en Le Perreux

Londres, 17 de diciembre de 1890

Mi querida Laura:

Dos buenas noticias.

Primera. La acostumbrada caja con pudin, pasteles y golosinas para Meme y sus hermanos fue enviada ayer, como de costumbre, a tu dirección y espero que llegue a más tardar el viernes. De lo contrario, dirígete por favor a la oficina de Expeditions Grande Vitesse, Gare du Nord, o a 23, Rue Dunkerque, P. Bigeault, o a 18, Rue Bergère, chez E. D’Odiardi.

Segunda. Louise Kautsky se queda aquí definitivamente. Con esto se disipan mis preocupaciones. Parece que esto le agrada más que traer al mundo hijos de otras personas. Y nos entendemos de maravilla. Lleva la casa y se ocupa de mis trabajos de escritura, con lo que ahorro mis ojos y lo que me permite compensarla por abandonar, al menos de momento, su profesión. Me pide que te transmita sus más cordiales saludos.

Padiewski merece un monumento y una pensión vitalicia. No tanto por haber despachado a esta vil bestia de Seliwerstow, sino por haber liberado a París del íncubo ruso. El cambio en la prensa parisina desde esta ejecución es realmente maravilloso, y cuando un golfo como Labruyère cree que vale la pena dejar escapar a Padlewski, la transformación del estado de ánimo general ha de ser ciertamente muy grande. Incluso los boulangistas y el “Intransigeant” han de plegarse a ella.

Pero esto es típico de París. Argumentos y razón nada pueden contra el delirio chauvinista a favor de la alianza con el zar. De repente acontece algo que ilumina las tinieblas mentales como un relámpago. Y ahora ven que se convierten en cómplices de esta infamia de los funcionarios rusos y que, si ellos mismos no tienen el valor de desvincularse de ella, lo tiene un polaco: ¿y pueden ellos prestar ayuda para entregar a este polaco a la “justicia” burguesa? El entusiasmo por el zar se transfiere de inmediato a los polacos y nihilistas, y el zar, a pesar de sus esfuerzos y del dinero gastado, ha sido engañado.

No obstante, el efecto apenas habría sido tan grande si nuestros camaradas no hubiesen atacado al zar de manera tan constante y resuelta.

En cualquier caso, je m’en réjouis.

Pumps ha entrado en razón de repente. Louise y yo le hemos hablado un poco. Después de que yo la amonestara, Percy hizo lo mismo, y ahora es la amabilidad misma, no solo con Louise sino también con Annie. En todo caso, espero que dure, y si no, será por su propia culpa, y yo estaré en una situación clara y actuaré en consecuencia. Esta vez puedo y quiero ser el amo de la casa.

¿Cómo va el asunto de Paul con Levraut?

Fortin escribe que él y Paul quieren publicar el “18 Brumario” en el “Socialiste”, pero necesitan mi consentimiento. Se lo di, por supuesto, con mucho gusto. – Dice también que la “Revue Socialiste” tiene el mismo propósito y, además, quiere reeditar la “Misère de la philosophie”. A esto respondí que Marx nunca me perdonaría que confiara alguno de sus manuscritos a manos de tales personas, capaces de introducir en ellos toda suerte de modificaciones; en cuanto a la “Misère”, después de todas las decepciones que he vivido con ella, solo accedería a su reedición en forma de libro y únicamente después de haber recibido plenas garantías de que la promesa se cumpla.

Lo que Paul escribe sobre el papel de los Rothschild en el crac Baring no parece infundado. Los Baring son suficientemente ricos para pagar todas las pérdidas y conservar aún lo bastante. Los garantes estarán, pues, completamente seguros. Pero los Baring ya no pueden ser considerados una firma de primer orden y, por tanto, no pueden seguir siendo los representantes financieros del gobierno argentino. Ahí, naturalmente, los Rothschild ocuparán las huellas de los Baring. Para hacer dúctil al gobierno argentino, los comités argentinos franceses y alemanes tienen que oponerse a las muy razonables propuestas del comité londinense (en interés de todas las partes) e insistir en el pago al contado de los cupones, que los londinenses están dispuestos a aplazar por tres años y convertir la suma en una nueva deuda. Y los incautos de la prensa parisina, pays comptant, se afanan extraordinariamente en interés de los Rothschild.

Me temo que, por un tiempo, esta sea la última carta larga mía. Estoy tan agobiado de trabajo que la correspondencia ha de limitarse al mínimo necesario. Tengo por delante una urgente disputa con Brentano (prefacio de la 4.ª edición de “El Capital”), y cosas de esta índole no puedo dictarlas.

Cariñosos saludos a Meme.

Siempre tuyo

F. Engels

Bien des choses à Paul.