Creo que usted debiera aceptar el cargo en Zurich ?. Siempre po- dría usted aprender allí mucho de economía, especialmente si tiene en cuenta que Zurich no es todavía más que un mercado de dinero y «s- peculación de tercera categoría, de manera que las impresiones que se hacen sentir allí son debilitadas o deliberadamente tergiversadas por rc- flejos dobles o triples. Pero usted obtendría un conocimiento práctico del mecanismo y estaría obligado a recibir el primero las informaciones de las bolsas de comercio de Londres, Nueva York, París, Berlín y Vie- na, v de esta manera usted tendría una visión del mercado mundial, en su reflejo de mercado monetario y de valores. Los reflejos económicos, políticos y demás, son iguales que los del ojo del ser humano: pasan por una lente convergente y por ello aparecen invertidos, patas arriba. Sólo falta el sistema nervioso que los ponga nuevamente de pie. El hombre del mercado monetario sólo ve el movimiento de la industria y del mercado mundial en el reflejo invertido del mercado de valores,

* El de director de Zurich Post. (Ed.)

y así para él el efecto se convierte en causa. Ya por el 40 lo observé en Manchester: los informes de la Bolsa de Comercio de Londres eran absolutamente inútiles para el curso de la industria e inofensivos para sus grandes y pequeños periódicos, porque esos individuos trataban de explicarlo todo por las crisis del mercado de valores, las que en general eran tan sólo síntomas. En aquella época la finalidad era explicar e! origen de la crisis industrial como superproducción pasajera, de modo que el problema tenía además su lado tendencioso, causante de la ter- giversación. Este punto está ahora resuelto (al menos para nosotros, en forma terminante), y además es verdaderamente real que también el mercado de valores pueda tener sus propias crisis, en que las perturba- ciones industriales directas sólo desempeñan un papel secundario o nin- guno; en este punto queda todavía mucho por examinar y establecer, especialmente en lo que respecta a la historia de los últimos veinte años.

Allí donde hay división social del trabajo hay también recíproca in- dependencia entre los diversos sectores del trabajo. El factor decisivo es en última instancia la producción. Pero cuando el comercio de pro- ductos se independiza de la producción misma, sigue entonces un mo- vimiento propio que, si bien es gobernado en conjunto por la produc- ción, en casos particulares y dentro de esta dependencia general sigue leyes particulares contenidas en la naturaleza de este nuevo factor; este movimiento tiene fases propias y vuelve a actuar a su vez sobre el movi- miento de la producción. El descubrimiento de América se debió a la necesidad de oro que anteriormente había lanzado a los portugueses al África (véase el libro de Soetbeer, La producción de metales preciosos), porque la industria europea enormemente desarrollada de los siglos xv y xv, y el comercio correspondiente, reclamaban más medios de cambio que los que podía proveer Alemania, la gran productora de plata de 1450 a 1550. La conquista de la India por los portugueses, holandeses e ingleses entre 1500 y 1800, estuvo determinada por la necesidad de importar de la India: nadie pensaba en exportar nada hacia allá. Y, sin embargo, qué reacción colosal tuvieron sobre la industria esos descubri- mientos y conquistas, únicamente condicionados por los intereses del comercio: crearon por primera vez la necesidad de exportar a esos países y desarrollaron la industria en gran escala.

Lo mismo ocurre con el mercado mohetario. Tan pronto como el comercio en dinero se separa del comercio de mercancías, adquiere —en ciertas condiciones impuestas por la producción y el comercio de mer- cancías y dentro de esos límites— un desarrollo propio, leyes especiales y fases peculiares determinadas por su propia naturaleza. Si, en este desenvolvimiento posterior, el comercio en dinero se amplía abarcando el comercio en valores, y si estos valores no son sólo gubernamentales sino también acciones industriales y del trasporte, de modo que el co- mercio en dinero conquista el control directo de una parte de la pro- ducción, por la cual es a su vez controlado en su conjunto, entonces la reacción del comercio en dinero sobre la producción se fortalece y se

