36 Prólogos y epilogos traducción redundaba en una ligera alteración del tono, por ejemplo en el caso de Steuart, Ure, y otros, y ahora había que utilizar el texto inglés. Y otros semejantes y pequeños descuidos o inexactitudes. Si, pues, se compara esta cuarta edición con las anteriores, se llegará a la convicción de que todo ese laborioso proceso de corrección no ha alterado el libro absolutamente en nada que valga la pena mencionar. Sólo una cita no se ha podido encontrar: la cita de Richard Jones (4.* ed., pág. 562, nota 47); *'* probablemente se ha equivocado Marx en el título del libro. Todas las demás conservan plenamente su fuerza probatoria o incluso la aumentan en su actual correcta formulación, Pero en este punto me veo obligado a volver a un viejo asunto. Sólo conozco un caso en el que se haya puesto en duda la veracídad de una cita de Marx. Pero como ese caso se ha manejado incluso después de la muerte de Marx, no lo puedo pasar por alto decentemente. En la Concordia de Berlín, órgano de la asociación de los fabricantes alemanes, apareció el 7 de marzo de 1872 un artículo anónimo titulado «Cómo cita Marx». En él se afirmaba, con generosísimo dispendio de ética indignación y de expresiones nada parlamentarias, que la cita tomada del discurso de Gladstone sobre el presupuesto de 16 de abril de 1863 (hecha en la Comunicación inaugural a la Asociación Internacional de Trabajadores de 1864 y repetida en El Capital I, pág. 617, cuarta ed.; págs. 670-671 de la tercera ed.) *% está falseada. El artículo afirma que la frase «Este embriagador aumento de riqueza y poder... se limita exclusivamente a las clases poseedoras» no se encuentra ni aludida en el informe taquieráfico (quasi oficial) de Hansard. «Pero esa frase no se encuentra en ningún lugar del discurso de Gladstone. Lo que allí se dice es precisamente lo contrario.» (Y en negrita:) «¡Marx miente formal y materialmente al introducir la frase!»

Marx, al que se envió ese número de la Concordia en el siguiente mes de mayo, contestó al anónimo en el Volksstaaf del 1 de junio. Pero como no recordaba ya de qué reseña periodística había tomado la cita, se limitó a probar que dos periódicos ingleses daban el mismo texto que su cita, y a citar luego la reseña del Tímes, según el cual Gladstone dijo: «That is the state of the case as regards the wealth of this country, T must say for one, 1 should look almost with apprehension and with pain upon this "1 En OME 41.

* En OME 41.

A la cuarta edición 37 intoxicating augmentation of wealth and power, if it were my belief thar it was confined to classes who are in easy circumstances, This takes no cognizance at all of the conditions of the labouring population, The augmentation 1 have described and which is founded, 1 think, upon accurate retutns, is an augmentation entirely confined to classes of property.»

Gladstone dice, pues, que le dolería que ocurriera así, pero que así es: ese embriagador aumento de poder y de riqueza se limita, dice, totalmente a las clases poseedoras. Y por lo que hace al quasi-oficial Hansard, Marx dice más adelante: «En su edición recompuesta más tarde el señor Gladstone fue lo suficientemente listo como para eliminar chapuceramente un paso sin duda comprometedor en la boca de un canciller inglés del tesoro, Se trata, por lo demás, de un uso parlamentario tradicional en Inglaterra, en modo alguno de una invención de Laskercín contra Bebel.» *?

El anónimo se enfada cada vez más. Recusando en su respuesta —Concordia, 4 de julio— las fuentes de segunda mano, insinúa pudorosamente que es «costumbre» citar los discursos parlamentarios según los informes taquigráficos; pero también la reseña del Tímes (en la que se encuentra la frase «añadida con mentira») y la de Hansard (en la que falta) «coinciden materialmente del todo», y así también contiene la reseña del Times lo «contrario precisamente de ese sospechoso paso de la Comunicación inaugural»; el hombre silencia mientras tanto que esa reseña contiene, además de lo «contrario precisamente», también y explícito precisamente el «sospechoso paso». Pese a todo ello, el anónimo nota que ha metido la pata, y que sólo un nuevo subterfugio le puede salvar, Mientras salpica con edificantes insultos —como «mala fides», «falta de honradez», «dato mentiroso», «cita mentirosa», «cínica mentira», «cita totalmente falseada», «esta falsificación», «sencillamente infame», etc,— su artículo que, como queda probado, rebosa de «cínica mentira», considera necesatio desplazar la cuestión litigiosa a otro terreno, y promete, consiguientemente, «exponer en un segundo artículo cuál es la significación que nosotros» (el anónimo no «mentiroso») «damos al contenido del discurso de Gladstone», Como si esa opinión irrelevante tuviera algo que ver con la cuestión. Ese segundo artículo se encuentra en la Concordia del 11 de julio.

