en Leipzig

Londres, 10 de agosto de 1890

Estoy retenido aquí todavía por un cambio de posesión que ha tenido lugar con mi casa; previsiblemente no podremos salir de viaje hasta el jueves, probablemente hacia Folkestone. Dejo nuestra dirección aquí en la oficina, Kentish Town, N.W., y te la escribiré también a Leipzig. Espero que entonces, a tu llegada, vengas inmediatamente a reunirte con nosotros en la costa. Puesto que escribes que no puedes venir antes del 15 del corriente, me atrevo a deducir de ello que tampoco te marcharás inmediatamente después del 15 — al menos por analogía con los últimos aplazamientos. Así pues, si vinieras hacia el 1 de septiembre o poco después, podrías quedarte aún algún tiempo con nosotros y luego regresar con nosotros a Londres (hacia el 11 de septiembre), donde tendrías asegurado alojamiento en nuestra casa.

Durante nuestra ausencia se renovará nuestra casa; las alfombras deben levantarse este año, y además se empapelará y blanqueará. Por añadidura, malas experiencias en materia de gastos me han obligado a poner a la criada durante nuestra ausencia a «board wages»¹, es decir, le doy una cantidad semanal y ella tiene que costearse su propia comida — un arreglo que presenta el inconveniente de excluir no solo la hospitalidad, sino, hasta cierto punto, incluso el pernoctar por mi parte en la casa durante el tiempo establecido. Por consiguiente, si vinieras antes, tendrías probablemente que aceptar la invitación de Motteler. Pero pienso que te arreglarás tal como te propongo más arriba.

Tiene diversos puntos débiles; el más débil y, en mi opinión, completamente inútil, que da pábulo a un griterío eterno, es aquel por el que el Comité Directivo mismo — aun cuando de acuerdo con la fracción — fija sus propios salarios. He recibido hoy la «Sächsische Arbeiter-Zeitung», en la cual los señores literatos critican el proyecto. Mucho es absolutamente pueril en esta crítica, pero algunos puntos débiles han sido detectados con instinto. Así, que cada distrito electoral pueda enviar hasta 3 representantes. Cualquier Bahlmann o Höchberg podría, pues, enviar 3 representantes por distritos electorales donde apenas se emitan 1000 votos por nosotros, con tal de que se arriesgue a gastar el dinero. Naturalmente, por regla general la cuestión del dinero actuará indirectamente como regulador de la delegación. Pero no me parece prudente hacer depender únicamente de ello la proporcionalidad del número de delegados con el número de los afiliados al partido representados por ellos.

Además, según el artículo 2 — según su tenor literal —, una cooperativa de tres personas en Krähwinkel puede expulsarte del partido, hasta que el Comité Directivo del partido te rehabilite. En cambio, el Congreso del partido no puede expulsar a nadie, sino actuar solo como instancia de apelación.

En todo partido activo que tiene representantes parlamentarios, la fracción es un poder muy importante. Ese poder lo tiene, esté o no expresamente reconocido en los estatutos. Se trata, pues, de saber si es prudente otorgarle además una posición en los estatutos por la cual domine absolutamente al Comité Directivo, como hacen los artículos 15–18. La supervisión del Comité Directivo, de acuerdo, pero una acusación ante una comisión independiente, que sea la que decida, sería probablemente mejor.

Habéis recibido en los últimos tres años una masa de un millón de nuevos afiliados. Estos nuevos no han podido disfrutar, bajo la ley de excepción contra los socialistas, de la lectura y la agitación suficientes para ponerse a la altura de los viejos militantes del partido. Muchos de entre ellos solo tienen la buena voluntad y los buenos propósitos con los que, como es sabido, está empedrado el infierno. Sería un milagro que no tuvieran también el ardor fogoso de todos los recién convertidos. Constituyen así un material de lo más apropiado para ser capturado y mal utilizado por los literatos y los estudiantes que se abren paso a codazos y os hacen oposición. Es lo que se ve también en Magdeburgo, por ejemplo. En ello reside un peligro que no debe menospreciarse. Que vosotros, en este congreso, os despacharéis con ello como quien juega, está claro. Pero procurad que no se planten gérmenes para futuras dificultades. No creéis mártires innecesarios; mostrad que reina la libertad de crítica, y cuando haya que echar a alguien, ¡que sea solo en casos en que se den hechos de bajeza y traición absolutamente manifiestos y plenamente demostrables — «overt acts»²! Tal es mi opinión. Más de palabra. Tuyo,

F.E.
Muchos saludos a tu mujer y a Theodor.

¹ Dinero para la manutención.
² Hechos manifiestos (en inglés en el original).