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complica aun más. Los comerciantes en dinero se han convertido en dueños de ferrocarriles, minas, industrias metalúrgicas, etc. Estos me- dios de producción asumen un doble aspecto: su trabajo debe satisfacer unas veces los intereses de la producción, pero otras, también los de los accionistas, en cuanto éstos son comerciantes en dinero. El ejemplo más notable de esto son los ferrocarriles norteamericanos, cuyo funcio- namiento depende enteramente de las operaciones de bolsa de un Juy Gould o de un Vanderbilt, etc., quienes no tienen nada que ver con el ferrocarril particular de que se trate ni con el interés que tiene como medio de comunicación. E incluso en Inglaterra hemos visto luchas de decenas de años entre diferentes compañías ferroviarias por los límites de sus respectivas zonas; luchas en que se tiraron enormes cantidades de dinero, no en interés de la producción y de las comunicaciones, sino simplemente debido a una rivalidad que en general sólo tenía el objeto E facilitar las operaciones bursátiles de los accionistas comerciantes cn inero.

Con estas pocas indicaciones sobre mi concepción sobre la relación que existe entre la producción y el comercio de mercancías, y entre ambos con el comercio en dinero, he contestado también, en esencia, las preguntas que usted me hizo sobre el “materialismo histórico” en general. Esto es más fácil de comprender desde el punto de vista de la división del trabajo. La sociedad da origen a ciertas funciones comu- nes. de las cuales no puede prescindir. .Las personas elegidas para rc lizar estas s funciones constituyen | una nueva rama de la división del bras bajo dentro. de la sociedad. De esta manera adquieren intereses parti- culares, distintos también. de. los intereses de. quienes los -emplearon; se independizan de estos últimos, y he aquí el Estado. Y, en lo sucesivo, el desarrollo es el mismo que el del comercio en mercancías y, más tarde, el comercio en dinero; la nueva fuerza independiente, si bien debe seguir en lo esencial el movimiento de la producción, también, debido a su independencia interna (la independencia relativa que se le confiric- ra en un principio y que se sigue desarrollando) vuelve a actuar, a su vez, sobre las condiciones y el curso de la producción, Es la Interacción

posible y que, una vez ableno tiene abia él, movimiento propio. En conjunto, el movimiento económico se abre camino, pero también de- be sufrir redectones' “del “movimiento. político “que” estableció, que tiene él mismo, relativa independencia: del movimiento del poder estatal, por una parte, y por otra, de la oposición simultáneamente engendrada. Del mismo modo que el movinuento del mercado industrial se refleja, en lo esencial y con las reservas ya apuntadas, en el mercado monetario, y por supuesto que en forma invertida, así también la lucha entre las cla- ses que existen y en conflicto, se refleja en la lucha .entre el gobierno y la oposición; pero también en forma invertida, no ya directa sino indi- rectamente, no como lucha de clases sino.como lucha por principios po-

líticos, y tan desfigurada que hemos tardado miles de años para desen- traña: su secreto.

La reacción del poder estatal sobre el desarrollo económico puede sex. de tres-tipos; puede tener la misma dirección, y eñtónces el desarro: llo es más rápido; puede oponerse á la línea de desarrollo, en cuyo caso el poder-estatal modérno de'cualquier gran nación termina, a la larga, por despedazarse; o puede desviar..el desarrollo económico de ciertos cauces imponiéndole otros. Este caso se reduce en última instancia a uno de los dos anteriores. Pero es evidente que en los casos segundo y tercero el poder político puede causar un gran daño al desarrollo eco- nómico y provocar la dilapidación de grandes cantidades de energía y de materiales.

Luego está también el caso de la conquista y destrucción brutal de los recursos económicos, a consecuencia de lo cual en ciertas circuns- tancias antes podía arruinarse a todo ¡un proceso económico local o na- cional, Pero hoy día tal caso. tiene. generalmente.el efecto opuesto, por lo menos entre las grandes naciones: a menudo y a la larga la potencia derrotada gana más económica, política y moralmente que el vencedor.