Marx contestó de nueyo en el Volkstaat del 7 de agosto, aportando además las reseñas del paso en cuestión en el Morning Star y en el 2 Alusión al diputado nacional-liberal Lasker, que hizo alterar en las actas parlamentarias uno de sus discursos (sustituyendo «matar a porrazos a los obteros» que quisieran repetir en Alemania la Comuna de París de 1871 por «mantenerlos reprimidos»), 38 Prólogos y epílogos Morning Advertiser del 17 de abril de 1863. Según ambas Gladstone dice que vería con preocupación, etc., ese embriagador aumento de riqueza y poder si lo creyera limitado a las clases en posición desahogada (classes in easy circumstances). Pero que ese aumento se limita a clases que poseen propiedad (entirely confined to classes possessed of property). De modo que también estas reseñas reproducen literalmente la frase supuestamente «añadida con mentira», Luego comprueba Matx una vez más, mediante comparación de los textos del Times y de Hansard, que la frase que constatan como pronunciada realmente tres reseñas periodísticas independientes entre sí y aparecidas a la mañana siguiente falta en la reseña de Hansard, revisada de acuerdo con la conocida «costumbre», y que Gladstone, con palabras de Marx «la había barrido posteriormente»; por último Marx declara que no tiene tiempo para seguir comunicándose con el anónimo, También a éste parece haberle bastado; por lo menos, el hecho es que Marx no recibió más números de la Corcordía.

Con eso el asunto parecía muerto y enterrado. Es verdad que desde entonces nos llegaron una o dos veces, de gente en relación con la Universidad de Cambridge, misteriosos rumores acerca de un crimen literario indecible cometido por Marx en El Capital; pero a pesar de todas las averiguaciones fue imposible saber nada más preciso. De repente, el 28 de noviembre de 1883, ocho meses después de la muerte de Marx, apareció en el Times una carta fechada en el Trinity College de Cambridge y firmada por Sedley Taylor, en la cual, con un pretexto intranscendente, este hombrecillo que trabaja en el más timorato cooperativismo nos procura finalmente luz no sólo acerca de los cotilleos de Cambridge, sino también sobre el anónimo de la Concordia. «Lo que resulta sumamente curioso», dice el hombrecillo del Trinity College, «es que quedara reservado al profesor Brentano (entonces en Breslau, hoy en Estrasburgo) ... revelar la mala fides que evidentemente ha dictado la cita del discurso de Gladstone en la Comunicación (inaugural). El señor Karl Marx, que ,.. intentó defender la cita, tuvo la osadía de afirmar, en las ansias de la muerte (deadly shifts) en que le sumieron rapidísimamente los ataques magistrales de Brentano, que el señor Gladstone había corregido chapuceramente la reseña de su discurso en el Times del 17 de abril de 1863 antes de que apareciera en Hansard, para barrer un paso que ciertamente era comprometedor para un canciller inglés del tesoro. Cuando Brentano probó, mediante una detallada comparación de los textos, que las reseñas del Times y de Hansard coincidían en excluir absolutamente el sentido que había introducido subrepticiamente en las palabras de Gladstone un citar desyergonzado y aislado, Marx se retiró con el pretexto de que no tenía tiempo.» Ése es, pues, el meollo de la cuestión. Tan gloriosamente se reflejaba en la fantasía productivo-cooperativista de Cambridge la campaña A la cuarta edición 39 anónima del señor Brentano en la Concordia, Hele allí, esgrimiendo su tizona en un «ataque magistral», ese San Jorge de la asociación alemana de fabricantes, mientras el infernal dragón Marx gime a sus pies hasta sumitse «rapidísimamente en las ansias de la muerte». De ello sin embargo, toda esa descripción guerrera a lo Ariosto no sirve más que para disimular las estratagemas dé nuestro San Jorge. Ya aquí no se trata de «introducir con mentira», ni de «falsear», sino sólo de una cita astutamente aislada (craftily isolated quotation). Toda la cuestión quedaba desplazada y San Jorge y su escudero de Cambridge sabían muy bien por qué, Eleanor Marx contestó en la revista mensual To-Day de febrero de 1884 —ya que el Times se negó a publicar su respuesta—, reconduciendo la polémica al único punto del que se trataba: ¿«Ha introducido mentirosamente» Marx aquella frase o no? A ello contestó el señor Sedley Taylor: «La cuestión de si una determinada frase se pronunció o no en el discurso del señor Gladstone» es en su opinión de muy poca importancia en la polémica entre Marx y Brentano «comparada con la cuestión de si la cita está hecha con la intención de reproducir el sentido que le dio Gladstone o deformarlo». Á continuación reconoce que la reseña del Times «contiene de hecho una contradicción en los términos; pero, pero, el resto del contexto, explicado correctamente, o sea, en el sentido liberal-gladstoniano, muestra qué quiso decir Gladstone, (To-Day, marzo de 1884.) Lo más cómico de todo eso es que el hombrecillo de Cambridge se empeña en ko citar el discurso según Hansard, como es «costumbre», según dice el anónimo Brentano, sino de acuerdo con la reseña del Tímes que el mismo Brentano llama «necesariamente chapucera». Lo que pasa, naturalmente, es que la frase fatal falta en Hansard, Le fue fácil a Eleanor Marx pulverizar esa argumentación en el mismo número de To-Day. O bien el señor Taylor había leído la controversia de 1872, y entonces había «mentido» ahora no sólo para «añadir», sino también para «eliminar»; o bien no la había leído, y entonces su deber era no abrir la boca. En todo caso, queda fuera de duda que no se atrevía a sostener ni por un momento la acusación de su amigo Brentano de que Marx había «mentido». Ahora, por el contrario, resulta que Marx no sólo no ha añadido mentirosamente nada, sino que ha ocultado una frase importante. Pero resulta que esa frase Supuestamente ocultada está citada por Marx en la página 5 de la Comunicación inaugural, pocos renglones antes de la supuesta añadida con «mentira», Y por lo que hace a la «contradicción» del discurso de 40 Prólogos y epílogos Gladstone, ¿no ha sido precisamente Marx el que en El Capital, página 618 (pág. 672 de la 3.* ed.),*?' nota 105, ha hablado de las «constantes e hirientes contradicciones de los discursos presupuestarios de Gladstone de 1863 y 1864»? Lo que pasa es que Marx no se enreda, como Sedley Taylor, en la tarea de resolverlas con complacencia liberal. El resumen final de la respuesta de E. Marx dice así: «Por el contrario, Marx no ha suprimido nada digno de cita mi ha añadido falsamente lo más mínimo, Sino que ha restaurado y salvado del olvido una determinada frase de un discurso de Gladstone que sin duda fue pronunciada, pero que, de un modo u otro, ha encontrado la puerta de salida de la reseña de Hansard,»

