en Plauen, cerca de Dresde

Londres, 9 de mayo

Querido Bebel:

Gracias por tus comunicaciones de Zúrich – me alegra que también sobre este punto hayamos llegado a la misma opinión. Para mí tu confirmación era especialmente importante, pues en tales cosas los de nuestra calaña estamos tan remitidos a conclusiones de base insuficiente que uno no se deja gustosamente servir de nuevo de tales conclusiones inseguras como fundamento para ulteriores deducciones, y menos aún para acciones, sin una confirmación de parte competente.

Por el compromiso de tu hija te doy mi más cordial enhorabuena a ti y a tu mujer. El que más tarde ello conduzca a un traslado a América os será seguramente muy fatal, pero podría tener la consecuencia, para mí grata, de que nosotros dos navegáramos juntos una vez hacia América. ¿Qué te parece? Estoy firmemente convencido de que al cabo de 2 o 3 días tu mareo habría desaparecido y probablemente para siempre. Y para reponerse de fatigas, un viaje por mar así no tiene precio – aún siento el efecto posterior de mi excursión marítima de hace casi dos años. Además, Zadek afirma tener un remedio seguro contra el mareo (dicen que la antipirina es muy buena), y según indicaciones médicas sólo un 2-3 por ciento de la humanidad es incapaz de acostumbrarse al movimiento en 2 o 3 días. Así que piénsatelo.

Si en mi artículo echas en falta lógica, la culpa es más mía que de Blos. Resumir una historia tan larga y complicada en menos de dos pliegos de imprenta es un difícil arte; y soy consciente de que en él hay bastantes pasajes donde la concatenación es confusa y la motivación insuficiente. Para una elaboración posterior algo más detallada del tema – que para nosotros es de la mayor importancia – tus observaciones críticas me serían sumamente gratas – sólo breves indicaciones de dónde y cómo encuentras el hilo interrumpido o enredado.

La burguesía del mundo entero habrá tenido tiempo ya de sudar el miedo pasado antes del 1 de mayo y de volver a limpiar su ropa blanca, ensuciada con ocasión de aquél. El corresponsal del «Daily News» en Berlín, que fue uno de los más grandes llorones, se quejaba el 1 de mayo de que los obreros habían tomado el pelo a todo el mundo el 1 de abril, y sólo caía en la cuenta al cabo de 4 días de que, en efecto, los obreros ya antes habían declarado una y otra vez que sólo querían hacer una manifestación pacífica, pero que no se les había creído.

Hicisteis muy bien en organizar la cosa de modo que las colisiones fueran imposibles. Los obreros alemanes, después del 20 de febrero, ya no necesitan armar mero alboroto. Dadas las circunstancias, Alemania debía presentarse el 1 de mayo con más modestia que los demás, y eso nadie os lo ha tomado a mal, ni aquí ni en Francia. Pero del alboroto podéis, creo, sacar una lección: la próxima vez procurad que la directiva de la fracción parlamentaria, durante el interregno entre las nuevas elecciones y la reunión del Reichstag, esté encargada de seguir funcionando o sea confirmada expresamente en su cargo por los recién elegidos para el interregno. Entonces podrá intervenir y actuar con seguridad donde sea necesario, y no dará ocasión a los señores de Berlín, que gustan de dárselas de dirigentes naturales del partido al estilo de París, para hacerse los importantes con impertinencia. Siempre a condición de que después del 1 de octubre la organización siga como ahora.

