en Le Perreux

Londres, 2 de nov. de 1890

Mi querido Lafargue:

La pobre Nim está muy enferma. Desde hace algún tiempo parecía que le hubiese vuelto la menstruación, y hace tres semanas tuvo una considerable pérdida de sangre. El Dr. Read, a quien hemos consultado, encontró el color de su semblante muy amarillo, pero no pudo hallar rastro alguno de bilis en la orina — sospecha que tiene un tumor en el útero, aunque no la ha examinado manualmente. Luego tuvo dolores en la región inguinal izquierda, que desaparecieron después de que las heces pasaran por la flexura sigmoidea, y ya creía yo que iba mejorando, cuando se presentaron dolores muy violentos en el pie izquierdo. Durante todo este tiempo ha padecido una completa inapetencia, pero mucha sed (apenas ha tomado otra cosa que leche y caldo, ningún alimento sólido). Los dolores en el pie izquierdo fueron causados por una trombosis de una vena de la pantorrilla. Ésta parecía seguir su curso natural, los dolores remitieron y esta mañana se despertó tras una noche buena — de aspecto bastante repuesto y hasta alegre. Pero entre las 11 y las 12 se produjo de repente un cambio, y Read constató una temperatura de 104°F = 40°C, aunque sólo había tenido el termómetro en la boca minuto y medio; cayó en un estado de somnolencia, su conciencia está turbada, el pulso rápido y filiforme, correspondiente a la temperatura. Ahora Read sospecha que, dado el estado caquéctico de su sangre (más o menos indicado por los síntomas precedentes), ésta se coagula, se descompone y sobreviene un envenenamiento de la sangre. Esta tarde quiere volver con Heath, del Hospital de Gower Street, para hacer una consulta.

Es todo cuanto puedo escribiros de momento. Cuando venga Heath, comunicaré el resultado.

Abrace a Laura de mi parte.

Suyo enteramente,
F. E.

N. B. Esta tarde, a las 7. Helene Demuth — Consulta con un tal señor Pakart, el único a quien se pudo encontrar. Opina que hay una supuración difusa en el pie, que es la que causa el envenenamiento de la sangre; se ha cambiado el tipo de compresa y se han prescrito 4 granos = 1/4 de gramo de quinina. Se ha examinado el útero lo mejor que se ha podido, pero hasta ahora no se ha hallado nada, salvo un pequeño punto algo sospechoso en el orificio uterino, al que, no obstante, “so far” no se le atribuye importancia. Naturalmente, sigue existiendo la posibilidad de una embolia y, con ella, la de otras complicaciones en los pulmones o en cualquier otra parte. Pero el buen hombre ve el caso más “hopeful” que Read.

Si se produce algún cambio, escribiré mañana de nuevo.