También eso le bastó al señor Sedley Taylor, y el resultado de toda esa madeja profesoral hilada durante dos décadas y en dos grandes países fue que ya no se ha osado nunca más poner en entredicho la escrupulosidad literaria de Marx, y que desde entonces el señor Sedley Taylor va a depositar probablemente tan escasa confianza en los partes de batalla literarios del señor Brentano como el señor Brentano en la pontificia infalibilidad de Hansard.

London, 25 de junio de 1890 F. Engels "En OME 41.

6. — EL CAPITAL LIBRO PRIMERO EL PROCESO DE PRODUCCIÓN DEL CAPITAL SECCIÓN PRIMERA MERCANCÍA Y DINERO Capítulo primero LA MERCANCÍA 1. Los dos factores de la mercancia: valor de uso y valor (substancia de valor, magnitud de valor)

La riqueza de las sociedades en las que domina el modo de producción capitalista aparece como una «gigantesca acumulación de mercancías»! y la mercancía como la forma elemental de esa riqueza. Por eso nuestro estudio empieza con el análisis de la mercancía.

La mercancía es por de pronto un objeto exterior, una cosa que, por sus propiedades, satisface necesidades humanas de alguna clase. La naturaleza de estas necesidades —el que procedan, por ejemplo, del estómago o de la fantasía— no hace a la cosa? Tampoco se trata aquí de cómo satisface la cosa la necesidad humana, si inmediatamente como medio de subsistencia, esto es, como objeto de goce, o por un rodeo, como medio de producción.

Toda cosa útil, como el hierro, el papel, etc., se tiene que considerar desde dos puntos de vista, según la cualidad y según la cantidad, Cada una de esas cosas es un conjunto de muchas propiedades y por eso puede ser útil en varios aspectos. Descubrir estos diferentes aspectos y, consiguientemente, los múltiples modos de usar las cosas, es una hazaña histórica? Así también lo es el hallazgo de medidas so- ' Kar Marx, Zur Kritik der Politischen Oekonomie, Berlín 1859, pág. 3. * «El deseo incluye la necesidad; es el apetito del espíritu, y tan natural como el hambre para el cuerpo... La mayoría de cosas obtienen su valor del hecho de que satisfacen las necesidades del espíritu.» (NicmHoLas BarBon, A Discotrse on coining the new money lighter. In answer to Mr. Locke's Considerations, etc., London 1696, págs. 2, 3.) * «Las cosas tienen una intrinsick vertue» (ésta es la denominación específica del valor de uso utilizada por Barbon) «que es la misma en todas partes, como la del imán de atraer el hierro» (loc. cif., pág, 6). La propiedad de atraer el hierro que tiene el imán no fue útil hasta que por medio de ella se hubo descubierto la polaridad magnética,