en Le Perreux

London, 19 de diciembre de 1891

Mi querida Laura:

Hoy precisamente tengo tiempo para comunicarte que la caja con el
habitual budín, pasteles, etc., ha sido remitida ayer por la vía acostumbrada,
felizmente, a tu nombre, y espero llegue sana y salva y puntualmente a
vosotros.

20 de dic. — Ya ves que ayer no tuve «precisamente tiempo», pues me
llamó la campana de la comida, y como eran las 5 y 20 y quedaban sólo diez
minutos hasta el cierre del correo, juzgué mejor esperar hasta hoy. _

Schorlemmer no puede venir por Navidad esta vez, y Pumps y familia,
a quienes visité la semana pasada unos días en Ryde, se hallan en el mismo
caso. Por eso se me vino la idea de si no significaría para ti y para Paul
una pequeña distracción y descanso el venir y tomar posesión, por una
semana más o menos, del dormitorio delantero de arriba. Seguramente
tendréis que desear una interrupción de esta vida inquieta en que la elección
de Paul y sus consecuencias os han puesto a ambos. Y el cielo claro de
París tiene que suscitar nostalgia de la buena, anticuada niebla de Londres,
como la que ahora me envuelve. Por eso espero que os decidiréis y, si Paul
tuviese obligaciones hasta Navidad, podrías tú venir primero, y él te sigue
la semana próxima, para pasar al menos el cambio de año de 1891 a 1892
con nosotros.

Entre tanto no debo olvidar «los mejores deseos por las fiestas» y la
forma tradicional y consagrada en que he de ofrecértelos, a saber, mediante
el adjunto pedacito de papel rosa, que espero tengas la amabilidad de
aceptar de mi parte.

Schorlemmer sigue sufriendo de sordera, pero confía en curarse si logra
evitar los resfriados este invierno. Por eso no tengo corazón para apremiarle,
tanto más cuanto que su médico del oído dice que de Londres vuelve siempre
en peor estado del que se fue.

Me alegra que Paul haya presentado una proposición sobre la separación
de la Iglesia y el Estado. En su primer discurso me parece que las violentas
interrupciones de todas partes le impidieran exponer con claridad y sin
equívocos lo que quería decir, y que Dumay y los radicales, e incluso
Floquet, han tratado de usar eso como pretexto para su crítica barata. La
proposición de Paul restablecerá la claridad.

Mi querida Laura, la niebla se hace tan densa que tengo que dejar de
escribir para no echarme a perder los ojos — escribir a la luz del gas me
está todavía terminantemente prohibido. Así espero saber pronto que te
alistas para el viaje, y quedo, con saludos cordiales de Louise,

siempre tuyo

F. Engels