las _swellmobladies__{4}_ americanas. Gracias a tus amables envíos se ha puesto de nuevo _au courant__{5}_ y se ha convencido de que estas damas siguen siendo tan altaneras y estrechas de miras como siempre, y sólo quiere conceder unos meses de prueba a ese único periódico. Entre tanto, te da muy sinceramente las gracias por tu amabilidad.

{2} Territorios – {3} véase la presente edición, t. 38, págs. 272-274 – {4} damiselas de alto copete – {5} al corriente

Lafargue se ha dejado desconcertar un poco, la primera vez en la Cámara, por las interrupciones y los gritos.{#7!} Pero ya se repondrá. Los franceses se corrigen siempre en la lucha directa.

La historia con Gompers es así. Me escribió y me envió extensos _papers_ de su sociedad.{#!} Yo estaba por entonces –en verano– ausente con frecuencia, y, en los intervalos, colosalmente ocupado; además, la cosa no me estaba en modo alguno clara; pensaba: _Iliacos extra peccatur muros et intra_. Luego se dijo que Gompers vendría a Bruselas o, en su caso, aquí; pensé, pues, despachar el asunto oralmente. Después, cuando no vino, dejé dormir la cosa. Pero buscaré los papeles y le contestaré entonces, agradeciéndole el envío.

He escrito estos días a K. Kautsky{?2!} y le he encargado que pregunte a Dietz por lo de la tirada aparte de tus artículos{237!}, y aún espero respuesta. En Alemania se dice: vísteme despacio, que tengo prisa, sobre todo en Stuckert a orillas del Neckar.

Blatchford ha salido del _Workman’s Times_, lo cual es una gran ganancia. Por lo demás, el periódico muestra los defectos que una empresa privada de este tipo ha de tener siempre aquí, mientras no haya tras ella un partido lo bastante fuerte para controlarlo.

Ahora tengo que leer: 1. corrección de pruebas de la reedición de _La situación de la clase obrera en Inglaterra en 1844_; 2. revisar la traducción de Aveling del _Desarrollo del socialismo*_; 3. algunas cosas pequeñas, y luego, 4. vuelta de nuevo al tomo III, en el que precisamente tengo ante mí los capítulos más difíciles de todos. Pero creo que, rechazando enérgicamente todos los intermedios, la cosa marchará. Lo que luego quede por hacer, creo que sólo me planteará dificultades formales.

Muchos saludos para tu mujer y para ti, de L. K[autsky] y de

tu

F. Engels