en Le Perreux

Londres, 9 de nov. de 91

Mi querida Laura:

¡Victoire! Aunque en uno de sus rincones más apartados, escondida entre las notas que ayudan a llenar columnas, el *Daily News* nos informó de que Depasse (quien ahora haría bien en cambiar la *a* de su nombre, fuente de tantos retruécanos, por una *i*) fue derrotado por Paul por unos 1400 votos.¹⁾ Así que los dos brindis que ayer hicimos con oporto y vino tinto no han sido en vano. Bien, con esto se ha ganado mucho. Y casi más valiosa que la victoria misma es la manera como se obtuvo, convirtiendo una simple elección parcial en una gran acción política cuyas consecuencias son imprevisibles. Paul bien podría apostar que su Constans no se queda atrás frente al *roi de Prusse*¹ como promotor involuntario del socialismo; sin embargo, la verdadera semejanza se da entre Constans y Bismarck, tal como existió entre Bismarck y Luis Bonaparte: todos poseen esa astucia corta de miras y esa listez torpe² del comerciante y especulador comunes, que persigue un fin determinado y, por estimar falsamente las causas y los efectos, logra exactamente lo contrario.

En todo caso, la estupidez de Constans no solo condujo a la elección de Paul, que proporciona al socialismo en toda Francia un inmenso élan, sino también al debilitamiento de la coalición que en la *Rue Cadet*³ se había formado para apoyar al ministerio contra el boulangismo. No creo que la masa de los radicales clemencistas vaya a desprenderse de inmediato del ministerio, se los tiene demasiado firmes. Pero el viejo sentimiento de seguridad ya no existe desde el debate Roche.⁴ Y algunos elementos más consecuentes como Millerand difícilmente pueden mantenerse en la alianza gubernamental. Esto, y las ambiciones personales y las intrigas dentro del ministerio, bastarán para provocar un cambio; y todo cambio afloja los lazos entre el zar y los chauvinistas franceses y, por tanto, es favorable a la paz. Dicho sea de paso, ¡qué ironía de la historia que el gobierno ruso, después de gastar millones en Boulanger, ahora tenga que gastar nuevos millones en justamente los que derribaron a Boulanger!

Ha sido una época agradablemente excitante, y tengo que agradeceros muchas veces que me hayáis permitido seguir todas sus peripecias en la prensa parisina. En qué miserable y desvalido asno político se ha convertido ese Ranc. *Il doit être en train de s’enrichir, celui-là!*⁵

He enviado unas líneas humorísticas de felicitación directamente a Paul, para que el *M. le directeur de la prison*⁶ pueda leerlas con atención. Si llegara a confiscarlas, te mandaré una copia. Pero espero y creo que al *M. le député*⁷ se le mostrará más respeto.

Estoy impaciente por ver qué harán ahora Constans y la Cámara.

Si intentan retener a Paul en Ste-Pélagie, tanto peor para ellos.

Tengo la impresión de que la madre Crawford no anda tan descaminada cuando constata que la fuerza del ministerio actual consiste en haber logrado hacer visibles al exterior signos de la entente franco-rusa, y que los radicales por esa razón temen una disolución. Pero cuando, como es muy posible, disputas internas lleven a la disolución del ministerio, y a ese desarrollo se sume una victoria dudosa como la del último sábado⁸, entonces todo cambiará. Primero, la entente rusa se vuelve muy nebulosa en cuanto la inestabilidad de los gobiernos se hace de nuevo evidente, y segundo, cuando el gabinete se escinda, cada grupo reclamará para sí el mérito de esa entente. Y tercero, después de una escisión nadie puede decir cómo será la recomposición ni cuán duradera podrá ser.

En los últimos tiempos he vuelto a leer con más frecuencia la *Justice* de Clemenceau, y me llama la atención que en el trasfondo de la alianza contra Boulanger debe de estar presente el pensamiento de que solo había una posibilidad de quitar el viento de las velas a un Boulanger actual o futuro, a saber: ponerse de acuerdo con Rusia a cualquier precio y luego acelerar la *guerre de revanche*⁹. Esa es la única conclusión que puedo extraer del tono de la *Justice*: ¡*soyons plus patriotes que*¹⁰ Boulanger! Y sin duda ese plan les complacería a todos: ajustar cuentas con Alemania, volver a colocar a Francia en la posición de potencia dirigente (cuyo semblante tal vez le permitiría Rusia, a condición de que Francia le ceda el verdadero poder) y luego, pero no antes, arreglar las disputas dentro del partido republicano. Si no es así, no entiendo ni el lenguaje ni el modo de actuar de los radicales. Pueden ser locos, pero a toda locura se le ha puesto un límite, al menos fuera del manicomio.

Louise quiere escribir unas líneas, por eso cierro con afecto

siempre tuyo

F. E.

[Posdata de Louise Kautsky]

Mi querida Laura:

Estoy muy orgullosa de que mi definición de las letras M. P.² haya resultado finalmente acertada, aunque usted antes tenía razón y la seguirá teniendo mientras dure el estado actual. La nota sobre la elección de M. P. (en su sentido) estaba debajo de una noticia periodística «El asesino de una viuda acaudalada»; el general la encontró, pues yo no sabía que la elección de un socialista queda aún por debajo de lo que impresiona a un burgués…?

¹ Rey de Prusia (Guillermo II). — ² en el manuscrito en alemán: Dummschlauheit. — ¹⁾ La indicación corresponde a la nota 25 de la fuente original. — ³ Coalición de la Rue Cadet. — ⁴ Se refiere al debate en torno a la interpelación Roche (nota 27 de la fuente original). — ⁵ Debe de estar en vías de enriquecerse, ¡ése! — ⁶ Señor director de la prisión. — ⁷ Señor diputado. — ⁸ Se refiere al sábado anterior, 7 de noviembre de 1891. — ⁹ Guerra de revancha. — ¹⁰ Seamos más patriotas que.