Aquí, la manifestación del 4 de mayo fue sencillamente arrolladora, y hasta la prensa burguesa en pleno tiene que reconocerlo. Yo estaba en la plataforma 4 (un gran vagón de mercancías) y sólo podía abarcar una parte – una cuarta o quinta parte – de la masa, pero era cabeza contra cabeza hasta donde alcanzaba la vista. De 250.000 a 300.000 personas, de ellas más de las tres cuartas partes obreros que se manifestaban. Aveling, Lafargue y Stepniak hablaron desde mi plataforma – yo fui mero espectador. Lafargue provocó una verdadera tormenta de aplausos con su inglés, de acento marcadamente francés pero muy bueno, y su vivacidad meridional. Stepniak – lo mismo que Ede en la tribuna donde estaba Tussy – tuvo una acogida brillante. Las 7 plataformas estaban a 150 metros unas de otras, las últimas a 150 metros del extremo del parque, de modo que nuestro mitin (en favor de la implantación legal internacional de la jornada de ocho horas) tenía más de 1.200 metros de largo y unos buenos 400-500 metros de ancho, y todo estaba atestado de gente, y más allá estaban las 6 plataformas del Trades Council y las 2 de la Social Democratic Federation, pero con apenas la mitad de público que las nuestras. Todo junto, la reunión más gigantesca jamás celebrada aquí.

Y con ello, una brillante victoria especialmente para nosotros. Los detalles los habrás visto en la corresponsalía de Ede para el «Volksblatt». El Trades Council y la Social Democratic Federation nos habían, según creían, robado el parque para aquel día, pero se llevaron chasco. Aveling consiguió del ministro de Obras Públicas que nos concedieran también 7 plataformas en el parque, lo que en realidad va contra lo establecido. Pero, afortunadamente, los tories estaban al timón y se logró intimidarlos: se dijo que, de lo contrario, los nuestros habrían asaltado las plataformas de los otros. Y nuestro mitin fue el más grande, el mejor organizado, el más entusiasta. La gran masa aquí está ya ahora a favor de la ley de las ocho horas. Aveling y especialmente Tussy han organizado todo el asunto y desde entonces han adquirido una posición totalmente distinta en el movimiento de la que tenían antes. La «Unión de Trabajadores del Gas y Trabajadores en General» – con mucho el mejor de los nuevos sindicatos de oficio – los ha apoyado lealmente, y sin ella la cosa habría sido imposible. Ahora se trata de mantener unido el comité que organizó nuestro mitin – delegados de trade unions, de clubs radicales y socialistas – y convertirlo en el núcleo del movimiento aquí. Probablemente esto se iniciará esta misma tarde. Lo que es seguro es que los obreros, los burgueses, los dirigentes de las viejas y podridas trade unions y de las muchas sectas y sectillas políticas y sociales, y los trepadores y cazadores de puestos, y los literatos que quieren explotar el movimiento, saben perfectamente que el verdadero movimiento socialista de masas ha comenzado con el 4 de mayo. Ahora, por fin, las masas están en marcha y, tras algunas luchas y ciertos vaivenes, pondrán fin a las ambiciones personales, a las apetencias de explotación de los trepadores y a las rivalidades de las sectas, tal como ocurrió en su día en Alemania, y asignarán a cada cual el lugar que le corresponde. Y como al mismo tiempo se desarrolla con mucha fuerza el sentido internacional, pronto notaréis qué nuevos aliados tenéis. Los ingleses, en toda su manera de actuar, agitar y organizar, están mucho más cerca de nosotros que los franceses, y una vez que todo esté aquí en el carril adecuado y superadas las inevitables primeras fricciones internas, marcharéis estupendamente junto con esta gente. ¡Qué daría yo porque Marx hubiera vivido este despertar, él, que precisamente aquí, en Inglaterra, ponía tan minuciosa atención al más mínimo síntoma! Del placer que yo he experimentado estas últimas dos semanas no os hacéis idea. Pero viene abundante y denso. Primero Alemania en febrero, luego el Primero de Mayo en el extranjero y en América, y ahora este domingo, en que por primera vez en 40 años vuelve a resonar la voz del proletariado inglés. Yo llevaba la cabeza dos pulgadas más alta cuando bajé del viejo vagón de mercancías.

Saludos a tu mujer y a Singer.

Tuyo,
F. E.