en Hoboken

Londres, 2 de septiembre de 1891

Querido Sorge:

Tu carta acerca de la señora Sch[lüter] se la he comunicado a Louise K[autsky], que es absolutamente de fiar y conoce las circunstancias. Es de la opinión de que esto es un puro disparo al aire de la señora Sch[lüter] y que, si Sch[lüter] no se deja intimidar, ella ya volverá. Tampoco cree que hayan sido necesarios terceros para empujarla a una resolución semejante. Esto ya lo ha hecho así —o de modo parecido— varias veces en Zúrich. Ciertamente, Sch[lüter] le ha dado motivo de rebelión con sus repetidas infidelidades, pero ella le perdona regularmente de nuevo y con ello no hace más que poner en un aprieto a quienes han tomado en serio su ira y sus grandes palabras. Louise es la última que en este caso saldría en defensa de Sch[lüter] o siquiera le disculparía —ella y todos nosotros sabemos exactamente qué pensar de él en tales asuntos—, su rabo se le va regularmente con él. Pero su mujer amenaza siempre con separarse, y en el momento decisivo vuelve a caer en sus brazos —y ahí no hay nada que hacer para terceros.

Los Bernstein vuelven hoy de Eastbourne. Sanial y Mac-Vey están aquí, me visitarán mañana. He pasado 4 semanas en Ryde, en casa de Pumps con Schorlemmer, quien sin embargo ha vuelto a Manchester. Se queda muy sordo con cada resfriado, y entonces no hay nada que hacer con él; por lo demás, no le falta nada. A mí me va bien, pero aún tengo que salir un poco para reponerme del todo. Adler de Viena y Bebel han estado aquí 3 días, muy alegres y satisfechos con el Congreso.

Te he enviado un montón de documentos, también el «Weekly Dispatch» con una entrevista a Liebknecht en París por la madre Crawford. Esta entrevista provocará escándalo; Liebknecht ha dicho en todo caso grandes tonterías. Por todo lo que oigo, se ha quedado muy delgado, tiene mal aspecto y parece estar enemistado con todos; en Bruselas se mantuvo completamente aparte de alemanes y austríacos. Por otra parte, los mejores de los nuestros están asombrados por la oposición en que se encuentra en casi todos los puntos con la masa del partido. Ha redactado el «Vorwärts» de manera miserable, no ha hecho nada, ha dejado que Geiser escribiera los editoriales, ha defendido las opiniones más extrañas; en resumen, se está preparando una catástrofe que podría verse acelerada por esa entrevista.

La vieja disputa con los broussistas, etc., ha desaparecido; los broussistas ni siquiera estuvieron representados en Bruselas; Hyndman tampoco se atrevió a venir; las personas que envió riñeron y se cubrieron de ridículo; ahora busca apoyo en el enloquecido Nieuwenhuis, pero esto se acaba. Los marxistas han vencido en toda línea tanto en principios como en táctica; se seguirá intrigando en secreto, y se me atacará a mí, a los Aveling, etc., en «Justice» como hasta ahora según espero, pero ya no existe oposición pública contra nosotros como masa.

El informe del Congreso de la «Volks-Tribüne» es el más detallado.

De la nueva edición del «Origen de la familia, etc.», ya he leído 6 pliegos de corrección. Además de la nueva introducción, vienen fuertes adiciones en el capítulo 2 («Familia») y más tarde algunas más.

El Congreso de Bruselas ha ratificado nuevamente los acuerdos de La Haya, al expulsar otra vez a los anarquistas. Esto debería ser destacado allí en la prensa. Por otra parte, ha abierto de par en par la puerta a los sindicatos ingleses, por la que los mejores de entre ellos entrarán seguramente pronto. Estos son los dos acuerdos más importantes. ¡Divino que los ingleses sean ahora los más reaccionarios y que, por complacerles, haya que ocultar la idea central! Pero se puede, pues ahora es solo cuestión de meses, a lo sumo de 1 a 2 años, hasta que vengan. El próximo Congreso de los sindicatos intentará ciertamente derribar el acuerdo de la jornada legal de ocho horas de Liverpool, pero incluso si lo logran —con ayuda de los obreros textiles, que juran por las 10 horas—, esto no hará más que avivar el fuego. La cosa marcha; ya no hay nada que hacer.

Saluda cordialmente a tu mujer.

Tuyo,
F. E.