Con el (derecho) ocurre algo parecido. Tan pronto como se hace necesaria la Nueva ¿IIón del trabajo que origina el abogado profesio- nal, se inaugura un dominio nuevo e independiente, el que, a pesar de su dependencia general respecto de la producción y del comercio, no deja de tencr su capacidad propia de volver a actuar sobre esos domi- nios. En un estado moderno el derecho no sólo debe corresponder a la situación económica general y ser la expresión de ésta, sino que debe ser también una expresión ccherente y que no parezca, debido a contradicciones internas, claramente inconsistente. Y para lograrlo, se infringe cada vez más el fiel reflejo de las condiciones económicas. Y cuanto más es así, más raramente ocurre que un código sea la expresión brutal, sin mitigar, sin adulterar, de la dominación de una clase: esto ofendería a la “concepción de la justicia”. Incluso en el Código Napo- Icón está ya adulterada de muchas maneras la concepción pura y lógica de la justicia sostenida por la burguesía revolucionaria de 1792-96, y en la medida en que está encarnada en él está obligada a ser dia- riamente atenuada debido a la naciente fuerza del proletariado. Lo que no impide que el Código Napoleón sea el estatuto que sirve de base a todo nuevo código legal en todas partes del mundo. Así, pues, el cur- so del “desarrollo del derecho” sólo consiste en gran medida: primero, en la tentativa de eliminar las contradicciones provenientes de la tra- ducción directa de las relaciones económicas a principios jurídicos y de establecer un sistema jurídico armonioso; y luego en las repetidas bre- chas que se producen en este sistema por influencia y presión del de- sarrollo económico posterior, que lo arrastran a nuevas contradicciones (por el momento no hablo sino del derecho civil).

El reflejo de las relaciones económicas en forma de principios ju- rídicos es también necesariamente invertido: se produce sin que la per- sona que actúa sea conciente de él; el jurista se imagina que opera con

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principios a priort, en tanto que en realidad sólo son reflejos económi- cos; de manera que todo está patas arriba, Y me parece evidente que esta inversión —la que, mientras no es descubierta, constituye lo «que llamamos concepción ideológica— vuelva a actuar a su vez sobre la base económica y pueda, dentro de ciertos límites, modificarla. La base del derecho sucesorio —suponiendo que las etapas alcanzadas cn el de- sarrollo de la "Familia sean iguales— es económica. Pero sería difícil de- mostrar, por ejemplo, que la libertad absoluta de testar vigente cn In- glaterra, y las severas restricciones que se le imponen en Francia, se de- ben únicamente y en todos sus detalles a causas económicas. Ambas vuelven a actuar sobre la esfera económica en considerable medida, puesto que influyen sobre la repartición de la propiedad.

En lo concerniente a los dominios de la ideología que planean aun más alto —religión, filosofía, etc.— tienen una raíz prehistórica, preexis- tente y que pasa al período histórico, y que hoy llamaríamos charlata- nería. Estas diversas representaciones falsas de la naturaleza, del hom- bre, de los espíritus, de las fuerzas mágicas, etc., tienen en su mayor parte sólo una base económica negativa; el deficiente desarrollo econó- mico del período prehistórico tiene por complemento y es también en parte condicionado y aun causado por las falsas representaciones de la naturaleza. Y aun cuando la necesidad económica era la principal fuerza motriz del progresivo conocimiento de la naturaleza y lo sea cada vez más, sería seguramente pedante buscarles causas ecomómicas a todos

