en Le Perreux

Londres, 19 de septiembre de 1890

Mi querido Lafargue:

Gracias por sus buenas noticias. Si la cosa se presenta así, sería sumamente tonto que nosotros, por nuestra parte, no hiciéramos lo posible por asistir a un congreso en el cual no tendríamos más que estar presentes para imponer nuestra voluntad.

Las condiciones imprescindibles para nosotros son:

1. Convocatoria del congreso común por los mandatarios de los dos congresos de 1889. O bien los belgas y los suizos firmarían la convocatoria común, o bien los belgas y los suizos convocarían en nombre de nuestro mandato, y los belgas solos en nombre del otro mandato. Tanto esto como el texto de la invitación tendrían que fijarse de antemano.

2. Que el congreso sea completamente dueño de sí mismo. Ninguno de los congresos anteriores tiene para él carácter vinculante. Ningún comité, ya sea nombrado por uno de los congresos precedentes, ya sea formado como consecuencia de las negociaciones de unificación, puede vincularlo en modo alguno. El congreso establece por sí mismo su reglamento y su orden del día, y decide por sí solo sobre el modo de verificación de los mandatos.

3. Las condiciones y el modo de representación según los cuales las distintas sociedades se hagan representar en el congreso serán fijados de antemano.

4. Un comité internacional, formado una vez acordada la unificación, preparará un proyecto de reglamento y de orden del día sobre el cual decidirá el congreso.

Ad 2.: la absoluta libertad del congreso es importante para nosotros, porque los posibilistas y los belgas, una vez que se trafique con los órdenes del día, el reglamento, etc., nos engañarían; nuestros negociadores han sido siempre más confiados que los suyos, y esto daría lugar a discusiones interminables en las que nadie vería claro y nos sería, por consiguiente, imposible hacer recaer la responsabilidad sobre los posibilistas.

Se dirá que el congreso pierde un tiempo precioso; responderemos: que, ante todo, importa lograr el congreso unitario, lo cual sería seguramente mucho más importante que todas las resoluciones que pudiera adoptar; que no tenemos mandato para obligar al futuro congreso; que, una vez reunido el congreso, seguramente rompería las cadenas que previamente se le quisieran imponer, etc. Y, por último, si las condiciones fijadas fuesen satisfactorias, se podría hacer algunas concesiones a los belgas en este punto.

Si vosotros, los franceses, quisierais ahora mejorar, completar y precisar este proyecto, haríais una buena obra.

Esto es lo esencial de lo que he escrito a Bonnier; con él nunca acabo de entenderme, estad tranquilo. Mi principal objetivo en mi carta era haceros aceptable a todos la posibilidad de la unificación; después de vuestra carta, toda esta argumentación es superflua.

En seguida he escrito a Bebel proponiéndole que la cuestión se discuta en un pequeño comité internacional en Halle. Si conseguimos fijar allí las bases de una unificación con los representantes oficiosos de algunas pequeñas nacionalidades, se podría luego hablar con los belgas al respecto. Por lo demás, he pedido a Bebel que, si es posible, lo organice de modo que un belga, a ser posible de Gante, esté también presente.

Mientras tanto, espero sus noticias sobre la opinión de Guesde, Deville, etc., y también sobre la opinión de los blanquistas.

“L’Idée nouvelle” me envía una lista de suscripción. ¿Qué debo hacer?

Un tal Ch. Caron, 8, Rue du Croissant (evidentemente de “L’Idée nouvelle”) me envía un prospecto sobre la reimpresión de folletos socialistas y me pide el consentimiento para publicar escritos míos y de Marx. A juzgar por estas gestiones, habría que decir que los franceses, y sobre todo los parisinos, realizan en este aspecto milagros. Pero, ¿tiene ese hombre medios para publicar siquiera un solo folleto? Os ruego que me informéis, pues debo contestarle dentro de 4 o 5 días.

Sonnenschein envía su liquidación: £5.4., de los cuales 1/4 para Laura = £1.0.9, 1/4 para los niños, 1/4 para Tussy y 2/4 para los traductores. Adjunto el cheque para Laura. Probablemente llegará dentro de poco la liquidación de Meissner, pero si los costos de la 4ª edición ya están incluidos en ella, cosa que ignoro, será poco o nada.

Las revelaciones sobre los boulangistas son sumamente edificantes. Felicitaos por haber resistido cuando los boulangistas os pusieron a prueba. ¡Pero qué idea os formáis de la madurez política del público parisiense! ¡Dejarse engañar por ese simple canalla, qué digo, haberse entusiasmado por él hasta el delirio, un tipo que empeña su palabra a los monárquicos a condición de que le paguen los gastos de sus aventuras! ¡Puaf, diablo! Por suerte está la provincia para compensar las tonterías de los parisinos. ¡Es increíble!

Hyndman celebra en “Justice” al inmortal Joffrin y dice que él y los posibilistas han aniquilado a Boulanger y salvado la República. Debe de saber que la situación de los posibilistas en París es bastante desesperada, de lo contrario no mentiría con tanto descaro.

Abrazad a Laura de mi parte, a Nim y a Schorlemmer, que llegó anteayer.

Vuestro amigo, con toda cordialidad
F. E.

Dentro de unos días aparecerá el último número del “Sozialdemokrat”. Ede Bernstein se queda aquí para informar, sobre todo en la “Neue Zeit”, sobre Inglaterra. Fischer va a Berlín, al “Vorwärts”; recibirá un mandato al Reichstag a la primera oportunidad. Tauscher va a Stuttgart. En cuanto al gran Julius Motteler, por aquí nadie sabe aún qué será de él. Es el mayor obstáculo para el partido: un genio incomprendido para sí mismo, la incapacidad reconocida para todos los demás.

Haced que Guesde y Vaillant vayan a Halle; Guesde necesita a Bonnier como intérprete.

1 “Der internationale Arbeiterkongreß 1891” — 2 los hijos de Longuet — Samuel Moore y Edward Aveling