Correspondencia Marx-Engels 1890

Engels a Laura Lafargue

10 de mayo de 1890

Le envío también *The People’s Press* con el informe del domingo pasado. Fue tremendo. Inglaterra por fin se agita, y no cabe duda. Y fue una gran victoria especialmente para nosotros, para Tussy y Aveling, quienes con la ayuda de los Gas Workers (con mucho el mejor sindicato de entre los nuevos) lo han hecho todo. En su ingenuidad, habían convocado al Trades Council sin asegurarse primero la posesión del Parque.

El Trades Council, aliándose con Hyndman y Cía., les tomó la delantera y solicitó tribunas para el domingo en la Office of Works, consiguiéndolas, con la esperanza así de dejarnos fuera y de poder imponerse; intentaron de inmediato aplastarnos con bravatas, pero Edward fue a la Office of Works y consiguió para nosotros 7 tribunas — de haber estado los liberales en el poder, jamás las habríamos conseguido. Esto derribó de inmediato al otro bando, y se volvieron tan amables como se quiera. Han visto que tienen que habérselas con gente diferente de la que esperaban. Puedo asegurarle que me sentí un par de pulgadas más alto cuando me bajé de aquel viejo y pesado carromato que servía de tribuna — tras haber vuelto a oír, por primera vez desde hace 40 años, la voz inconfundible del proletariado inglés. Esa voz también la ha oído la burguesía; toda la prensa de Londres y de provincias da testimonio de ello.

Paul habló muy bien — con una leve alusión al sueño de la huelga universal, esa tontería que Guesde ha conservado de sus días anarquistas — (cuando estemos en posición de intentar la huelga universal, estaremos en posición de conseguir lo que queramos con solo pedirlo, sin el rodeo de la huelga universal). Pero habló muy bien, y además en un inglés notablemente gramatical, mucho más que en su conversación. Fue recibido mejor que nadie y obtuvo al final una ovación más entusiasta que ningún otro. Y su presencia fue muy oportuna, ya que teníamos en nuestra tribuna a dos o tres oradores filisteos *qui faisaient dormir debout leurs auditeurs*, de modo que Paul tuvo que despertarlos de nuevo.

El progreso realizado en Inglaterra en estos últimos 10 a 15 meses es inmenso. En mayo pasado, la jornada laboral de 8 horas no habría llevado a Hyde Park tantos miles como centenares de miles llevamos nosotros. Y lo mejor de todo es que la lucha que precedió a la manifestación ha dado vida a un cuerpo representativo que servirá como núcleo del movimiento, al margen de las sectas; el Comité Central, compuesto por delegados de los Gas Workers y de otros muchos sindicatos — en su mayoría pequeños sindicatos de obreros no cualificados y, por tanto, despreciados por el arrogante Trades Council de la aristocracia obrera — y de los clubes radicales en los que Tussy ha trabajado durante los dos últimos años. Edward es el presidente de este Comité. Este Comité seguirá actuando e invitará a todas las demás sociedades sindicales, políticas y socialistas a enviar delegados, y se expandirá gradualmente hasta convertirse en un cuerpo central no solo para la ley de las 8 horas, sino para todas las demás reivindicaciones — digamos, para empezar, el resto de las resoluciones de París, etcétera. El Comité es numéricamente lo bastante fuerte para no verse desbordado por ninguna nueva incorporación, y así las sectas pronto se verán ante el dilema de o bien fusionarse en él y en el movimiento general, o bien extinguirse. Es el East End el que ahora dirige el movimiento, y estos elementos frescos, no maleados por el “Gran Partido Liberal”, muestran una inteligencia tal como — bien, no puedo decir mejor que la que encontramos en el obrero alemán, igualmente no maleado. No aceptarán más líderes que los socialistas.