en Le Perreux

Londres, 19 de oct. de 1890

Mi querida Löhr:

¡Por fin! Esta semana he estado —si no muy aplicado, sí al menos— “ocupado” y “comprometido” hasta las orejas. He clasificado aproximadamente cuatro pies cúbicos de viejas cartas de Mohr¹ (es decir, la mayoría de ellas dirigidas a él) del período de 1836 a 1864. Todo revuelto como ensalada en un gran cesto que quizá recuerdes. Quitarles el polvo, alisarlas y clasificarlas me llevó más de una semana, hasta ponerlas en un orden aceptable. Durante ese tiempo mi cuarto fue un desbarajuste constante, sembrado de masas de papeles en diversos grados de orden y desorden, de modo que no pude ni salir ni realizar ningún otro trabajo. Ése fue el número 1. Luego vinieron los congresos, no con trabajo, ciertamente, pero sí con pérdida de tiempo para mí, ocasionada por visitantes, etc. Y, por último, Nim ha estado indispuesta toda la semana, el jueves se metió en cama por iniciativa propia e incluso hizo venir a un médico, quien, sin embargo, le declaró que no tenía motivo alguno para guardar cama; que al menos podía levantarse unas horas, cosa que ahora hace. Él no puede aún determinar con exactitud qué es. Hay síntomas de afección hepática (ictericia); no tiene apetito y está débil. No obstante, desde anoche se encuentra mejor, y también su ánimo ha mejorado. Confío en que dentro de pocos días esté restablecida del todo.

Espero que Paul se haya librado de su íntimo amigo interno. Si no, es por su propia culpa; una dosis de filix mas o de cousso pondrá pronto fin a esa plaga. Envenenará al bicho y a él no le hará daño.

Nuestros congresos han transcurrido magníficamente, y si los comparamos con el de los possibilistas, resaltan de modo aún más ventajoso. Ese mal pronto se pondrá coto a sí mismo. Sólo espero que nuestros amigos los dejen hacer y deshacer a su antojo, y no intervengan en lo más mínimo con intentos de acercamiento o cosas semejantes. *Il faut qu’ils cuisent dans leur propre jus.*¹¹ Cualquier intento de intromisión por nuestra parte no haría sino detener temporalmente el proceso de disolución y de *pourriture*². Las masas se pasarán a nuestro bando poco a poco, con toda seguridad. Y cuanto más tiempo permitamos a los jefes que se aniquilen mutuamente, menos de ellos tendremos que aceptar el día de la reunificación. Si Liebknecht no hubiera tenido tanta prisa entonces con el paso de los lassalleanos a nosotros, no habría tenido que aceptar a Hasselmann y a otros, a los que seis meses después hubo que echar a patadas. Y en Francia ahora, exactamente igual que entonces en Alemania, toda la pandilla de jefes está corrompida hasta la médula.

Para mi gran asombro y para mi alivio, Hyndman se declara en el último número de *Justice* a favor de Brousse. ¡Qué golpe de suerte! Ya temía verme en la tesitura de tener que aceptar a Hyndman al menos pasivamente como amigo, mientras que como enemigo me es 10.000 veces más grato.

Puede que Paul tenga ahora razón: los possibilistas podrían ausentarse otra vez de su propio congreso. Fecha y lugar parecen haberse fijado en Halle: Bruselas, 16 de agosto del 91. Más no sé al respecto. Mañana me enteraré de todo por Tussy, que ayer salió de Halle, pues su billete de vuelta a Colonia sólo valía hasta ese día.

Me alegra que Fischer haya entrado en la directiva del partido. Tú lo viste aquí. Es muy inteligente, muy activo, revolucionario, absolutamente antifilisteo y, tanto en su manera de ser como en su porte, más internacional que la mayoría de los alemanes. Tussy escribe que la gente del Reichstag alemán, al menos una gran parte de ellos, le produjeron, después del congreso de Lille, una impresión bastante filistea. Era lo que yo esperaba. Como nuestros diputados no reciben remuneración, no siempre podemos conseguir a los mejores, sino que hemos de tomar, entre aquellos que se hallan en una posición más o menos burguesa, a los menos malos. Por eso nuestras masas son con mucho superiores a la fracción. Esta última puede felicitarse de tener como oposición a semejantes asnos y figuras turbias (muchos de ellos probablemente *mouchards*³). Si llegara a rebelarse contra Bebel, Singer y Fischer, habrá que proceder contra ella —aunque estoy seguro de que Bebel siempre será lo bastante fuerte para meterlos en cintura.

Paul est bien naïf avec ses questions sur Bebel et le «Gil Blas». Il connaît Bebel et il connaît le «Gil Blas»; est-ce qu’il ne se connaîtrait plus soi-même?⁴ En cualquier caso, enviaré el *Gil Blas* *fortement souligné*⁵ a Bebel y le aconsejaré que se desmarque de eso. Semejante desvergonzado tejido de mentiras sobrepasa todos los límites, incluso tratándose de un *Gil Blas*.

Tussy está completamente enamorada de los delegados de Lille y, realmente, parecen haber sido una auténtica élite y haber demostrado precisamente las cualidades que, como se ha puesto de moda últimamente en Francia, se esfuerzan en denigrar porque los alemanes las mostraron en mayor grado, si bien hasta 1870 era costumbre calificar la disciplina, el esprit d’organisation et l’action combinée⁶ como des qualités tout ce qu’il y a de plus françaises⁷. El informe de Paul sobre esos delegados me ha interesado sobremanera, y me encargaré de que llegue a la prensa inglesa y alemana. La gran ventaja de los franceses consiste en que han nacido y se han criado en un medio revolucionario. Tanto los ingleses como los alemanes carecen de esa ventaja y, encima, han sido educados en la religión de la burguesía —el protestantismo. Eso confiere a sus hábitos, maneras y costumbres un tinte pequeñoburgués¹¹, del que tienen que desprenderse viajando al extranjero, sobre todo a Francia. ¡Compara la redacción de las resoluciones de Lille y las de Halle!

Ése es el gran progreso: ahora ya no podemos prescindir de ninguno de los tres; únicamente de los belgas y los suizos podríamos prescindir muy bien.

Cariñosos saludos de Nim y de tu devoto

F. E.

Ya que Paul ha escrito tanto en la *Neue Zeit* sobre las flotas que Mohr construía para vosotras, las niñas, cuando erais pequeñas, adjunto para él el que probablemente sea el último ejemplar que se conserva del arte de construcción naval de Mohr.

¹ Karl Marx

¹¹ Hace falta que se cuezan en su propia salsa.  
² podredumbre  
³ soplones  
⁴ Paul es de una ingenuidad pasmosa con sus preguntas acerca de Bebel y del *Gil Blas*. Conoce a Bebel y conoce el *Gil Blas*; ¿acaso ya no se conocerá a sí mismo?  
⁵ fuertemente subrayado  
⁶ talento organizativo y acción combinada  
⁷ cualidades de lo más francés que hay  
¹¹ en el manuscrito, en alemán: tinte pequeñoburgués