tos absurdos primitivos. La historia de la ciencia es la historia de Ja cion EE TdETeStos disparates o de su remplazo por nuevos pero ya menos absurdos disparates. Quienes se ocupan de esto perte- necen a su vez a campos especiales de la división del trabajo y se imaginan trabajar en un dominio independiente. Y en la medida cn que constituyen un grupo independiente dentro de la división social del trabajo, sus creaciones, incluyendo sus errores, ejercen una influencia retroactiva sobre el desarrollo social de conjunto, incluso sobre su desa- rrollo económico. Pero de todos modos ellos mismos no dejan de estar bajo la influencia dominante del desarrollo económico. En filosofía por ejemplo, esto puede probarse con mayor facilidad en el período burgués. Hobbes fue el primer materialista moderno (en el sentido del siglo xvi), pero era absolutista en un período en que la monarquía absoluta esta- ba en su apogeo en toda Europa, y que en Inglaterra empezaba la lucha de la monarquía absoluta contra el pueblo. Locke fue, tanto en religión como en política, hijo del compromiso de clases de 1688. Los deístas in- gleses y sus sucesores más consecuentes, los materialistas franceses, fue- ron los verdaderos filósofos de la burguesía, y los franceses lo fueron incluso de la revolución burguesa. El pequeño burgués alemán atraviesa la filosofía alemana desde Kant hasta Hegel, unas veces con efecto po- sitivo y otras negativo. Pero la filosofía de cada época, puesto que es un dominio preciso de la división del trabajo, presupone un determi- nado material intelectual heredado de sus antecesores y del que toma su punto de partida. Y esta es la razón por la cual los países económica-

mente atrasados pueden hacer de primer violín en filosofía: Francia en el siglo xviur en relación a Inglaterra, sobre cuya filosofía se basa- ron los franceses, y más tarde Alemania en relación a ambas. Pero la filosofía francesa y alemana y el florecimiento general de la literatura en aquella época fueron también el resultado de un naciente desarrollo económico. Considero que también en estas esferas está establecida en última instancia la supremacía del desarrollo económico, pero ésta actúa dentro de las condiciones impuestas por la propia esfera particular: en filosofía, por ejemplo, por efecto de influencias económicas (las que tam- bién aquí sólo actúan en general bajo disfraces políticos, etc.) sobre el material filosófico existente trasmitido por los antecesores. La economía no crea aquí absolutamente nada nuevo (a novo), pero determina la for- ma en que el material intelectual existente es alterado y desarrollado, y también esto la mayoría de las veces indirectamente, porque son los re- flejos políticos, jurídicos y morales los que ejercen la mayor influencia directa sobre la filosofía.

Acerca de la religión he dicho lo más necesario en el último capítulo de mi libro sobre Feuerbach.

== Per consiguiente, si Barth supone que nosotros negamos todas y cada una de las reacciones de los reflejos políticos, etc. del movimiento eco- , nómico sobre el movimiento mismo, simplemente embiste contra moli- “nos de viento. No tiene más que mirar el 18 Brumario de Marx, que trata casi exclusivamente del papel particular desempeñado por las lu- chas y los acontecimientos políticos, desde luego que dentro de su de- pendencia general de las condiciones económicas. O. El. capital, el capí- tulo sobre la jornada de trabajo, por ejemplo, en que la legislación, que es seguramente un acto político, tiene un efecto tan decisivo. O el capítulo sobre la historia de la burguesía (el XXIV). ¿Por qué lucha- mos por la dictadura política del proletariado si el poder político “es económicamente impotente? Lá fuérza (esto es, el poder del Estado) también es uh poder ecónómico.

Pero ahora no tengo tiempo de criticar el libro. Primero tengo que sacar adelante el Vol. III y además creo que Bernstein, por ejemplo, po- dría hacerlo con eficacia.

Lo que les falta a esos señores es dialéctica. Nunca ven otra cosa que causa por aquí y efecto por allá. Que esto es una abstracción va- cía, que tales opuestos polares metafísicos existen únicamente en el mundo real durante las crisis, en tanto que todo el vasto proceso se produce en forma de interacción (si bien de fuerzas muy desiguales, siendo con mucho el movimiento económico el más fuerte, el más ele- mental y decisivo), y que todo es relativo y nada absoluto: esto nunca terminan de verlo. Para ellos Hegel nunca existió.