en Hoboken

LER London, 27 de septiembre de 1890

Tus dos cartas del 10 del corriente obran aquí.

Hoy he adjuntado a los periódicos de costumbre algunos ejemplares del último número del «Sozialdemokrat»; quizá te gustará tener algunos ejemplares sueltos de este número histórico.

En cuanto a Schewitsch, seguramente tu noticia será acertada.%! Cuando pasó por aquí, cayó en manos de Tussy en un mitin y le contó que le habían dicho que yo me había expresado muy maliciosamente sobre él, por lo que prefería no visitarme. Yo le apunté esto al noble Jonas — también podría haber sido una mera excusa de su mala conciencia. Es la vieja historia de tantos rusos: une jeunesse orageuse et une vieillesse blasée!, como lo ha calificado uno de ellos.

Grunzig es un literato. Y los estudiantes rebeldes de Alemania también son literatos (más tristes que bellos), que quieren revolucionar toda la literatura. Eso explica toda la historia del artículo del «Volkszeitung» 7°], la mutual assurance Co. de estos señores abarca también a Grunzig. Por lo demás, cuando se tiene un nombre como Grunzig o Greulich, lo mejor es dejarse enterrar.

He pasado la mitad de agosto y septiembre en Folkestone, cerca de Dover, y esta cura de reposo tras el viaje al Cabo Norte me ha sentado muy bien; estoy otra vez fresco y animado, pero también tengo una enorme cantidad de trabajo; ahora todo se me vuelca encima.

Los congresos aclararán ahora muchas cosas: Lille, 9 de octubre, el Parti Ouvrier francés (el nuestro); Calais, 13 de octubre, lo mismo los sindicatos!“!!; Halle, 12 de octubre, será el más importante!?]. Está en marcha lo siguiente (confidencial para ti; de ello no debe absolutamente trascender todavía nada a la prensa):

Los de Bruselas, encargados por los posibilistas de convocar su congreso a Bélgica!#!, han invitado al Congreso de los Trades-Unions de Liverpool!**!, que aceptó entusiasmado. De ese modo los ingleses quedan comprometidos, y a nosotros se nos coloca en una situación un tanto forzada. Así, tras consultar con los de aquí, he exhortado primero a los franceses y luego a los alemanes? a iniciar una unificación de los dos congresos de 1891, siempre que se obtengan condiciones decentes: soberanía del congreso, que la vez pasada nos fue negada por los posibilistas; convocatoria por ambos mandatarios de los dos congresos de 1889; reglamentación previa del modo de delegación y algunas otras pequeñeces. Franceses y alemanes han aceptado. Como, de todos modos, a Halle acudirán varios representantes de partidos extranjeros, he propuesto una conferencia previa que se celebrará allí para arreglar los preliminares.%°! También esto está en el mejor camino. Ahora sospecho que, a pesar de todo, se harán allí toda clase de simplezas; Tussy probablemente estará presente e impedirá algunas cosas, pero la gente es tan efusiva in internationalibus*, precisamente donde eso es totalmente inoportuno, que la cosa podrá salir de un modo distinto al que yo he iniciado. Al menos cuento con ello. Pero pienso que, al fin y al cabo, saldrá bien.

Primero, en 1889 hemos demostrado a los pequeños (belgas, holandeses, etc.) con nuestro propio congreso que no nos dejamos torear por ellos, y la próxima vez se andarán con más cuidado.

Segundo, los posibilistas parecen estar en plena descomposición. !*#”! Brousse, que dirige la pandilla de los concejales posibilistas y, a través de ellos, la bolsa de trabajo!, está en guerra abierta con Allemane, que dirige los sindicatos gremiales de París y, lo que es más significativo, está a favor de la paz con los nuestros. En el lugar del difunto Joffrin, Allemane quiere ir a la Cámara; Brousse quiere meter a Lavy o a Gely. La guerra es tan encarnizada que Brousse no se ha atrevido a aparecer en el entierro de Joffrin, donde Allemane llevaba la voz cantante. También con sus pocos partidarios en provincias están en camorra. Y, finalmente, su conducta como adversarios de la manifestación del 1 de Mayo!*’?! les ha perjudicado enormemente entre los belgas y los holandeses. Brousse y Allemane también se combaten abiertamente en sus periódicos.

Así, las condiciones son tan favorables —prescindiendo del enorme fortalecimiento moral que los alemanes han conquistado con su victoria electoral!! y sus consecuencias: la caída de Bismarck y la derogación de la Ley de los Socialistas!“?], que los convierte directamente en el partido decisivo de Europa—, que incluso con una táctica defectuosa podemos esperar vencer. O bien la fusión se logra sobre una base racional, y entonces los marxistas alemanes y franceses dominan el congreso, o bien los posibilistas y sus pocos partidarios serán puestos en evidencia de manera tan manifiesta que los ingleses (los nuevos Trades-Unions) los abandonarán; pues entonces podríamos reanudar aquí una campaña como la de la primavera de 1889, y con mayor éxito aún.

Me alegra mucho que quieras escribir para la «Neue Zeit». Si no te satisfacen las condiciones de honorarios —tú necesitas, naturalmente, honorarios americanos—, plantea sin reparos tu exigencia y remíteles a mí. La «Neue Zeit» puede llegar a ser un órgano muy importante. Bernstein escribirá desde aquí, Lafargue desde París; Bebel se encargará de la revista semanal sobre Alemania, y que puede hacerlo de manera brillante lo ha demostrado en la «Arbeiter-Zeitung» de Viena. Jamás me he formado una opinión firme sobre los acontecimientos alemanes antes de leer la correspondencia de B[ebel] al respecto. Su aprehensión clara, objetiva, de los hechos, sin dejarse guiar por preferencias propias, era magistral.

El «Sozialdemokrat» deja un vacío muy grande. De todos modos, dentro de un par de años tendremos camorra abierta con el buen Guillermito?, y entonces la cosa puede volverse divertida.

Saludos de Schorlemmer, que está aquí, y míos para ti y tu mujer.

Tuyo
F. E.

Dentro de poco espero la 4.ª ed. del «Kapital», I; en cuanto la tenga, recibirás un ejemplar. El prólogo debería ser pasto para el «Volkszeitung».

! una juventud tormentosa y una vejez hastiada — sociedad de seguros mutuos

5 Guillermo II. — es decir, Engels: «Zur vierten Auflage»