En un país de movimiento político y obrero tan antiguo hay siem-

obreros calificados —mecánicos, albañiles, carpinteros y ebanistas, tipó- grafos, ete.=todos los cuales deben ser destruidos; los minúsculos celos de los distintos oficios, que se intensifican en las manos y en las: cabezas de los líderes hasta alcanzar la hostilidad directa y la lucha secre- ta; están las ambiciones e intrigas obstruccionistas de los dirigentes: alguno quiere entrar en el Parlamento, y lo mismo quiere hacer otro; uno quiere entrar en el Consejo del condado o en el Consejo escolar, y otro quiere organizar una centralización general de todos los obreros; otro quiere publicar un periódico, otro organizar un club, etc., etc. En resumen, hay rencillas sobre rencillas. Y además la Liga Socialista, que mira con desprecio todo lo que no sea directamente revolucionario (lo que en Inglaterra, como entre ustedes, significa todo lo que se limite a hacer frases, es decir, a no hacer nada) y la Federación (Socialdemó- crata), que sigue actuando como si todo el mundo a excepción de ellos mismos fuesen burros y chapuceros, si bien se debe únicamente a la nueva fuerza del movimiento que ellos hayan logrado volver a tener algún predicamento. En una palabra, cualquiera que sólo vea la super- ficie diría que todo es confusión y rencillzs personales. Pero el movi- miento avanza bajo la superficie, abarca sectores cada vez más amplios, en su mayoría pertenecientes a la hasta ahora inactiva capa interior; y no está lejano el día en que esta masa se encuentre a sí misma, en que se dé cuenta que ella es, precisamente, esa colosal masa en movimiento.

Quince días después, Engels asistió en Londres a la primera cele- bración del díá internacional de mayo (realizada el 4 de mayo) en apo-_ yo a la jornada de 8 horas y según la resolución del Congreso Constitu- yente de la II Internacional (París, 1889). Esto fue un triunfo del “nuevo unionismo”, pues a dicha celebración se habían opuesto las “viejas” trade unions y la Federación Socialdemócrata. Engels, en un

s * Engels y su amigo Shorlemmer visitaron Estados Unidos y Canadá en 1888. (Ed.)

artículo para Arbeiterzeitung de Viena (del 23 de mayo) consideró que mo día el proletariado inglés,

“despertando de su sueño invernal de cuarenta años, volvía a ingresar en el movimiento de su clase”. [Resumen de la N. de la ed. inglesa].

211 DE ENGELS A UN CORRESPONSAL DESCONOCIDO *

19 de abril de 1890.

El antisemitismo es la característica de una civilización atrasada, y por eso se lo encuentra en Prusia y en Austria o en Rusia. Si se hiciera un intento de antisemitismo en Inglaterra o en Norteamérica, sería sim- plemente ridículo; y en París el Sr. Drumont produce después de todo solamente una ineficaz, pequeña y efímera sensación con sus escritos (que son incomparablemente superiores en inteligencia a los de los an- tisemitas alemanes). A esto se agrega que, ahora que se presenta como candidato al Consejo Municipal, ¡él mismo tendrá que declarar que está tanto contra el capital cristiano como contra el judío! y aun cuando mantuviese el punto de vista opuesto, la gente seguiría leyendo al señor Drumont.

En Prusia es la pequeña nobleza, son los junkers —que con rentas de 106.000 marcos gastan 20.000 y caen así en manos de los usureros— quienes fomentan el antisemitismo; y tanto en Prusia como en Austria cl pequeño burgués, el artesano, el pequeño comerciante, que se hunden en la ruina debido a la competencia del capitalismo en gran escala, son quienes forman el coro y chillan junto con los junkers. Pero el capital al destruir esas clases reaccionarias de un lado a otro, hace lo que es su función hacer, y sea semita o ario, circunciso o bautizado, está haciendo una buena obra; está impulsando hacia adelante a los prusianos y aus- tríacos atrasados hasta que alcancen la situación moderna, en que todas las viejas diferencias sociales se resuelven en la sola gran contradicción entre el capital y el trabajo asalariado. Solamente donde no es éste toda- vía el caso, donde todavía no hay una fuerte clase capitalista, y, en consecuencia, tampoco una fuerte clase asalariada; donde el capital, demasiado débil todavía para controlar toda la producción nacional, tiene la Bolsa de Comercio por principal escena de su actividad, y donde la producción está todavía por lo tanto, en manos de campesinos, terrate- nientes, artesanos y clases similares supervivientes de la Edad Media:

