en París

122, Regent’s Park Road, N.W.
Londres, 5 de diciembre de 1890

Querido ciudadano Vaillant:

Gracias, muy sinceras gracias por su carta del 28 del mes pasado y por sus buenos deseos. En este día he sido colmado de honores por los socialistas de todos los países. El destino ha querido que yo, como superviviente, coseche los honores que corresponden a la obra de mis contemporáneos fallecidos y, ante todo, a la de Marx. Créame usted que tengo plena conciencia de este hecho, así como de la pequeña parte que personalmente me corresponde en todas estas muestras de honor.

Gracias también por las palabras de condolencia que me dirige con motivo del fallecimiento de la querida Helene, a cuyos cuidados debo el haber podido trabajar en paz durante siete años. Ha sido para mí una pérdida muy dolorosa. Pero aún estamos en medio de la lucha; no nos está permitido volver demasiado la vista atrás cuando el enemigo está ante nosotros; si no me equivoco, se acerca el momento decisivo de la lucha. Entre ustedes, el derrumbe del boulangismo, por un lado, ha liberado al gobierno oportunista —corrompido y corruptor— de todo enemigo inmediatamente peligroso y ha abierto de nuevo el mercado en el que se vende a Francia a los ávidos usureros de la bolsa; mientras que este derrumbe, por otro lado, ha dejado libres para nuevas agrupaciones a los elementos de una oposición revolucionaria que se habían extraviado allí. Y estos elementos deben —tras la eliminación de los principales traidores— volver a aparecer en escena, unidos de uno u otro modo con la masa de los revolucionarios que se han mantenido fieles a sus tradiciones. Después de la farsa, la tragedia.

Entre nosotros, el rápido avance del partido socialista ha de acelerar el desengaño del joven Guillermo¹ respecto a la fuerza de atracción que se lisonjeaba ejercer sobre la

¹ Guillermo II.

clase obrera. También esto ha de conducir a una crisis; cuanto más se prolongue, más dura será.

Así pues, en cuatro o cinco años a más tardar tendremos la crisis que, así lo espero, nos conducirá a la victoria. ¡Y espero vivir para verlo, ese “fin de siglo”!

Mis recuerdos a la señora Vaillant y a su señora madre.

De corazón, suyo
F. Engels