en Hoboken

Londres, 29 de mayo de 1890

Querido Sorge,

He recibido tu carta del 30 de abril y del 15 de mayo, así como la „Volkszeitung“ con un pasaje de mi carta. Tu declaración aparecerá en el „Sozialdemokrat“ núm. 18*, pero cuando ayer fui a la oficina con vuestra declaración, ya estaba impresa allí en el „Berliner Volksblatt“, de modo que Schlüter la había enviado antes. Eso es lo que llamo el afán de actividad de Schlüter y lo que a uno lo pone en cierto apuro, cuando luego se va a una redacción con el manuscrito como algo completamente nuevo y se encuentra la cosa ya impresa en otra parte. De otras indiscreciones, desde que está en América, no puedo quejarme, pero lo conozco de antes.

Ahora tengo que molestarte aún con un poco de chismorreo sobre Schlüter, cosa que de otro modo no habría considerado digna de esfuerzo. Pero Motteler, el enemigo mortal de Schlüter, que también es culpable de la marcha de Schlüter de aquí, le ha contado a Jonas su versión del asunto, y por eso es necesario que al menos tú conozcas el verdadero desarrollo de los hechos.

Motteler es un pendenciero de primer orden, con quien es difícil entenderse; un *faux bonhomme*, suabo, genio incomprendido que se siente degradado porque antes tenía él solo la administración del „Sozialdemokrat“ y de los asuntos exteriores del partido, pero luego, cuando la cosa se hizo demasiado extensa, le pusieron a otros al lado. Pero no solo es de una absoluta fiabilidad en cuestiones de dinero, sino, lo que vale aún más, en esa cualidad está reconocido por todo el partido, nadie se atreve a dudar de él. Y así, en el puesto de cajero del partido para el exterior, es un hombre muy valioso, y los demás pueden alegrarse de que él los haya descargado de la responsabilidad durante tanto tiempo. Bien, pero si entra en el negocio alguien que no le gusta, entonces hay perpetua rencilla, persecución ininterrumpida. Así fue primero con Derossi, luego con Schlüter, y a ambos los ha empujado a irse. Contra Schlüter afirma ahora

dos cosas: primera, que Schlüter malversó dinero. Para ello no hay absolutamente nada, salvo que Motteler, en una liquidación, ya entonces de más de un año de antigüedad y aprobada por los revisores, ha descubierto una partida de 150 marcos, de la cual Schlüter no ha aportado ningún comprobante del gasto, ningún recibo del perceptor. Sobre ese punto, nadie aquí o en Alemania, salvo Motteler, le da importancia, pues se dice que las propias partidas de gasto de Motteler a menudo solo están acreditadas por su asiento contable, y la llevanza de los negocios de esa gente es, ciertamente, de una pedantería horripilante como todo lo que hace Motteler, pero en modo alguno comercial y exacta. Que Schlüter fuese desordenado y cometiera pequeños descuidos –y estos dispuestos de manera que él no sufriera perjuicio–, eso puede ser. Pero más no se puede afirmar. – Segunda: Schlüter está muy obsesionado con lo eterno femenino, y por cierto con variedad, y ahí parece, desde luego, estar probado que cortejó y también se tiró a una o dos muchachas encuadernadoras que empleaban en Zúrich. Pero como aquí no hay muchachas en el negocio, eso desapareció aquí, así que no había ningún motivo para empezar un escándalo con Schlüter, salvo la aversión inextirpable de Motteler contra él. Esta es toda la historia, y si Schlüter le hubiera mostrado más los dientes a Motteler, quizás la cosa habría acabado por arreglarse poco a poco. Los demás no hemos hecho mayor asunto de ello, ya que la historia de las chicas hacía tiempo que había pasado, ya que el propio Motteler se había negado a ventilarla ante los revisores del partido con Schlüter, y ya que aquí no podía repetirse.

Así que, si Jonas difunde chismes, tienes con esto los hechos reales.

Jonas también vino a verme, un tanto azorado, pero se encontró con Tussy y Edward Aveling (fue justo después del mitin de Hyde Park), quienes lo recibieron muy fríamente (Aveling ya le había dicho en el Comité Central, donde Jonas había ido a recoger una tarjeta de periodista para el mitin, que esperaba que la „Volkszeitung“ fuera más veraz en sus informes que hasta entonces), y se fue muy pronto, cuando los Bernstein tuvieron que marcharse por sus hijos. Cuanto más fino intenta vestirse el hombre, más ordinario parece.

Ahora una cosa más. Para la nueva edición del „Origen, etc.“* necesito la última obra de Morgan**, no puedo estar aquí, en el Museo Británico, peleando desde temprano por un sitio de lectura con los lectores de novelas. Te envío, pues, adjunta carta al departamento correspondiente y dos ejemplares del libro.

Ahora se plantea cómo enviar este asunto –la carta y 1 ejemplar– directamente al Departamento o por mediación de un tercero que me recomiende. Aveling opinaba que Ely en Baltimore lo haría con gusto. Tú conoces mejor a ese hombre, y te dejo, pues, a ti la decisión sobre el mejor procedimiento. Para el caso de que elijas un intermediario, he adjuntado para él un segundo ejemplar. Adjunto también dos líneas para Ely en caso de que juzgues conveniente servirte de su mediación.

Me alegra mucho que la „Volkszeitung“ y el „Workman’s Advocate“ hayan publicado lo relativo a la introducción al mitin de Hyde Park; con ello han posibilitado de nuevo un acercamiento entre los Aveling y los americanos. Hasta el propio señor Jonas se habrá convencido aquí sobradamente de la metedura de pata que cometió entonces al soplar tan sin más en el cuerno de la ejecutiva contra Aveling.

Por lo demás, la cosa aquí no termina con el mitin: por el último número de la „People’s Press“ habrás visto que el Comité Central se mantiene y funda una Legal Eight Hours and International Labour League. La constitución está redactada y será presentada el 22 de junio a una asamblea de delegados, a la que están invitados todas las asociaciones obreras de Londres, clubs radicales, etc. La constitución exige: I. Aplicación de las resoluciones del Congreso de París, en la medida en que aún no sean ley en Inglaterra; 2. tales otras medidas para la consecución de la completa emancipación de los obreros como las acuerde la Asociación; 3. Fundación de un partido obrero independiente con candidatos propios para todos los cargos electivos donde haya oportunidad. Esto puedes publicarlo.

En el „Arbeiter-Zeitung“ de Viena (en el próximo correo) publico un artículo más largo* sobre las historias de aquí.

Saluda cordialmente a tu mujer.

Tuyo
F. Engels