* Este fragmento de una carta privada fue publicado con el consentimiento de Engels y del destinatario, pero sin mencionarse el nombre de éste, en Arbeiterzeitung de Viena, del 9 de mayo de 1890. (Ed.)

sólo en este caso el capital es predominantemente judío y sólo aquí se encuentra el antisemitismo.

En toda Norteamérica, donde hay millonarios cuyas riquezas ape- nas pueden expresarse en nuestros miserables marcos, gulden o francos, no hay un solo judío entre esos millonarios, y los Rothschild son vulgares limosneros comparados con esos norteamericanos. E incluso aquí, en Inglaterra, Rothschild es una persona de medios modestos comparado, por ejemplo, con el Duque de Westminster. Y aun entre nosotros, en la Renania —donde, con ayuda de los franceses, hemos expulsado a la nobleza hace noventa y cinco años y creado una industria moderna por nuestros medios— ¿dónde están los judíos? dá

El antisemitismo no es, en consecuencia, sino la reacción de las capas medievales y decadentes de la sociedad contra la sociedad mo- derma, dividida esencialmente en asalariados y capitalistas; bajo una máscara de aparente socialismo el antisemitismo sirve únicamente a fi- nes reaccionarios; es una variedad del socialismo feudal,.y. con eso no- sotros..no..podemos tener_nada que ver. Si el antisemitismo es posible en un país, es signo de que allí no hay todavía suficiente capital. Ca- pital y trabajo asalariado son hoy día inseparables. Cuanto más fuerte es el capital, tanto más lo es también la clase asalariada, y por consi- guiente tanto más cercano es el fin de la dominación capitalista. Por lo tanto, para nosotros los alemanes, entre quienes incluyo a los vieneses, deseo un buen desarrollo de la economía capitalista y de ninguna mane- ra que quede estancada.

A esto se agrega que el antisemitismo falsea toda la situación. Ni siquiera conoce a los judíos contra los cuales vocifera. De otro modo sabría que en Inglaterra y Norteamérica, gracias a los antisemitas del Oriente europeo, y en Turquía gracias a la Inquisición española, hay miles y miles de proletarios judíos, y que esos obreros judíos son en la realidad los más explotados y miserables de todos. En Inglaterra he- mos. tenido en el último año tres huelgas de obreros judíos, ¿y después de esto se pretende que hagamos antisemitismo como lucha contra el capital?

Y aparte de esto, debemos demasiado a, los judíos. Sin hablar de Heine y Bóme, Marx era de la más pura sangre judia; Lassalle era judío. Muchos de nuestros mejores camaradas son judíos. Mi amigo Víctor Adler, quien paga actualmente con la prisión, en Viena, su de- voción a la causa del proletariado; Eduard Bernstein, director del Sozial Demckrat de Londres, Paul Singer, uno de nuestros mejores hombres del Reichstag, personas de cuya amistad estoy orgulloso, ¡son todos judíos! ¿Acaso yo mismo no he sido convertido en judío por Garten- laube? y por cierto que si tuviera que elegir, ¡preferiría ser judío a “Her von...” ? ES

»*

* Von, prefijo alemán que inclica procedencia aristocrática. Gartenlaube (“La Glorieta”), periódico. (Ed.)

DrumoNrT, Edouard (1844-1917). Periodista francés. En 1868 pu- blicó un libro antisemita, La France Juive, que tuvo cierto efímero éxito. Lo que no sucedió con sus publicaciones posteriores del mismo tipo.