en Benevento

Londres, 9 de enero de 1891

Querido amigo:

La desgracia de su hermana ha encontrado también en mí una cordial participación. Y comprendo la indescriptible agitación en que a usted lo ha sumido. Pero no pierda el sentido. ¿De qué le sirve a su hermana que mate usted a ese perro infame? Se llevaría a la tumba la satisfacción de haber arruinado a dos familias en vez de una. Sé que en sociedades como las del sur de Italia, donde se conservan aún no pocos recuerdos de la época de la gens, el hermano pasa por ser el protector y el vengador natural de la hermana. Pero el hermano está también casado, tiene mujer e hijos, tiene deberes para con ellos, y en la sociedad actual estos deberes están por encima de todos los demás. A mi modo de ver, le debe usted, pues, a su propia familia, no cometer ningún acto que hubiera de condenarle necesariamente a una separación de por vida de ella.

A mis ojos, su hermana es tan pura y digna de estima como antes.

Pero si cree usted que tiene que vengarse, aún hay medios para señalar también al seductor a los ojos de la sociedad con el estigma de la infamia.

Aquí, un hermano haría azotar públicamente al canalla.

En Francia y Alemania, una bofetada dada en público bastaría.

En la Polonia austríaca (¡Lemberg!) un periodista se había vendido a Rusia. Un grupo de jóvenes polacos lo abordó en el paseo público, lo tendió sobre un banco y le aplicó 25 contundentes bastonazos en el trasero.

También ustedes, en Italia, tendrán algún medio para marcar públicamente a semejante canalla y entregarlo al desprecio general, sin causarle un daño permanente a su integridad física.

¹ Lwow

Como queda dicho, también en esto estoy lejos de aconsejarle. Pero si tiene usted la firme convicción de que es necesario algún acto de venganza, entonces siempre será mejor la venganza en el honor del seductor que de otra manera.

Con cordiales saludos, suyo
F. Engels

Muchas gracias por sus felicitaciones con motivo de mi 70.º cumpleaños.