en Viena

Londres, 22 de julio de 1891

Estimada señora Adler:

Lamentablemente, este año probablemente no se haga nada del viaje al continente que con gusto emprendería, aunque sólo fuera para visitarla en Lunz y convencerla de que también sé comer a la austriaca y con gran apetito: de ello puede darle testimonio Louise, que ya sólo me prepara la ensalada a la vienesa. Pero si yo no voy a verla, queda aún una segunda posibilidad. Quizá vaya usted con Victor a Bruselas 1891, y entonces podríamos igualmente conocernos aquí, en Londres. Bruselas está a un salto de gato de Londres, ¿qué le parece? Y si no fuera usted a Bruselas, ¿no podría entonces encargar a su marido que viniera aquí unos días a reponerse de las fatigas del congreso mundial? Eso agota mucho, y unos días en Londres son muy provechosos para la salud después de ello.

En este momento llega el juez superior africano Sam Moore, y tengo que interrumpirme — por favor, venga. Louise sin duda la animará a ello —, pero si no puede, ¡mande a su representante!

Déles, por favor, un beso de mi parte a sus queridos hijos, de los que Louise me cuenta tantas cosas.
Sinceramente suyo

F. Engels