en La Haya!*?!

Londres, 3 de diciembre de 1890

Estimado camarada:

Mi más cordial agradecimiento por sus felicitaciones con ocasión de mi septuagésimo cumpleaños, felizmente superado. Las acepto tanto en su nombre personal como en el del Partido Obrero Holandés, y le deseo a este los mejores progresos, y a usted mismo salud y fuerzas para poder desempeñar el importante papel que en él le ha correspondido. Y le ruego transmita este agradecimiento y estos deseos míos a los camaradas de ahí.

En cuanto a su pregunta relativa a la compra de la exención del servicio militar para su hijo, en principio no encontraría en ello nada impropio. Las ventajas que el Estado actual concede a los privilegiados de la sociedad podemos —en términos generales— aprovecharlas nosotros tan bien como podemos y debemos vivir de los productos de otros, es decir, indirectamente de la explotación de otros, mientras no seamos nosotros mismos productores económicos. Si con ello se reporta una ventaja al partido obrero, yo lo consideraría incluso un deber. Además, la clase de la que se reclutan los remplazantes no suele ser la clase obrera propiamente dicha, sino aquella capa que ya está pasando fuertemente al lumpemproletariado. Y si uno de estos se vende por dinero para meterse en el ejército durante unos años, siempre encuentra acomodo un desocupado.

Pero en particular, lo decisivo aquí será la impresión que semejante modo de proceder por su parte cause entre los camaradas del partido y luego también sobre toda la masa obrera que aún se halla fuera del partido, es decir, si la opinión pública de los obreros permanecerá indiferente ante ello o, por el contrario, será azuzada contra la socialdemocracia. Este es un punto que solo puede ser decidido en el lugar mismo por un profundo conocedor de las circunstancias, y por ello me abstengo de todo juicio al respecto.

Tampoco conozco la situación del soldado en el ejército holandés, y de ello depende también mucho. En Alemania, los nuestros son los mejores soldados.

Un cordial saludo de su

F. Engels

Después de su asunto de Bielefeld, ¡no será probable que desee volver a meterse tan pronto en el sagrado Reich alemán de nación prusiana!